Hay que ser muy valiente o un verdadero inconsciente para dar luz verde a un proyecto como Paraíso, la nueva serie de Movistar+ ideada por Fernando González Molina, Ruth García y David Oliva. Molina, responsable de alguno de los grandes éxitos nacionales de nuestros cines durante los últimos años, regresa a la televisión tras su trilogía del Baztan con un trabajo de ciencia ficción y nostalgia tan ambicioso como difícil de seguir.

Costa levantina, verano del 92. Tres amigas de quince años, desaparecen en una discoteca sin dejar rastro. Partiendo de esa base, y a tenor de los carteles de DESAPARECIDAS que se dejan ver por la comisaría de una de las protagonistas de la función, Macarena García, la serie bien podría tirar por la senda del thriller histórico que tan bien funcionó en La Isla Mínima, pero por desgracia no son esas las intenciones de los responsables del que puede ser, por el momento, el primer tropiezo de una plataforma que hasta ahora estaba manejando con maestría sus proyectos.

Mezclar la leyenda negra de nuestro país con una trama paranormal envuelta en chicle y un reparto coral donde cada uno protagoniza su propia historia, no suena como la mejor de las ideas. Además, Paraíso nunca es lo que parece ser. Lo que podría ser la primera aventura adolescente de género nacional, nuestro Verano Azul más extraño, se pierde entre un batiburrillo multi-referencial incapaz de avanzar en ninguna dirección.

Su trama policial es invisible, algunos de sus flashbacks no pueden resultar más bochornosos y las interpretaciones de varios personajes no parece estar sujeta al desarrollo de la historia. Pero lo peor de todo tal vez sea lo forzado de sus diálogos. No hay nadie que no quiera comer bollería industrial de la época, escuchar un disco del momento o ver una película como Pretty Woman. Lo decían los irreemplazables Astrud, la nostalgia es un arma. Y un arma se te puede disparar en el pie.

MIGUEL BAIN

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