Urne, el trío afincado en Londres, ya había dejado buenas sensaciones con sus dos primeros discos, trabajos más que sólidos donde el thrash de corte analógico convivía con pinceladas progresivas y algunas atmósferas ambientales. Aun así, el eje de su propuesta siempre fue el mismo: riffs musculosos y una pegada directa.
En el cine, quizá por falta de ideas o por simple comodidad, llevamos años asistiendo a una avalancha de reboots y nuevas entregas de sagas protagonizadas por monstruos gigantes: King Kong, Godzilla —King Kong vs. Godzilla (sic)—, Predator o el interminable entramado de precuelas y secuelas de Alien. El fenómeno también podría aplicarse a la música.
Porque Urne practican algo parecido: una reformulación musculada y actualizada de un sonido que resulta familiar, pero que sigue funcionando cuando se ejecuta con convicción. Con una producción poderosa y un buen pulso compositivo, el grupo entrega un puñado de canciones contundentes que remiten tanto a la pegada tectónica de Gojira —siguiendo con el imaginario kaiju— como a los Mastodon más atmosféricos y progresivos, con cameo de Troy Sanders incluido para redondear el guiño.
Setting Fire To The Sky rebosa energía desde el primer momento. Hay temas que van directos al cuello, como la explosiva ‘Be Not Dismayed’, y otros que se recrean en desarrollos más amplios y atmosféricos, caso de la ‘mastodóntica’ ‘Harken the Waves’, donde aparece Sanders. Joe Nally (voz y bajo) ruge durante buena parte del disco con una intensidad que recuerda a Godzilla arrasando Tokio, aunque también sabe modular el registro cuando la canción lo pide, recurriendo a una voz más rota y contenida en cortes como ‘The Ancient Horizon’ o la balada final ‘Breathe’.
El trabajo de James Cook a la batería es excelso durante todo el álbum, con un sentido del ritmo propio de las tribus de la Isla Calavera, como en la gojiresca ‘Towards The Harmony Hall’. Angus Neyra no se queda atrás en el trabajo a las seis cuerdas, con una habilidad y agilidad cual Anaconda hambrienta, capaz de marcar punteos melódicos, clavar riffs abrasivos y solos allí donde la canción lo demanda como en ‘Weeping To The World’
El resultado global es de un muy buen álbum, que te hará pasar un buen rato especialmente si se te cae la baba cada vez que escuchas Crack The Skye o L’Enfant Sauvage. ¿Acaso no hemos disfrutado de King Kong de Peter Jackson o de la serie Monarch? ¿A quién le amarga un dulce cuando la factura es buena y hay buenas canciones? A mí, no, desde luego.
JOAN CALDERON









