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RED FANG – ‘Arrows’

Se acerca más al sonido crudo y poco pulido de sus inicios.

Foto: James Rexroad

Dentro de la escuela del stoner, Red Fang serían como aquellos estudiantes con un gran potencial académico, pero que prefieren hacer campana fumando unos porrillos con los colegas, que sacar mejores notas. Lo cual no los hace brillantes, pero sí más simpáticos y cercanos.

Al contrario que grupos de su misma órbita como Mastodon o Baroness, mucho más sesudos y ambiciosos, los de Portland suelen optar por un enfoque más primario y directo. En el caso de Arrows, su quinto disco, incluso más. De hecho, el álbum se acerca más al sonido crudo y poco pulido de sus inicios que al más sofisticado del anterior Only Ghosts. Da la sensación que una vez comprobado que tampoco van a llegar mucho más lejos de donde están, no merece la pena invertir más tiempo ni dinero que el estrictamente necesario.

A pesar de que fue concebido antes de la pandemia, y su colorista portada, Arrows desprende un tono oscuro y amenazante. Las notas de bajo y la voz arrastrada que te dan la bienvenida en la intro ‘Take It Back’ invitan a pensar que algo chungo está a punto de ocurrir. El riff pesado del primer tema propiamente dicho, ‘Unreal Estate’, reafirma ese sentimiento que lo emparenta con los momentos más cáusticos de 

Por su parte, en ‘Arrows’ nos deleitan con un coro marca de la casa, ideal para ser cantado a pleno pulmón, mientras que en ‘Rabbits In Hives’ o ‘My Disaster’ le añaden un poco de velocidad, y hasta un sutil toque de sintetizador, para sembrar el caos. El repetitivo estribillo de ‘Anodyne’, la fuerza bruta de ‘Dr. Owl’ o la doomera ‘Days Collide’ son otros de los momentos en los que la banda brilla moviéndose en diferentes registros sin perder su esencia. Más atractivas aún son ‘Fonzi Scheme’, con algunos arreglos de cuerda que le dan un toque al ‘Kashmir’ de Zeppelin, pero en versión pesada, o las más melódicas ‘Why’ y ‘Funeral Coach’.

Está claro que Arrows no va a marcar un antes y un después en su carrera, ni tampoco lo pretende, pero es agradable comprobar que el espíritu de Red Fang sigue igual de libre.

DAVID GARCELL