El próximo sábado 23 de febero SWMRS iniciarán en la sala Razzmatazz de Barcelona la gira de presentación de su segundo álbum Berkeley’s On Fire que se ha publicado hoy mismo. Hablamos con su guitarrista Max Becker sobre su nuevo disco, sus ambiciones, su relación con Billie Joe Armstrong y su inesperada conexión con… ¿Tarragona?

Antes de ser SWMRS (pronúnciese swimmers), este cuarteto de Oakland empezó su andadura en 2004 como Emily’s Army. Quizá os suene el nombre porque se les conocía, sobre todo, porque en sus filas militaba como batería Joey Armstrong, hijo de Billie Joe de Green Day, quien además les hizo de productor. Con él grabaron dos álbumes, pero en septiembre de 2014, el grupo -que completan los hermanos Cole y Max Becker, a las voces y guitarras, y el bajista Seb Mueller- decidió cambiarse el nombre y también dejar el punk rock de sus inicios para encararse hacia un pop rock más bailable y desenfadado.

Eso es justo lo que encontramos en su nuevo disco Berkeley’s On Fire (Fueled By Ramen) con el que SWMRS aspiran a seguir los pasos de algunos de sus compañeros de sello. ¿Lo conseguirán? Desde luego, ganas no les faltan.

En unos días vais a estar en Barcelona. ¿Qué te esperas?
MAX BECKER “¡Si! Tengo muchas ganas porque cuando Cole y yo teníamos 8 y 10 años vivimos durante dos meses en Tarragona”.

¿Lo dices en serio? ¿Cómo es eso?
“Sí, mi familia quería pasar un verano en un sitio diferente y fuimos a Tarragona porque estaba cerca de Barcelona, pero no era una ciudad tan grande. Recuerdo las ruinas romanas… Lo pasamos genial, pero hacía mucho calor. Creo que ha sido el verano más caluroso de mi vida (risas)”.

¿Aprendisteis algo de castellano o catalán?
“Aprendimos algunas palabras en la calle en español y catalán, pero éramos muy jóvenes y pensábamos que el español que se habla en California no se parecía en nada, así que tampoco nos esforzamos mucho (risas). Pero nos encantó Catalunya. Por eso estamos tan contentos de poder volver. Cuando estábamos ahí fuimos a un festival de rock y vimos lo loco que es el público español y catalán (risas). He querido tocar para vosotros toda mi vida. Tenemos las expectativas muy altas, así que la pelota está en vuestro tejado (risas)”.

Vale, aceptamos el reto (risas). He tenido la oportunidad de escuchar vuestro nuevo disco y suena como si os hubieseis divertido mucho haciéndolo.
“Así es. Lo pasamos muy bien, pero también nos lo tomamos como un reto. Ahora tenemos bastante experiencia como músicos y trabajamos con un productor, Rich Costey, que nos ayudó a dar lo mejor de nosotros. Fue un sueño trabajar con él”.

¿Son todos los temas nuevos o aprovechasteis algún descarte del anterior Drive North?
“Todos los temas son nuevos, pero llevábamos tiempo trabajando en ellos. Terminamos Drive North en 2015 y en septiembre de ese año ya escribimos ‘Too Much Coffee’. Teníamos como 35 canciones donde elegir. Cole y yo llevamos haciendo canciones desde que teníamos diez años. Nos encanta”.

Éste es ya el cuarto disco que grabáis, a pesar de vuestra juventud. Supongo que haber empezado tan jóvenes os da una gran ventaja.
“Sí, tenemos mucha suerte. Me levanto cada día dando las gracias por la vida que hemos tenido. Creo que empezar tan pronto nos ha dado la oportunidad de crecer y evolucionar. Éste es el segundo disco como SWMRS y creo que refleja dónde estamos ahora. Yo tengo 25 años, Cole, 23, Joey casi 24, y Seb también 23, así que el disco refleja a unos jóvenes que intentan formar parte de la sociedad (risas)”.

Cuando empezasteis obviamente el tener a Billie Joe de vuestro lado os ayudó mucho, pero supongo que también despertó bastante escepticismo. ¿Cómo habéis gestionado contar con él, pero que no se os viera como unos enchufados?
“Es algo con lo que llevamos lidiando toda nuestra vida. Pero al final, veo más a Billie Joe como un pariente que como una estrella del rock. Le quiero como si fuera de mi familia, pero también le admiro mucho porque soy muy fan de Green Day. No puedo esconder ninguna de las dos cosas. Pero si la gente conociera de verdad a Green Day sabrían que nunca aprovecharían su posición para beneficiarnos. Nos han enseñado muchas cosas y Billie Joe nos ha ayudado a no cometer errores, pero nunca nos ha escrito una canción o ha presionado para que la prensa nos hiciera caso. Hemos tenido suerte de contar con él, claro, pero no creo que se nos pueda criticar por ello. A estas alturas, para mí todo esto ya queda muy lejos. ¡Hace 12 años! Creo que escuchando este disco queda claro que no tenemos nada que ver con Green Day”.

El cambio de nombre de Emily’s Army a SWMRS, ¿obedeció más a un merco cambio de marca o había algo más profundo detrás?
“Un poco las dos cosas. Nos cambiamos el nombre porque queríamos que la esencia de los dos primeros discos como Emily’s Army quedara preservada. No queríamos que lo que hicimos de críos nos definiera o se compara con lo que hacemos ahora. Si el nuevo disco apareciera como Emily’s Army la gente no lo entendería, porque aquello era East Bay punk y esto es otra cosa distinta. Creo que SWMRS nos da la oportunidad de cubrir un abanico más amplio. Nos gustaría ser una banda como Blur o The Clash que expandieron lo que puede ser una banda de rock”.

En Berkeley’s On Fire se notan influencias de Franz Ferdinand o The Strokes, supongo que por edad son bandas que os marcaron.
“Sí, es lo que sonaba en la radio cuando iba al instituto, Yeah Yeah Yeahs, The Strokes, The Killers… fue un periodo muy influyente porque fue cuando me empecé a tomar la música en serio. Me gustaría que nuestras canciones captaran esa misma excitación. Es un poco bailable, un poco indie, un poco punk… un poco de todo (risas). De hecho, el beat de ‘Berkeley’s On Fire’ está inspirado en ‘Temperature’ de Sean Paul. (Se pone a cantar el tema -ndr.). Así que cogimos un tema pop y le dimos un aire rock”.

Eso encaja mucho en que estéis en el sello Fueled By Ramen con Paramore, Fall Out Boy,  Twenty One Pilots, Panic! At The Disco… Todos venís de un background más punk, pero ahora hacéis una especie de pop alternativo.
“¡Sí! Creo que tiene mucho que ver con que Fueled By Ramen da a los artistas total libertad para hacer lo que quieran. Creo que todos venimos del rock, pero cada uno está empujando el género cada uno a su manera”.

¿Aspiráis a ser una banda realmente grande?
“Tío, quiero ser cabeza de cartel de todos los festivales, tocar en estadios, tocar para 400.000 personas en Cuba como The Rolling Stones… ¡Quiero todo eso! Pero no tengo prisa, quiero ir paso a paso. Todo lo que hago es pensar en música y estudiar las carreras de los grupos. Creo que es importante saber qué es lo que puedes ofrecer a la sociedad para merecer ser una banda grande. ¡Tío, quiero que seamos enormes!”.

¿Y no te da miedo que el precio a pagar sea sacrificar tu vida personal? Quizá ya no podrías volver a Tarragona y pasar desapercibido.
(Risas) Ya… es lo que hay. Lo entiendo. Pero Cole, Joey y yo crecimos en familias muy estables y nos han educado para ser buenas personas. Así que no tenemos miedo de lo que tenga que venir. Quizá si estuviéramos más desequilibrados podría ser peligroso, pero nos han educado para tratar a todo el mundo con respeto y creo que lo llevaríamos bien”.

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