“Cuando era joven, la vida era fácil. Un dulce mensaje enviado, rápidamente recibido”. Así empieza ‘Never Come Never Morning’, el tema que abre el quinto disco de Nothing. Conociendo la complicada existencia que ha tenido su líder, Domenic Palermo, sus palabras te caen encima con un peso extraordinario.
Un padre abusador, dos años en prisión tras ser condenado por homicidio, diversas adicciones y múltiples problemas de salud mental y física bastarían para que cualquiera hubiera tirado la toalla. Pero, milagrosamente, Palermo ha logrado convertir todas esas desdichas en combustible para avivar su creatividad. Sin embargo, si hasta ahora toda esa mochila vital se había presentado envuelta en un ruido claramente deudor del shoegaze, en A Short History Of Decay ha optado por dar más protagonismo a la voz y a la contención.
No deja de ser paradójico que, justo ahora que Nothing cuenta con la formación más estable y amplia de su trayectoria, este haya sido el resultado. Como también lo es que, en un momento en el que el shoegaze vuelve a estar tan en boga, ellos hayan decidido distanciarse parcialmente del estilo.
Si bien en cortes como ‘Cannibal World’, ‘A Short History Of Decay’ o ‘Toothless Coal’ nos movemos en un territorio más reconocible, con esa maraña de guitarras heredera de My Bloody Valentine y una base rítmica con pegada que juega con patrones inspirados en el drum’n’bass y el hip hop, es en los temas más lentos donde el grupo sorprende de verdad, mostrando una cara más vulnerable, desnuda y melódica.
Ahí es donde el disco gana profundidad y donde Palermo parece más dispuesto que nunca a exponerse sin parapetarse tras la saturación. ‘The Rain Don’t Care’ es una balada con ecos de los Beatles y unos arreglos ligeramente country; ‘Purple Strings’ remite por momentos a Radiohead, mientras que ‘Ballet Of The Traitor’ desprende una cadencia muy Twin Peaks, con un Palermo prácticamente susurrando. Aunque los referentes sean un tanto evidentes, en estos pasajes, Nothing no solo bajan el volumen, sino que también afina su capacidad para emocionar desde la fragilidad.
El álbum se cierra apropiadamente con ‘Essential Tremors’, una canción que funciona como una suerte de síntesis de los Nothing actuales: empieza con calma, apenas voz y un rasgueo de guitarra, para ir creciendo en intensidad con la entrada del bajo y la batería, hasta desembocar en un propulsivo solo de guitarra y la banda a pleno rendimiento, recordándonos que su fuerza sigue intacta incluso cuando deciden contenerse. Un final que resume con acierto la tensión constante del disco entre la herida abierta y la necesidad de seguir adelante.
JORDI MEYA









