Con 35 años de historia a sus espaldas, Converge siguen funcionando como una anomalía dentro de la música actual: sin prisas, sin concesiones y sin repetir fórmulas. Hablamos con el guitarrista Kurt Ballou sobre su nuevo disco Love Is Not Enough, la evolución del metalcore y el impacto de Jane Doe en sus vidas y la escena.
Cuatro años después de Bloodmoon: I, un disco colaborativo creado con Chelsea Wolfe y Stephen Brodsky de Cave In, Converge vuelven a las esencias en su nuevo trabajo Love Is Not Enough que verá la luz el próximo 13 de febrero a través de Epitaph. Haciendo gala de un poderío y una resistencia poco común en unos tipos que rondan la cincuentena, Jacob Bannon (voz), Kurt Ballou (guitarra), Nate Newton (bajo) y Ben Koller (batería) han conseguido crear un álbum donde la máxima intensidad se mantiene de principio a fin y reclama el sentido original del término metalcore.
Como todos sus trabajos desde hace más de 20 años, Love Is Not Enough se grabó en GodCity Studio en Salem, en Massachusetts, el enclave desde donde Ballou se ha convertido en uno de los productores más reputados de la música pesada habiendo trabajado con una interminable lista de bandas, desde High On Fire a Kvelertak, pasando por Trap Them, Russian Circles o The Dillinger Escape Plan. Es precisamente desde su sala de grabación, donde nos recibe vía Zoom para charlar durante una larga media hora. El tipo es tan serio como su música, tomándose su tiempo para medir en cada momento sus palabras, pero sin ocultar el futuro incierto que le ha tocado vivir como músico y ciudadano.
Háblame un poco de Salem, la ciudad donde tienes el estudio. Desde fuera se conoce como un destino turístico por las brujas y todo eso, pero ¿cómo es vivir allí?
KURT BALLOU “Sí, ese es el reclamo principal. Salem tiene una historia larga y complicada. Fue uno de los primeros asentamientos de Estados Unidos y es una ciudad más antigua que muchos otros lugares del país. Durante muchos años hubo gente que es wicca, o que se interesa por cosas de tipo ocultista, que se ha sentido atraída por Salem debido a sus asociaciones históricas. Cuando me mudé allí en 2002 sentí que no había ninguna cultura juvenil en el pueblo. Me recordaba a cuando yo era un crío, en una época prei-nternet. Era uno de esos lugares en los que, si querías participar en la cultura juvenil y eras de esa zona, tenías que irte a Boston u otra ciudad. Las cosas han cambiado, desde luego».

¿En qué sentido?
«Creo que en parte la gente encuentra la cultura de otras maneras ahora, no necesariamente por una cuestión geográfica, pero creo que hay un factor muy importante: la gentrificación enorme en Boston. Hubo una cosa llamada el “Big Dig”, que cambió completamente la infraestructura viaria de la ciudad y acabó desplazando a mucha gente. La típica gentrificación que está pasando en todas partes empujó a mucha de la gente más artística, creativa y de rollo punk fuera de la ciudad, más hacia los suburbios. Y Salem, con esta asociación de ser un lugar guay… en cierto modo se ha benefició de ello. Yo, en cierto modo, también me he beneficiado de ello, ahora hay un ambiente que antes no existía. Hay estudios de tatuajes, cervecerías, restaurantes veganos, buenos cafés y hasta templos satánicos. Todas esas cosas no estaban cuando yo me mudé. Así que, desde mi perspectiva y desde la perspectiva de las bandas que se quedan en mi estudio, ha sido algo muy bueno. Aunque mucha de la gente local mayor no está contenta con cómo ha cambiado. La mayoría conservadora suele hacer mucho ruido con estas cosas y cuando ven gente con el pelo azul y aceras pintadas con arcoíris, se enfadan muchísimo. Pero a mí me parece genial. Ha sido un cambio positivo para la ciudad. Me encantaría que se construyeran más carreteras porque ahora todo está muy congestionado. Pero bueno, es un buen sitio para vivir”.
Supongo que los alquileres habrán subido. ¿Ha afectado la viabilidad de GodCity?
“Yo tengo suerte de ser propietario del edificio donde está mi estudio, así que no es una preocupación directa para mí. Pero los impuestos sobre la propiedad sí que han subido. Todo es caro en todas partes, especialmente en sitios agradables para vivir. Todo es caro y, por desgracia, no se ha abaratado nada”.
¿Tenéis patrullas del ICE por allí?
“No, no las he visto en persona. Eso no quiere decir que no esté llegando ni que no me preocupe. Me da miedo. Al ser esta una comunidad muy liberal o progresista, puedo imaginar que nos conviertan en un objetivo específico. Aquí hay una población inmigrante grande, particularmente latinoamericana, principalmente puertorriqueña. Pero son ciudadanos, así que por mucho que lo intenten, no pueden deportar a ciudadanos estadounidenses”.
¿Te preocupa que todo esta situación vaya a ir a peor o tienes esperanza de que a Trump la palme antes y termine la pesadilla?
“Está claro que tiene mala salud, pero no sé quién lo reemplazará cuando ya no esté. Desde luego es una época aterradora para ser estadounidense, una época aterradora para ser un estadounidense progresista. Tengo dos niños pequeños y siempre estoy preocupado por qué tipo de mundo están heredando de mí. Y al mismo tiempo, también está lo de: ¿podré seguir manteniéndolos? ¿Qué va a pasar? Por un lado hay amenazas de que se corte toda la financiación federal a los estados “azules” y, por otro, la música hecha con IA lo está ocupando todo. Y me preguntó ¿tendré trabajo dentro de un año o de cinco? No lo sé. Me gustaría pensar que sí”.
Desde luego el panorama no es muy alentador. Bueno, vamos a hablar de algo más positivo, vuestro nuevo álbum Love Is Not Enough, que aparece justo en vuestro 35º aniversario como banda. ¿Sientes que significa algo diferente o esencial en este punto de la carrera de Converge?
“Bueno, no lo veo como algo diferente. Quiero decir, somos las mismas personas y tenemos los mismos objetivos musicales. Es simplemente otra colección de canciones. No hay nada particularmente distinto en ese sentido».
Pero llega después de Bloodmoon I, que fue un proyecto más colaborativo. ¿Lo ves como una reacción a él?
«Lo es en el sentido de que no hay invitados y tiene un sentimiento muy urgente. Siempre estamos buscando nuevas formas de ser creativos dentro del paraguas de Converge. Algo similar pasó cuando hicimos Axe to Fall, que tenía muchas colaboraciones, y el disco siguiente tuvo menos o ninguna. Es una reacción solo en el sentido de que no queremos hacer lo mismo una y otra vez. Al final somos los cuatro de siempre, compartimos un vocabulario musical y llevamos mucho tiempo trabajando juntos, pero siempre intentamos ampliar la experiencia».
¿Habrá un Bloodmoon: II en el futuro?
“Espero que sí. Hay ideas flotando por ahí, pero es difícil decir cuándo se juntará todo. Ahora mismo estamos muy centrados en este disco”.
«Me preocupa que, a medida que envejecemos, llegue el momento en que empecemos a ser malos» KURT BALLOU
¿Qué cosas todavía te emocionan o te asustan cuando empiezas a escribir un nuevo álbum de Converge?
“Cuando terminamos uno, siempre sentimos ‘¿cómo demonios vamos a hacer otro?’ (Risas). Es muchísimo esfuerzo escribir y grabar un disco, y cuesta imaginar volver a hacerlo. Pero es lo que queremos hacer. Nos encanta el proceso y estamos muy agradecidos de que todavía haya suficiente gente interesada en la banda como para poder seguir haciendo discos. A veces se me olvida cuánto trabajo supone realmente hacer un álbum. Y también me preocupa que, a medida que envejecemos, llegue el momento en que empecemos a ser malos. Me gusta pensar que aún no estamos ahí. Creo que muchas bandas veteranas que ya no son tan buenas no se dan cuenta. Así que estoy agradecido de que todavía podamos encontrar maneras de hacerlo y de que nos siga resultando emocionante”.
Como productor, siempre tienes una visión más objetiva sobre la música de otros. Cuando se trata de Converge, ¿sigues siendo capaz de mantener esa objetividad?
“Creo que sí. Con los años he mejorado en ese aspecto, y creo que mis compañeros de banda también han aceptado más ese rol mío. Es complicado llevar los dos sombreros, pero tampoco me imagino delegando esa responsabilidad en otra persona”.
Por curiosidad ¿qué sería para ti un mal disco de Converge?
“No lo sé. No somos una banda ‘de carrera’ en el sentido de que no dependemos de Converge para ganarnos la vida. No creo que lleguemos nunca al punto de publicar algo solo por hacerlo o porque sintamos que tenemos que hacerlo. Hay bandas que necesitan sacar música porque es su trabajo, aunque no haya inspiración. Hay una razón por la que han pasado tantos años desde nuestro último disco: no teníamos el material. Ahora sí lo tenemos, así que sacamos un disco. Y me gustaría pensar que siempre seguiremos esperando hasta estar preparados antes de publicar música. Sacar un disco antes de tiempo no tiene sentido; si hubiéramos grabado Love Is Not Enough un año antes, no sería ni de lejos tan bueno como es ahora”.
¿Alguna vez os habéis separado como banda aunque no se haya hecho público?
“Sí, nos separamos en 1994. Nuestro bajista se mudó a Montreal y pensamos que no podríamos seguir con la banda. Pero no tardamos en darnos cuenta de que eso no tenía por qué acabar con Converge. Técnicamente solo estuvimos separados tres o cuatro meses, y aun así grabamos un disco durante ese tiempo. Nunca paramos del todo. Desde entonces no hemos tenido largos periodos de inactividad. No tocamos en directo en 2020, pero fue cuando estuvimos trabajando en Bloodmoon».
Cuando llegue el final, ¿crees que lo anunciaréis o simplemente desapareceréis?
“No lo sé. No tenemos planes. Supongo que cuando alguien muera… No hemos hablado mucho de cuándo parar. No creo que sigamos hasta que ni nos aguantemos en pie, pero quién sabe”.
En cualquier caso, este disco suena muy vital. Salvo un par de temas como ‘Beyond Repair’ o ‘Gilded Cage’, el resto es muy cañero. ¿Es complicado capturar esa energía en el estudio?
“Siempre es un reto hacer que todo suene igual de fuerte, pero es algo normal para nosotros. Estamos acostumbrados. Obviamente requiere trabajo conseguir que los sonidos y las interpretaciones encajen bien en la mezcla, pero es lo que siempre hemos hecho”.
‘Make Me Forget You’ tiene un aire casi black metal. ¿Te gusta ese estilo?
“Nunca he estado profundamente metido en ese tipo de música, pero hay cosas interesantes. Yo lo veo más como un tema D-beat melódico, más influencia sueca que noruega”.
¿Ha cambiado tu forma de grabaros a lo largo de los años?
“He aprendido a comprometerme más con la simplicidad. Me importa menos el equipo y menos las técnicas de grabación que antes. Ahora estoy más orientado al resultado. Antes pensaba que si tenía diez amplis de guitarra que me gustaban, debía grabarlos todos, pero la realidad es que menos amplis y menos micros suelen dar un sonido más grande. He aprendido a contenerme”.
¿Te consideras un coleccionista de guitarras o amplis?
“Soy dueño de un estudio, así que colecciono por defecto, pero no me interesa coleccionar por coleccionar. No soy coleccionista de discos, ni de juguetes, ni nada”.
¿Cómo sabes cuándo una canción está terminada?
“Esa es la clave: saber cuándo has trabajado lo suficiente y cuándo te has pasado. La objetividad es fundamental. A veces te enamoras de un riff porque lo has escrito tú, pero si te alejas unos meses y vuelves a escucharlo, puedes darte cuenta de que no funciona del todo. Eso es lo que nos permite hacer las canciones lo mejor posible. Cuando escucho discos antiguos, oigo buenas ideas, pero también una mala autoedición. Muchas veces fui yo el que forzó ideas que no hacían falta”.
En tu experiencia como productor, ¿en una banda es mejor que todos los miembros aporten o que haya una visión muy fuerte de una sola persona?
“Depende de la banda. En Converge disfruto la colaboración porque todos tenemos los mismos objetivos. Pero como productor es horrible trabajar con bandas donde cada miembro quiere algo distinto y el resultado suena a un compromiso entre todos. En esos casos, un liderazgo fuerte es mejor. En Converge somos una democracia real. Todos tenemos el mismo voto, compartimos el dinero y los derechos por igual. Eso es lo que nos ha mantenido juntos y sanos durante tanto tiempo”.
«No me gusta que nos metan en el mismo saco que bandas con las que no tenemos mucho en común” KURT BALLOU
Jacob suena en plena forma en este disco. ¿Te sorprende que haya mantenido su voz tan bien durante tantos años?
“Algunas personas nacen con eso. Yo tengo una voz muy débil, pierdo la voz enseguida. Él no. Tiene la resistencia y ha estado siempre activo cantando. Además, cantar en otras bandas también le ha ayudado”.
¿Canta las canciones de principio a fin en el estudio?
“No, normalmente las está cantando por primera vez cuando las grabamos, así que las va trabajando por partes y luego juntamos las mejores tomas”.
Ben es increíble a la batería. ¿Cómo lo grabas?
“Es un enfoque bastante sencillo, aunque cuando tengo tiempo uso muchos micros. En Converge hay micros por todas partes: arriba y abajo de los tambores, varios micros de bombo, micros dedicados a platos… No es para usarlos todos siempre, sino para tener opciones. La intensidad está ahí independientemente de cómo sitúe los micros”.
¿Consideras a Ben uno de los mejores baterías que has grabado?
“Sin duda. Así fue como lo conocí. Tiene una actitud increíble, casi como la de un skater: te caes, te levantas y usas la rabia para hacerlo mejor”.
El término metalcore ha cambiado mucho desde los 90. ¿Qué significa hoy para ti?
“Es útil para periodistas, marketing o playlists, pero no influye en cómo hacemos música. Me resulta curioso cómo cambian estos términos. A nosotros nos llamaron metalcore porque mezclábamos metal y hardcore, pero luego pasó a significar algo muy distinto, mucho más alejado del hardcore. Quizá ‘hardcore metálico’ sea más preciso para nosotros. No me gusta que nos metan en el mismo saco que bandas con las que no tenemos mucho en común”.
¿Crees que el espíritu original del hardcore sigue vivo como comunidad?
“Sí. Todo existe a la vez ahora. Hay una escena DIY muy viva, bandas políticas, bandas personales… El espíritu sigue ahí, aunque se fragmente en subescenas, pero entiendo por qué las cosas funcionan como funcionan hoy en día”.
¿Echas de menos cómo eran las cosas antes?
“Sí, desde luego echo de menos los días en los que la escena era muy pequeña y tenías un montón de bandas de estilos distintos en el mismo cartel. Cuando empezamos a tocar, muy pocas bandas giraban. Hacer una gira como banda punk o hardcore era muy difícil. Muchos de mis grupos favoritos ni siquiera tocaron nunca cerca de donde yo vivía y nunca pude verlos. Ahora la gente está de gira todo el tiempo, pero las escenas antes eran mucho más regionales. Ahora todo son giras ‘paquete’ con cuatro o cinco bandas juntas, todas del mismo estilo. Antes, si una banda conseguía girar, giraba sola, y en cada concierto había tres o cuatro bandas locales y luego un cabeza de cartel nacional. Echo de menos eso. Es más difícil promocionar una gira así y hacer que los conciertos vayan puntuales y funcionen bien, así que entiendo por qué a los promotores no les gusta incluir bandas locales. Pero en términos de construir escenas musicales, de entender la comunidad local y conocer gente, echo mucho de menos los días en los que había carteles mixtos: una banda hardcore, una metal, una de ska, una de shoegaze… todo en el mismo concierto. Porque al final había 200 chavales en esa ciudad y iban a todos los conciertos, diera igual qué banda rara tocara. Echo de menos esa polinización cruzada que se daba más en ese tipo de conciertos”.
Jane Doe, vuestro cuarto disco de 2001, se describe a menudo como un disco definitorio, no solo para vosotros sino para toda la escena y una generación de bandas de música pesada: más de 20 años después, ¿cómo ves hoy el lugar de Jane Doe dentro de la banda y dentro de la escena?
“Bueno, siento que es el primer disco de la era moderna de Converge. Es el primer álbum en el que Nate y Ben participaron de verdad en la composición. Y es donde realmente establecimos el vocabulario de todo lo que crearíamos después. Y, ya sabes, estoy muy agradecido de que fuera un disco clave para nosotros y para nuestra pequeña escena. Si no hubiera sido por ese disco, no sé si habríamos podido seguir adelante durante tanto tiempo como lo hemos hecho. Así que sí, estoy muy agradecido de haber podido formar parte de ese álbum y de que la gente lo haya querido y apreciado durante tanto tiempo”.
¿Crees que a veces ha eclipsado otros de vuestros discos?
“Creo que, como oyente, es muy difícil centrarse en un catálogo grande. Muy, muy pocas bandas tienen el privilegio de que su base de fans ame y escuche realmente todo su catálogo completo. Y eso a mí me parece bien. Existe muchísima música ahí fuera. No me ofende que eso resulte abrumador para algunas personas y que necesiten centrarse sobre todo en un solo disco”.
La primera vez que os vi fue precisamente en la gira de Jane Doe, en Sant Feliu de Guíxols. Antes de veros ya había oído cosas como “esta banda es increíblemente intensa en directo”. Cuando ibais a tocar a un sitio nuevo, ¿sentíais o sentís que había un listón que cumplir, que la gente esperaba algo especialmente extremo o diferente?
“No realmente. Quiero decir, creo que simplemente hacemos lo que hacemos y es lo que es. Hay noches en las que nos sentimos mejor que otras. Pero siempre estamos emocionados de tocar música juntos. Y siempre es una sensación increíble estar en un lugar súper lejos de casa y que la gente venga a los conciertos y quiera quedarse, pasar el rato y divertirse. Y mira, si tenemos un concierto que no es en las mejores circunstancias, porque a veces pasa, intento no castigar al público por ello dejando de dar un buen concierto. Para nosotros es importante simplemente divertirnos cada noche”.
JORDI MEYA










