Sacralvna es el nuevo proyecto capitaneado por Víctor García-Tapia (Toundra, Minor Empires, Ànteros). Lo empezó con él solo tocando la guitarra en pijama ha acabado convirtiéndose en una banda con un debut tan bueno como Ritual/compulsion.
Es muy posible que ya tengas tu lista de discos preparada para lo que quieras cazar en el Record Store Day de este sábado 18 de abril. Pero si todavía te queda un hueco, o unas pocas perras, añádele el vinilo de Ritual/compulsión, el debut de Sacralvna co-editado por Aloud Music, Brunzit Records y Estudio Mazmorra. Si en algún momento has sido fan de alguna de las bandas de las que ha formado Víctor García-Tapia o de alguna de las de sus otros componentes -Vereda en el caso del cantante y bajista Eduardo Morales o Boïra o Trees Will Tell en el del batería Mario Pérez- seguro que aquí encontrarás algo que te apasionará.
Compuesto por dos temas -una larga suite de 22 minutos con distintas secciones y la más directa ‘Astora’-, el disco se mueve entre el post hardcore y el post metal sin caer en ningún momento en terrenos manidos. Las colaboraciones, entre otros, de Eric Sueiro de Medalla, Miguel Pardo de Crossed o Endika Pikabea de Ànteros, también ayudan a que el viaje te lleve por donde no esperabas.
Hace unos días, conversamos con Víctor sobre el origen y evolución de Sacralvna, el estatus de Ànteros y si todavía cree que una banda pueda durar para siempre.
Lo primero… ¿Ritual/compulsión iba a ser el disco nuevo de Ànteros?
VÍCTOR GARCÍA-TAPIA “No, para nada. De hecho, esto lo empecé mientras Ànteros estaba en activo. En la última etapa nos pusimos componer, teníamos cosillas, pero yo iba haciendo esto en paralelo porque, al final, era componer sin tener las restricciones de tener en cuenta cuáles son los gustos de la gente que está metida en el grupo. Cuando llevaba ideas, tenía en cuenta el perfil que tenía cada uno, en plan vale, sé que este tipo de cosas a Rubén no le gusta, a Óscar lsi e meto este tipo de ritmo, sé que no va a estar a gusto, porque va a tener que estar contando. Al final yo tiré por mi lado porque tenía la sensación de que en Ànteros no estábamos por la labor de hacer nada a corto o medio plazo”.
¿Y cuál es el estatus de Ànteros ahora?
“El estatus del grupo… Al final es una broma de cuñado pero me parece bastante acertada: somos como ese colega de 40 años que te dice que va a retomar la carrera. Entonces se la puede sacar o puede no matricularse de nada. O sea, nosotros vamos quedando, pero yo creía que el grupo no debía continuar porque veía que cada uno estaba en un punto totalmente distinto. A nivel personal estamos a tope, pero, por un lado, Endika tenía pinta de que se iba a vivir de nuevo al País Vasco. Y, de hecho, se fue a vivir al País Vasco y ha vuelto hace dos meses. Rubén acaba de sacar disco con Viven y estaba súper agobiado por compatibilizar fechas. Sentía que le estaba quitando tiempo a Viven. Mau estaba de tour manager con todo el mundo, con Angelus Apatrida,luego que si se iba de gira con The Ocean, que si se iba de gira con This Will Destroy You. Entonces yo, cuando Mau empezó a hacer más de tour manager, absorbí las labores que hacía él en Ànteros. Éramos papá y mamá: nos dividíamos un poco las tareas del día a día que hacían que el grupo funcionase sin que quizá los demás fueran plenamente conscientes de que había todo ese curro detrás. Yo siempre me he ocupado más de hacer el merch y de si quieres llamarlo de alguna manera, la dirección artística del grupo. Mau se preocupaba más de todo lo que eran las gestiones de: ‘¿Tenemos furgoneta para este concierto?’, ‘¿Tenemos este contrato cerrado con esta promotora?’, ‘¿Dónde dormimos?’, ‘¿Dónde nos movemos?’. En el momento en el que Mau no pudo hacer eso, recayó en mí, en cierta manera. Entonces, claro, en el lapso de meses que pude aguantar haciendo eso me quemé. Me quemé hasta el punto de que estaba de mal humor. Llegó un punto en que lo hablamos y fue como: vale, pues paremos. Pero realmente no ha sucedido nada. Es decir, no hubo una razón terrible para dejar el grupo y, de hecho, seguimos quedando. El otro día hablamos de: hostia, ¿os molaría que hiciésemos algún concierto? Pero ahora está complicado. Entonces, bueno, dentro de eso yo me quedo con lo guay, que somos amigos y que, si algún día podemos hacer algo, lo haremoa”.
De la manera que está planteado Sacralvna, todavía no tengo claro si es un proyecto personal tuyo o una nueva banda.
“A ver, las dos son correctas, pero más que nada porque fue un comienzo atípico. Finiquitamos Anteros, cuando hicimos el ArcTanGent, y yo no tenía nada. Estuve prácticamente un año componiendo en mi casa yo solo, pero componiendo como… imagínate, como si tú te pones a hacer entrevistas mentales a gente que no existe por el hecho de decir: ‘Me gusta hacer entrevistas’. ¿Sabes lo que te digo? Me hubieran encerrado, yo creo”.

«Las bandas de las que me he ido no han sido porque haya habido una falta de amor o una ruptura, sino porque las circunstancias no eran favorables» VÍCTOR GARCíA-TAPIA
Seguro que sí.
“Al final me ponía un pijama que tengo de Baby Yoda, cogía la guitarra y, cuando terminaba de trabajar, me ponía ahí a tocar y decía: a ver qué me sale, a ver qué toco, a ver cómo aprendo a hacer esto, a ver cómo aprendo a hacer lo otro. Y empecé a componer y fue tomando forma y dije: vale, a lo mejor es como una bola de nieve, a lo mejor tendría sentido grabarlo. Pero, claro, no me apetecía tener que tocar yo todos los instrumentos. Evidentemente tampoco podría tocar la batería, porque soy uno de esos guitarristas que sé hacer baterías en MIDI, pero que son esquizofrenia pura y dura para un batería normal, porque es como: tío, estás tocando la caja a la vez que otras cuatro cosas más, y eso no se puede hacer. Necesitas ocho brazos. Entonces empecé a hablar con Edu (Morales) que es mi vecino, y que hizo las sustituciones de Mau en los últimos conciertos de Anteros cuando él no podía. Es un amigo mío de hace muchos años, nos conocemos un montón. Él tenía su grupo, que es Vereda, pero también le hacía ilusión venirse con nosotros a tocar. Y después de esto le enseñé lo que estaba haciendo en casa y le moló mucho. Me dijo: ‘Tío, si quieres podemos ir quedando, voy yendo yo a tu casa, te voy dando feedback, si quieres me puedo sacar unas líneas de bajo, podemos ir haciendo algo y vemos a ver a qué lleva’. Entonces empezamos a quedar y entonces dijimos: vale, necesitamos un batería si queremos hacer un grupo. Y hablamos con Mario (Perez de Boïra), que ya lo conocíamos de antes. Entró Mario y grabamos el disco…”.
Y empezó a rodar la bola de nieve.
“Así es. Desde el primer momento les dije que, cuando ellos llegasen al grupo, estábamos de igual a igual. Quiero decir, no es mi grupo y ellos gente que está interpretando. Al final, Edu ha hecho sus bajos, las voces y todas las letras; o sea, eso es totalmente de él. Mario cogió las baterías que yo hice, hubo alguna que la respetó y el resto las tiró a la basura e hizo sus partes. Lo que ha prevalecido de lo que yo compuse en mi casa es la estructura del tema y todo lo que son las guitarras, los teclados y tal, pero baterías, bajos y voces han sido cosas totalmente de ellos. Así que el origen ha sido un poco extraño: una persona que empieza a componer en su casa, se le va de las manos y, termina siendo una banda. Pero ni siquiera sabíamos si íbamos a poder editar en físico”.
¿Y cómo surgió la oportunidad?
“Lo hablé con Sergio Picón de Aloud. A Sergio, de repente, le gustó mucho el disco. Entonces Eric, de Medalla, me dijo que hablase con Sergio Pozo del Record Store Day, se lo pasé y me dijo que también le había flipado. Entonces nos encontramos con el disco, que no estaba ni siquiera masterizado porque no teníamos dinero, porque todo lo habíamos pagado de nuestro bolsillo, lo teníamos que enviar a fábrica para que pudiese salir para el Record Store Day. Ha sido todo como súper extraño para bien, porque es ir haciendo cosas y ver qué van saliendo adelante. Y ahora lo mismo: estamos en este proceso de que la gente vaya conociendo a la banda, porque es empezar desde cero hasta cierto punto. Ahora mismo, tenemos como 3.000 oyentes en Spotify, que para mí es muchísimo. Es como… ¿por qué? Son cosas que no buscas y que es brutal que te pase como banda. Pero ya te digo que vamos haciendo sobre la marcha. Tampoco queremos ser pesados”.
¿En la maqueta original tú no cantaste absolutamente nada?
“Nada. De hecho, lo de la voz también fue bastante ensayo-error, porque en un principio tuvimos ese momento de muchos grupos de: ‘Oye, ¿alguien grita? ¿Alguien sabe gritar de los que estamos aquí?’. Y yo no puedo, porque, de hecho, cuando he hecho la gilipollez de cantar me quedo afónico. O sea, no tengo ni idea de gritar, así que yo estaba descartadísimo y animé a Edu, que lo había visto haciendo coros con Vereda, que diera el paso y cantara él”.
¿Te jode no tener ser capaz de cantar para ser más autosuficiente? Al final, hagas lo que hagas, si quieres meter una voz, siempre vas a depender de otra persona.
“Sí, pero yo creo que es lo guay. Mi visión musical me aburre. Solo me sirve para intentar hacerlo mejor. O sea, puedo tocar el bajo de manera solvente, pero siempre seré un guitarra que toca el bajo, con lo cual no compondría cosas excesivamente interesantes. Ahora estoy haciendo una banda sonora y el bajo lo estoy haciendo yo, y me aburre profundamente. Lo mismo la batería y me pasa lo mismo con la voz. Si yo cantase bien, tampoco me gustaría, porque es como cuando eres ilustrador y te toca hacer siempre las ilustraciones para tu grupo: acabas harto. Acabas deseando que alguien con otra visión y con otro talento lo haga, porque es como un regalo. A mí, cuando me llegaron las voces de Edu, me quedé flipado y me hizo muchísima ilusión, muchísima más que si las hubiese compuesto yo”.
Habiendo dándote a conocer con una banda instrumental como Toundra, ¿qué importancia le das realmente a la voz en tu música?
“Realmente mucha. Para mí, una de las cosas de las que más orgulloso estoy —sin detrimento de las otras bandas en las que he estado, porque estoy orgulloso de todas—, fue cuando estuve en Minor Empires. Era tocar con Juan (Blas) de Nothink. Para mí era súper loco verme en un grupo en el que Juan cantaba. Puedo entender que haya gente a la que le guste más el primer disco o que le guste más el segundo, pero las voces de Juan a mí me encantan. O sea, yo no consumo música instrumental en mis ratos libres. En el caso de Toundra empezamos a hacer música instrumental por hastío, por tener 800 cantantes en el primer grupo que teníamos los primeros miembros de Toundra. Siempre había un cantante que se iba, otro que tal… El último cantante que teníamos en Nacen De Las Cenizas, que parecía que funcionaba muy bien, que era Luigi, y de repente me dijo que se iba a vivir a Barcelona. Y me acuerdo de que Alberto y yo dijimos: ‘nunca más un cantante. Hacemos lo que sea. ¿A ti te gusta Pelican? ‘A mí me gusta Pelican. Pues vamos a ver qué podemos hacer por ahí.’ Pero no era porque no diésemos importancia a la voz”.
Es curioso. Yo al final escucho el disco de Sacralvna y pienso que también podría funcionar sin voz.
“Sí, total, podría funcionar sin voz”.
En el disco colabora Eric Sueiro de Medalla. Háblame un poco de Medalla, qué te parece como grupo, su evolución…
“Pues me parece loca, para bien. O sea, yo a Medalla los descubrí por mi tatuadora, básicamente. Siempre que venía a tatuar a Barcelona me ponía Medalla. Y me acuerdo de que siempre le decía: ‘¿Puedes dejar de ponerme al calvo de Medalla?’. Y al final era como el calvo de Medalla. Entonces, Medalla me parecía que estaban guays, pero estaban un poco fuera de lo me mola”.
¿Por algo en concreto?
“Quizá era más por letra y las palabras que utilizaba. Pero creo que ha sido un poco la progresión que él ha tenido como letrista, porque al final Sueiro empezó como batería, luego pasó a ser guitarra y luego pasó a ser guitarra cantante. Ahora soy fan número uno de Medalla porque he cometido el tremendo error de conocer personalmente a Sueiro, y de ser amigo suyo, y de entenderlo. Es una persona que se mueve por absoluto amor a la música. Ayuda a todo el mundo y no busca nada a cambio. Lo que quiere es que haya un montón de bandas que estén funcionando. Y aparte es un heavy. Porque básicamente se pone a hablar conmigo de música y es como: ‘Tío, ¿tú te has escuchado el disco este del 88 de Judas?’. Y es como: no he escuchado Judas Priest en mi vida. Yo pasé directamente de escuchar Deftones a Converge. O sea, tengo un agujero musical enorme. Entonces me flipa que haya alguien que tenga esa energía. Lo que haga en Medalla, a no ser que un día se vuelva loco, me intente apuñalar y me queme la casa, apoyaré siempre lo que haga Eric Sueiro”.
¿Cómo os habéis planteado el directo? ¿Tocaréis solo los dos temas del disco y ya está?
“El directo… cuando nos subamos al escenario, hay una persona que atranca la puerta y la gente va a tener que tragarse una chapa de 22 minutos. Un tema, pararemos y haremos el otro tema. Ahora mismo estamos intentando componer un tema más entre todos juntos, porque también queríamos ver cómo podíamos funcionar todos juntos en el local, porque el segundo guitarrista, Paul (Sitges), que era de Caricias, sí que entró directamente para tocar en directo. Las guitarras las grabé yo todas en el estudio, pero, evidentemente sabíamos que en el momento en que tuviésemos que tocar en directo tendría que entrar alguien más. Estamos viendo un poco cómo funcionamos todos juntos, pero todos tenemos perfiles muy parecidos. Somos todos como muy tranquilos, muy calmados en ese sentido. Nadie está loquísimo por hacer un millón de cosas. Pero también hay la diferencia de edad. Yo tengo 42 y ellos son más jóvenes, entonces la energía es distinta. Yo termino de ensayar y me quiero ir a mi casa a descansar, y ellos están fresquísimos. Entonces, también es lidiar un poco con ese tipo de dinámicas”.
A lo largo de tu vida has ido pasando por distintas bandas. ¿Tienes un poco el síndrome del típico tío que tiene una pareja, se separa, va con otra, se separa, se casa con una, se divorcia… y que al final, haga lo que haga, va a ser transitorio? ¿O todavía crees que hay una banda que puede ser tu banda para siempre?
“No creo que haya banda para siempre. O sea, es raro que, a los niveles en los que nos movemos, los que somos amateurs, tengamos una banda definitiva. Porque piensa que generalmente nos comemos las peores cosas de tener una banda, que es perder dinero, pedir vacaciones para irte a tocar… Y luego, sobre todo, también la edad en la que estamos. Es decir, creo que es más probable que la gente que está en los 20 pueda tener una banda estable que la gente que estamos en los 40. Creo que no es tanto el vínculo emocional que puedas tener con una banda, porque a mí me encantaría poder haberme quedado en todas las bandas en las que he estado. En ninguna me he ido por nada personal. Ha sido todo por pura circunstancia- Es decir, yo de Toundra estoy absolutamente orgulloso de todo lo que hice, de Minor Empires todavía no me puedo creer lo que hicimos con Juan; de Ànteros estoy súper orgulloso porque me encantaría volver a tocar con ellos si existe la posibilidad. Creo que de lo que menos orgulloso estoy es del primer grupo que tuve, pero porque era mi primer grupo, entonces tocábamos como tocábamos”.
Normal…
“Yo creo que, más que eso que hablas, soy un poco como Michael Scott. O sea, al final voy fundando la misma banda, entre comillas, porque solo sé hacer una cosa. No tengo esa capacidad musical de reinventarme cada vez que tengo una banda nueva. Pero lo que sí que tengo claro es que sí que me gustaría tener grupos siempre, porque he encontrado algo que me hace feliz, que es poder componer, poder ensayar. No me gusta tanto tocar, pero me lo paso bien. Pero al final, las bandas de las que me he ido no han sido porque haya habido una falta de amor o una ruptura, sino porque las circunstancias no eran favorables. En el caso de Toundra me vine a vivir a Barcelona y con Minor hubiésemos acabado en conflicto por lo mismo: yo no puedo estar cogiéndome un AVE o buscándome la vida para tener que ensayar siempre en Madrid y luego irnos a ese concierto, porque tengo una vida adulta y tengo que hacer una vida en otra ciudad. Y en el caso de Ànteros son las edades y las prioridades. Es una mierda, pero es lo que es. Al final cambia y a mí me fliparía tener la misma vida que tenía en mis 20: me levanto por la mañana, juego a la consola, me voy a la universidad, quedo con los colegas, voy a ensayar y el fin de semana, el viernes, me piro a tocar y vuelvo el domingo hecho polvo y el lunes estoy medio funcionando en el trabajo. Ahora mismo, para mí, es imposible. Ojalá que tenga una banda que sea para siempre, porque eso querría decir que de alguna manera habrá funcionado”.
JORDI MEYA









