Es casi imposible abstraerse de los recuerdos y la nostalgia cuando uno se enfrenta a algo que le marcó hace media vida. Y es que podría enumerar mil y una vivencias asociadas a las escuchas que me regaló Latzen en la adolescencia, una de las bandas precursoras del heavy metal en euskera -con permiso de Su Ta Gar- que, con tan solo dos trabajos en su haber, y a pesar de 27 años de silencio discográfico, aún seguían presentes en la memoria de muchos de nosotros.
Tener algo tan idealizado hace que el miedo a sentirte defraudado sea casi tan grande al ansia de poder disfrutarlos de nuevo. Este fue uno de mis primeros pensamientos al confirmarse la vuelta del cuarteto de Oñati. Fuera como fuera el resultado, iba a ser complicado estar a la altura tanto de Kontzientzia ala Infernua, debut que sacudió la escena vasca con una mezcla hipervitaminada de thrash y heavy -y trascendió a todo tipo de públicos con su balada ‘Laztana’, como de Ardi Larruz, un segundo trabajo que aún siendo permeable a las tendencias de los últimos 90´s con un cambio de sonido significativo, estaba a la altura.
En un contexto así, es lógico y hasta cierto punto entendible que el concepto del paso del tiempo haya sido el punto de partida -y quizá inspiración ante la temida página en blanco- de Denboraren Orbainak. Su primer single, ‘Memento Mori’, divaga sobre ello con un ritmo musculado y marcial muy en la onda del Black Album de fondo. Poco después llegaría ‘Heroi Direnak’, una balada a la que le cuesta arrancar y que siguió ofreciéndome dudas respecto al camino escogido por la banda en esta nueva etapa. Seguramente sea complicado definir cuál es el sonido de un grupo con tan solo un par de álbumes -bien diferentes, además- y que lleva dos décadas en la sombra, pero mi cabeza siempre había asociado a Latzen con algo más de velocidad.
Todos estos interrogantes se resolvieron al escuchar el disco al completo, y más concretamente ‘Txori Txarrak’. Además de devolver ese nervio que tanto añoraba, el tema de apertura se siente como la bisagra que une a aquellos Latzen con estos “nuevos”. Y es que, a diferencia de otros, han sabido encontrar el equilibrio a la hora de enlazar pasado y presente, manteniendo la esencia intacta y mirando también hacia adelante con un sonido pulcro, potente y actualizado. Incluso hay pequeños detalles en el artwork, como el logo de siempre distorsionado por el fugaz devenir de la vida, que reflejan muy bien todo esto.
La variedad es patente a lo largo de todo el disco. El lado cañero se complementa con temas como ‘Eutsi!’, otro pildorazo de temática social por el que mereció la pena esperar, ‘Dogma’, más interesante cuando da un pequeño giro en su épico final, ‘Txarriboda’ o ‘Zilarrezko Kaiola’, de los más completos del lote. Pero hay otros muchos registros en él, como la instrumental ‘Denboraren Orbainak’, el medio tiempo ‘Zauria’, donde Palestina sirve de trasfondo en una historia personal, o ‘Arnasbideak’, con un deje oscuro y alternativo a lo Alice In Chains que no les habíamos conocido. Y si en algún momento piensas que la espontaneidad de entonces se ha perdido por el camino, ahí están los solos de guitarra, presentes y elegantes en cada uno de los temas, para confirmar que esta gente lo sigue teniendo.
Cualquier fan de Latzen debería estar de enhorabuena, no solo va a poder disfrutarlos de nuevo encima de un escenario, sino que además lo hará con un disco de regreso más que digno.
JORGE AZCONA








