Hasta hace bien poco, el nombre de Andrew O’Neill era totalmente desconocido fuera de las fronteras del Reino Unido, pese a que por allí ya es una personalidad con peso en la escena que ha conseguido publicar libros y llevar su espectáculo a algunos de los festivales más importantes de UK. Pero, ¿quién es Andrew O’Neill?

Podría decirse que este inglés nativo de Portsmouth de 38 años es un comediante del metal. Único en su especie. Su show se ha convertido en algo de culto, traspasando las fronteras del propio género, de tal manera que el año pasado lo trasladó a un libro, La Historia Del Heavy Metal (Blackie Books), que ahora ve su traducción al castellano. Que estamos ante una nueva manera de enfocar el metal, lo podemos comprobar en el hecho de que la repercusión del libro ha llegado a sacarlo en noticiarios de alcance nacional, delirantes apariciones en late night shows como fue su entrevista con David Broncano y es que, en definitiva, O’Neill ha dado en la tecla para que todo el mundo, independientemente de su afinidad con el metal, pueda disfrutar de su obra. Pero que nadie se haga una idea equivocada: Andrew O’Neill es un metalhead de los pies a la cabeza, con una sapiencia de excelente sobre bandas y estilos, y que con esa flema única de los ingleses, ha sabido sacarle partido con respeto a ese heavy metal que tanto amamos.

Para empezar, ¿cuál fue tu objetivo a la hora de escribir el libro?
“Quería que tuviera su propia categoría en las estanterías, que no se pudiese comparar con otros y que justificara su propia existencia. Dediqué mucho tiempo a buscar lo que había en el mercado para no hacer otro libro igual, y darle esa identidad única que estaba buscando. Era importante para mí situar el tema histórico y darle rigor a las cosas que iban pasando y cómo situar el nacimiento de las escenas, pero tampoco quería hacer una cronología pura y dura, o una enciclopedia sobre el heavy metal. Esto es más mi visión y opinión sobre el metal, y como soy un comediante, quería que fuese lo más divertido posible. Esa parte humorística la he intentado desarrollar en los pies de página principalmente, ahí es donde está mi personalidad”.

Me gusta la manera en que encaras el estilo y el comportamiento de los fans. Me molesta mucho cómo la gente que no tiene ni idea de metal, se ríe de éste porque por algún motivo encuentran que es fácil hacer chistes sobre ello. Que lo es, pero también lo es hacerlos sobre cualquier otro estilo y la gente del metal no los hace. En esto soy un poco talibán. Creo que sólo la gente del metal está legitimada para hacer bromas sobre el propio estilo. Y ya va bien, porque al metal le falta, en general, sentido del humor.
“Eso es porque el género ha traspasado sus propias fronteras. Tiene un calado popular que le falta a otros tipos de músicas. De todas maneras, en Inglaterra sí que hay bastante sentido del humor en torno al metal…”.

Puede que allí sí, pero no en general. No hay ironía.
“La intención tanto del libro como de mi show no es la de burlarse del metal, es crear chistes que podamos entender, pero nunca ridiculizar. A veces no es fácil crear algo con cierta gracia. Pon como ejemplo el death metal. La música es genial, pero la historia del death no lo es. Chicos de clase media, con ayuda parental creando música que acabó siendo exitosa. ¡Ésa es la historia del death metal! Sí, tienes a Glen Benton y sus cosas, pero mira Entombed, Chuck Schuldiner de Death, no eran para nada gente extrema. Por lo que cuando hablas sobre ellos en el show, ¿dónde está el humor? Jim Carrey es un fan del death metal y todos recordamos sus imitaciones en los programas de televisión en los 90. Te partías de risa, pero creo que había un cierto elemento de mofa en ello. Es un punto interesante el encontrar esa línea entre lo divertido y la burla”.

Con la bifurcación en cientos de subestilos, es muy complicado saber a estas alturas qué es el heavy metal en sí mismo. ¿Cómo lo definirías tú?
“No deja de ser una especie de paraguas donde se pueden cobijar muchas bandas. En el fondo, dos bandas tan diferentes como Iron Maiden y Carcass pueden ser consideradas heavy metal. Pienso que han de tener unos elementos comunes. Al menos necesitan tener dos de éstos: poder, agresividad, ocultismo, un aura de terror, negatividad. Judas Priest no son una banda que juegan con el ocultismo pero tienen fuerza, poder, cierto aspecto de negatividad… pero no es fácil muchas veces saber dónde están los limites. ¿Son grupos como UFO o Scorpions heavy metal?.

Para mí no lo son. Son bandas de hard rock, y aunque es evidente que hay elementos comunes, eso es otra cosa completamente diferente.
“El punto de partida de todo esto es la canción ‘Black Sabbath’. El ritmo doom, la atmósfera de terror, lo oculto… ahí está la base del heavy metal, con todo lo que ha pasado en esos casi 50 años, el desarrollo del metal extremo… ya no es fácil poder clasificar las cosas de una manera concisa. Pero son conversaciones divertidas el discutir por qué Judas Priest son heavy metal y Aerosmith no”.

Pero eso es más para el público ajeno. Aunque no es fácil de explicarlo con palabras, en nuestra cabeza tenemos muy claro por qué unos son heavy metal y los otros no.
“(Risas) Totalmente de acuerdo”.

No hace mucho hice una entrevista con Ian Hill, que por cierto, sabes que…
“(Risas) ¡Sí! Hay una errata en el libro, sale como Alan Hill, así como Gary Holt de Exodus lo he bautizado como Dave Holt. Estoy por hacer una camiseta con los dos nombres (risas), pero sigue con lo que decías de Ian Hill”.

Le pregunté cuál creía que había sido la gran aportación de Judas Priest al heavy metal, y me dijo que probablemente fue darle forma al estilo tal como lo conocemos hoy en día, y cómo se han mantenido fieles a eso. Para mí, por ejemplo, Iron Maiden ya no son un grupo de heavy metal. Respeto mucho que hagan lo que ellos quieren, pero ya es otra cosa. Están más cerca del prog que del heavy metal.
“Es interesante… probablemente Iron Maiden ahora mismo ya son un estilo en sí mismo. Y sí, estoy totalmente de acuerdo con lo que dice Ian Hill. El otro día Halford estaba hablando de sus grupos de black y death favoritos, y era alucinante porque, ¿qué debe de tener ahora mismo? ¿Cerca de 100 años? (Risas). Con cerca de 70 años es alucinante la pasión que muestra con esta música”.

Podemos considerar los 80 como la edad dorada del heavy metal. También hay una gran distinción entre lo que pasaba en Europa y América. En América el glam metal que tú adoras, lo dominó todo a nivel comercial…
(Risas) Mi cosa favorita en el mundo”.

Yo adoro el glam metal. Y no te voy a intentar convencer de nada, pero los primeros discos de Mötley Crüe, Dokken… no son cosas precisamente prefabricadas y tenían caña.
“No es un problema de que no fueran heavy metal, es que Mötley Crüe eran una mierda (risas). Lo siento”.

¿De verdad crees que Too Fast For Love es una mierda de disco?
“¡Absolutamente!”.

Shout At The Devil, ¡Twisted Sister! Eso tenía muy poco de blandengue.
“No, no, Twisted Sister eran una cosa diferente. No tenían nada que ver con aquello. Twisted Sister tenían grandes canciones, eran rudos…pero Mötley Crüe para mí eran una banda que tan sólo les interesaba vivir lo que es el rock’n’roll way of life. Es que lees la autobiografía de Nikki Sixx y sólo son drogas y fiestas”.

Para mí ese libro es falso. Lo último en lo que piensa un heroinómano en los Mötley Crüe de los 80 es en hacer un diario de su vida. Seguro que hay una base de realidad, pero cuesta creer todo lo que cuenta Sixx.
“Puede ser, pero es un libro muy entretenido de leer y es curioso el efecto que su música ha tenido en mucha gente. Yo por definición odio la música comercial, es algo que no forma parte de mi vida, pero me gusta cómo la gente asocia esa música a su vida y recuerdos, porque me cuesta entender cómo hay personas que años después les sigue gustando cierta música comercial, simplemente porque era lo que oía cuando eran jóvenes. ¿Te imaginas a una persona de 50 años oyendo a Harry Styles de aquí a veinte años? Es música que me es imposible entender que le pueda gustar a gente a partir de cierta edad. Pero pasa”.

Sí, pero creo que a veces nosotros tenemos un punto elitista pensando que nuestra música es la mejor. No veo nada malo en que te pueda gustar una canción de Harry Styles o Taylor Swift…
“Espera, espera (risas). Taylor Swift es otra cosa completamente diferente, no es que me guste, pero tiene calidad”.

A mí, por ejemplo, el pop comercial no me desagrada para nada. Creo que es música hecha para gustar a la gente y, al fin y al cabo, yo soy gente. Nunca me ha interesado mucho tener que enseñar mi carné de identidad del metal.
“Por supuesto. Aunque sea un metalhead, yo no valoro la música sólo por el hecho de que sea o no heavy. Si algo me gusta ya me está bien, simplemente que esa música tan comercial no va conmigo. Me causa repulsa”.

Lo más interesante del libro es ver cómo cambia la perspectiva del metal según cuándo hayas crecido con él y en qué lugar. Tomemos por ejemplo el power metal. En tu obra apenas lo citas porque en Inglaterra fue un movimiento residual, pero hay una generación de metalheads que su primera exposición al género fueron bandas como Blind Guardian, Stratovarius, Rhapsody. En Europa fueron muy importantes.
“¿Sabes lo que decimos en UK de estos grupos? Que el power metal se inventó porque los alemanes necesitaban algo para escuchar (risas), ¡y es verdad! Pantera, Sepultura, Fear Factory, Metallica… ésas fueron la clase de bandas con las que yo crecí y me influenciaron. Todo ese tipo de grupos nunca fueron portada de Kerrang!. Es que son tan histriónicas… en Inglaterra nos lo tomamos todo más a guasa y lo que nos gustan son bandas con los pies en el suelo como Motörhead, Judas Priest, los putos Venom… que parecía que se lo tomaban en serio, pero se reían de todo. Sólo tienes que ver el tipo de bandas que hemos tenido: todas tienen un punto de sentido del humor. Cradle Of Filth en el black metal, Acid Reign o Lawnmower Deth en el thrash metal, Carcass en el grindcore… ¡Esos títulos!”.

Bueno, ahí tenemos una de las claves. Puedes ser una banda como Carcass, ponerle sentido del humor y, al mismo tiempo, ser uno de los mejores grupos de las últimas décadas.
“¡A eso quería ir! Pese a que nos gusta tomarnos a risa muchas cosas, eso no significa que las bandas tengan que ser malas. Nunca he creído en eso de que es tan malo que me acaba gustando. Hay demasiada música buena como para acabarse fijando en la mala. En Inglaterra es muy difícil que hubiese salido una escena como ésa con bandas como Blind Guardian y todo ese escapismo de la mitología y demás tonterías (risas). Muchos lugares de Inglaterra son un mísero agujero, y las letras y la música reflejan eso. Se pude hablar de escapismo, pero otro tipo de escapismo”.

Todo cambió en los 90, con la muerte del glam metal y la explosión de las bandas underground. Me gusta la analogía que haces de la evolución del metal a partir de ese momento. Hablas de que ahí empieza una auténtica evolución en la que se mezcla con otros estilos y hasta se vuelve vanguardista. Una evolución que ha durado hasta hace unos pocos años, en la que el estilo ha vuelto a mirar hacia atrás de una manera constante.
“Exacto, yo creo que los límites del género ya se han marcado, no se puede ir más allá porque entonces ya no sería metal. Para mí el nu metal fue el punto de inflexión de todo esto. En mi show siempre hago esta broma sobre la evolución del metal: ‘Progreso, progreso, progreso, nu metal, receso, receso, receso’ (Risas). También creo que influyó que muchos músicos que habían hecho metal en sus inicios se fueron hacia otros terrenos, por un ansia de experimentar ya que el estilo se les quedó pequeño. Mira alguien como Larry LaLonde. Empezó en Possessed y acabó como guitarra de Primus y tocando en discos de Tom Waits. Pero hay más, Chuck Schuldiner, Fenriz de Darkthrone, nombre bajo el cual pasó de death metal a black metal primitivo, a crust punk, y ahora están casi en fase de heavy metal tradicional. Más, Carcass, Justin Broadrick y Mick Harris de Napalm Death, que pasaron del grindcore a música industrial o experimental…en los 90 hubo muchos músicos que tomaron ese camino. Podemos hablar de Metallica, que en discos como Load o Reload tomaron una dirección que nadie esperaba, ¡pero era lo que querían hacer!”.

En esos 90 también empezó con fuerza internet y eso también supuso un cambio radical. A los músicos y fans les fue fácil indagar en otros territorios.
“Claro, ése es otro factor fundamental. La gente por fin pudo escuchar a bandas que hasta hace unos meses antes sólo había oído hablar de ellas. De golpe podía escuchar a una banda como Tank, de los cuales era muy difícil comprar discos. No era el típico grupo que estaba en las estanterías de la HMV. Fue un momento en que un chaval que se había metido en el metal más mainstream podía indagar en el underground sin problemas. Por fin estaba a su alcance”.

Antes has mencionado a Metallica. Me gusta que los defiendas a pesar de todo. Pienso que el metal necesita más bandas como Metallica, que lleguen a las masas y que, en cierta manera, normalicen el estilo delante de la propia industria. Está bien que haya gente que esté fuera de la escena que de vez en cuando escuche o vaya a ver un grupo de metal.
“¿Sabes cuál es ahora un perfecto ejemplo de eso? Ghost”.

Exacto, pero su música no es muy metal. Es verdad que Tobias tienen un background de metal y que por eso hay relación con el estilo, pero son otra cosa. A mí me encantan, pero no los veo como un grupo de metal. Pero Metallica sí lo son a pesar de lo que se pueda decir. Además, me encanta que hicieran trabajos como Load, que no me gustan nada, pero que les apetecía, o St. Anger, que por el contrario me flipa…
“¿¡En serio!? ¡Debes de estar de broma!”.

(Risas) Para nada, lo digo muy en serio. Creo que la gente se olvida de que gran parte de las raíces de Metallica están en el punk, y pienso que St. Anger tiene mucho de eso por la manera en que está hecho, el sonido, las canciones.
“Es interesante, pero es que yo creo que las canciones son malas, y las letras, terribles. No hay nada que me haga conectar con ese disco. Pero me alegro de que te guste. Para mí el disco donde realmente tomaron riesgos fue en Load, porque ahí sí creo que hicieron lo que realmente les pedía el cuerpo. Mira una canción como ‘Mama Said’, una puta canción de country pop. Podían haber hecho un Black Album 2, pero hicieron eso”.

Al contrario de lo que pasa hoy en día, en los 80 el punk y el metal eran enemigos acérrimos. Agua y aceite…
“Iron Maiden todavía están enfadados con el punk (risas). Creen que es un infraestilo”.

Lo que es una ironía, porque su primer disco está más cerca del punk que del heavy metal.
“Absolutamente, nunca les gusta que se lo recuerden, pero la crudeza de ese álbum está ahí”.

Aunque el thrash ya acercó posiciones entre ambos estilos, creo que el grindcore fue el que lo normalizó. Es el matrimonio perfecto entre el metal extremo y el punk extremo.
“Para mí el grindcore es una escena más asociada al punk. Suena como death metal pero viene del crust. Bandas como Amebix son la expresión definitiva de lo extremo en el punk. Pero es cierto que el grindcore se movía muy bien entre los dos estilos. Mira Napalm, pasaron a ser una banda de death metal en Harmony Corruption, aunque luego siguieron jugando con otras cosas. Es lo que comentábamos de la experimentación durante la década de los 90”.

El death sueco es otro ejemplo de cómo el punk influenció en el death metal. Me gusta más que el death americano precisamente por eso…
“Mira esto… (Me enseña un pin de Dismember -ndr.)”.

¡Oh, Dismember! La mejor banda de death metal de Suecia. Por encima de Entombed. Los dos están cerca, pero me quedo con Dismember.
“Para mí también. Like An Ever Flowing Stream es el mejor álbum de death metal. Al principio pensaba que eran los hermanos pequeños de Entombed, pero para nada. Nadie como ellos supo poner el punk en el death metal”.

Para acabar, me gustaría ir al final de tu libro…
“Sí, donde Manowar se convierten en presidentes de la nación”.

¡Ojalá! Nada me haría más feliz. Amo los primeros discos de Manowar. Pero mientras llega eso, reflexionas sobre el momento actual del metal y sobre todo, cómo está cambiando todo. Comentas que es muy difícil que existan unos nuevos Metallica. Y creo que es una pena. Siempre es necesario bandas enormes que llenen estadios y sean cabezas de cartel de grandes festivales.
“Puede ser, pero es lo que existe ahora. Míralo por el lado positivo, antes de empezar la entrevista me comentabas la gran escena que tiene ahora mismo España dentro del metal extremo y cómo muchas de esas bandas tienen repercusión fuera, algo que nunca había pasado. Para mí es genial que pueda tener acceso a veinte buenas bandas de aquí”.

Sí, pero también a 40 malas. Y también a veinte buenas y malas de cada país del mundo. Es imposible hacer una buena selección, porque no se ponen límites.
“Ya, pero ahí la prensa tiene que hacer su papel de prescriptor y que separe lo que es bueno de lo que no lo es. Pero, ¿no crees que es un buen precio a pagar que puedas tener cientos de bandas buenas a tu alcance a cambio de que no existan unos nuevos Metallica?”.

Pues sinceramente, a estas alturas del partido diría que no. Es imposible para mí absorber tanta música, por buena que sea. La cantidad hace que las cosas pierdan valor.
“¿De verdad crees eso? Creo que es un buen debate para nuestro próximo encuentro”.

¡Pues que así sea!

RICHARD ROYUELA

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