Con A Short History Of Decay, Nothing han firmado el disco más honesto, frágil y menos shoegaze de su carrera, una obra que mira de frente al paso del tiempo y al desgaste del propio cuerpo. Su líder Domenic ‘Nicky’ Palermo nos atiende para hablar sobre sus problemas de salud, cómo convertir la decadencia en arte y cuál es su Beatle favorito.
Cuando Domenic ‘Nicky’ Palermo se conecta por Zoom a través de su móvil le noto ansioso. En otros tiempos, lo habría achacado a algún desajuste químico, pero la explicación es mucho más mundana: está esperando que Uber Eats le traiga un pedido. El músico se encuentra reunido con la actual formación del grupo -el guitarrista Doyle Martin (Cloakroom), el bajista Bobb Bruno (Best Coast), el batería Zachary Jones (MSC, Manslaughter 777), y el tercer guitarrista Cam Smith (Ladder To God, Cloakroom)- y el tiempo apremia. «Tenemos por delante diez horas de ensayo. Lo mínimo es darles de comer», me dice riendo.
En el momento de realizar la entrevista faltan dos días para que vea la luz A Short History Of Decay, el quinto álbum de Nothing con el que debutan en el sello Run For Cover. Lejos de limitarse a ampliar el espectro sonoro de la banda de Filadelfia, el trabajo funciona como una autopsia emocional en tiempo real: el cuerpo que falla, el pasado que pesa y una lucidez que llega tarde pero arrasa con todo.
La nueva formación suena más compacta que nunca, pero el disco coloca a Palermo en primer plano como narrador. Su voz ya no se esconde bajo capas de reverb, sino que las palabras adquieren más significado. Donde antes había distancia, ahora hay proximidad; donde había muro de ruido, hay confesión. Nothing siguen siendo a ratos una avalancha de fuzz, pero las grietas de la armadura son más visibles que nunca.
Ese cambio no nace de una estrategia estética, sino del tiempo. Tras el ciclo frenético de giras y discos que siguió a su debut Guilty Of Everything (2014), Palermo se encontró por primera vez sin prisa, obligado a enfrentarse a las relaciones que había descuidado y a una identidad absorbida por su propio proyecto. Ese parón, más que un descanso, fue una confrontación.
A lo largo de 40 minutos, Palermo habla sin filtros sobre adicciones, legado y miedo. También sobre cómo Nothing han pasado de ser un vehículo de supervivencia personal a una banda más cohesionada que nunca, y sobre su relación ambivalente con el revival shoegaze que ayudaron a provocar. El resultado es el retrato de un artista que ya no intenta protegerse del ruido —ni del exterior ni del interior— y que ha encontrado en esa exposición su forma más pura de belleza.
Me gustan todos vuestros discos, pero A Short History Of Decay me ha sorprendido. Siento que te muestras más como cantautor, una faceta que solo se había insinuado en unas pocas canciones, y aquí está como en plena floración.
DOMENIC ‘NICKY’ PALERMO «Sí, creo que esa es una valoración bastante justa».
¿Qué te llevó en esa dirección?
«Creo que el tiempo, sinceramente. Es una pieza grande del puzle: el tiempo. Ir entendiéndome un poco mejor simplemente hizo que fuese un poco más fácil escribir. He mencionado esto en muchas entrevistas, y odio sonar como un disco rayado, pero es bastante importante. Cuando compuse Guilty Of Everything en 2013, para mí fue una manera de volcar trauma. Lo que llevaba sobre los hombros me llevó a la música, y no al revés. No fue primero la música y luego ‘¿sobre qué escribo?’. Todo lo que tenía encima me llevó a querer usar un disco como una fuerza terapéutica. Y después de Guilty Of Everything, quedamos atrapados en esta rutina de diez años de escribir, grabar y luego girar, ya sabes, cada dos años y medio, durante cuatro álbumes. Así que en ese punto me estaba dejando llevar por la música. Y después de The Great Dismal tuve tiempo, un periodo de descanso prolongado. Y no tenía prisa por escribir. Ni siquiera sabía si iba a volver a escribir alguna vez».

¿Y qué te motivó a querer hacerlo de nuevo?
«Durante ese tiempo en casa intenté tratar restablecer algunas conexiones perdidas en mi vida que fui apartando por la obsesión de hacer Nothing… Y muchas de las cosas de las que me estaba escondiendo, cosas que no quería afrontar conmigo mismo, empezaron a salir a la superficie. Y no tenía dónde esconderme y me vi obligado a afrontarlas. Y entonces, una vez más, me llevó a poner boli sobre papel, y volvió a ser algo muy terapéutico. Y me ayudó a entenderme un poco más, por muy vergonzoso o por mucha vergüenza que me dieran ciertas cosas. Las miré de frente. Y cuando lo hice, parte del proceso fue simplemente hablar de ellas con un poco más de claridad. Y no pasó mucho tiempo hasta que la música volvió a salir. Me di cuenta de que esto podía ser un disco, pero quería abordar la música de forma honesta. No quería coger canciones que había maquetado e intentar encajarlas en el ‘estilo Nothing’. Quería que las canciones respiraran libres y vivieran como quisieran vivir, da igual dónde nos colocaran en el gran esquema de la escena musical. Se trataba de ser honesto durante el proceso. Y así es como llegamos a donde estamos».
Muchos artistas o bandas se quedan confinados en el sonido por el que se les conoce y cuando algo sale de su estilo, deciden hacer un disco en solitario o empezar otro proyecto. ¿Tuviste dudas sobre publicar esta música como Nothing?
«Siempre hay dudas, siempre hay miedos. Podría sentarme aquí y decir que no me importan las opiniones de la gente tanto como en realidad me importan, pero todo me afecta. Tengo la mala suerte de que esto sea un proyecto tan DIY que soy yo el que tiene que contestar DMs y ver todos los comentarios. Vivimos en una época muy extraña en la que puedes escuchar todas las opiniones. La gente dice cosas terribles. La gente dice cosas bonitas. Pero yo lo veo todo. Y tengo una coraza bastante gruesa, pero aun así hay miedos y cosas así. Pero necesitaba pasar por encima de eso. No es que hayamos reescrito el sonido de Nothing para nada. Es solo una versión más refinada de lo que venimos haciendo, creo, que cualquier fan de verdad de Nothing lo va a apreciar mucho. Viene de un lugar honesto y está siempre cambiando. Odiaría estar haciendo el mismo disco que llevo haciendo durante… mucho tiempo. Me he sentido muy cómodo haciendo lo que quiero hacer. Y a estas alturas no necesito demostrarle nada a nadie. Solo quiero hacer los discos que creo que necesito hacer».
Supongo que eres consciente del ‘revival’ del shoegaze. Parece que todas las bandas ponen en su bio que tienen influencias shoegaze, y es casi como una medalla que se ponen aunque no la merezcan. Con este álbum, ¿querías consciente o inconscientemente distanciarte de todo eso?
«No, no fue consciente. Cuando empecé, con Nothing creé un sonido que no se parecía a nada de lo que había por ahí en ese momento. Durante los últimos 12 años, ese sonido ha inspirado a muchas bandas más jóvenes a tirar de ese estilo y hacerlo a su manera. Para bien o para mal: hay bandas buenas que, siento, cogieron inspiración de lo que hicimos, y luego hay otras muy malas que hicieron lo mismo. Así que se me hace difícil pensar que quizá soy responsable de lo vergonzosa que es la palabra ‘shoegaze’ a estas alturas… me siento algo responsable de eso. Pero es un arma de doble filo. Al mismo tiempo han salido cosas preciosas, y ha habido un subidón de nivel con muchas de las bandas jóvenes que están saliendo ahora y haciendo cosas muy guapas. Me emociona ver a gente que se arriesga de verdad con sonidos y paisajes sonoros. Obviamente, cuando algo se pone de moda, también salen copias malas. Ya pasó en los 90 también. No voy a decir nombres, pero ya sabes de qué bandas hablo».
A medida que nos hacemos mayores, el paso del tiempo se acelera cada año de manera irremediable. ¿Sientes que has desperdiciado mucho tiempo en cosas que no importaban y que quizá ahora estás en un camino para que todo lo que haces importe?
«Ya sabes, va en los dos sentidos. Hay muchas cosas que he hecho en mi vida al margen de Nothing que podría decir: ‘Ojalá esto no hubiera pasado’ y ‘ojalá lo hubiera hecho de otra manera’. Pero al final es algo inútil incluso de plantearse. Lo que sí sé es que todo lo que me ha pasado me ha convertido en la persona que soy ahora mismo. Y seguirá siendo así hasta que me muera. No siento que haya desperdiciado tiempo, pero sí siento que podría haberlo gestionado de otra forma. Como dije, me obsesioné con este proyecto en 2012 porque era terapéutico para mí. Así que era muy importante en muchos niveles. Era mi motivo para despertarme y levantarme de la cama por la mañana, algo que antes no tenía demasiado. Pero en el proceso de hacer eso, sí aliené muchas relaciones que tenía. Me giré con fuerza hacia Nothing y dejé de lado muchas cosas a las que necesitaba prestar más atención, las descuidé. Y eso es algo con lo que tuve que sentarme y lidiar cuando me tomé este tiempo libre. Para mí es solo otra parte de la historia. Siempre va a haber problemas y siempre va a haber cosas que podrías haber hecho mejor. Pero cómo sigues adelante es la verdadera definición de lo que eres».
Cada vez que publicas un disco parece que viene acompañado de un nuevo parte médico. He leído que en esta ocasión tuviste problemas con temblores en las manos y en la voz. ¿Cómo afectó eso a las interpretaciones en el nuevo álbum? ¿Te limitó de alguna manera?
«Sí, definitivamente hubo limitaciones. Mis extremidades sí tienen bastante temblor y… ya sabía que esto corre en el ADN de mi familia. Se salta a un par de personas y luego les toca. He tenido un tío que tuvo que operarse del cerebro para arreglarlo porque ni siquiera podía sostener un vaso de agua. Él estaba en sus 60. Yo estoy en mis 40. Así que es una señal de lo que se viene, pero hay opciones. Llevaba viendo algunos síntomas en los últimos años, pero esta es la primera vez que lo escuchaba en mi voz en el estudio. Nunca me consideré el mejor cantante, pero durante muchísimo tiempo intentaba que mi voz sonara lo mejor posible en los discos. Pero cuando llegamos al estudio, tengo un micro muy sensible porque canto bastante suave, y se podía oír una vibración extraña en mis cuerdas vocales. Y fue como un puñetazo en el estómago, un poco, como: ‘Guau, vale, esto está empezando a afectar las cosas en serio’. Antes era más como… vergonzoso verme en un bar intentando sostener una copa de martini y estando ahí… ya sabes, dando tumbos. Así que había un poco de vergüenza, pero nunca afectó realmente mi trabajo. Así que cuando lo escuché en el estudio, al principio fue un poco aterrador, para ser sincero. Pero tuve que convencerme de que era parte del plan, y de que en vez de coger esa voz e intentar esconderla, como típicamente podríamos hacer en otros discos de Nothing, era más bien: dejemos que viva como es. No la escondamos. Pongámosla en primer plano, ¿sabes?, porque esto eres tú y esto es una parte de ti y de lo que estás haciendo. Y estás diciendo cosas de las que no habías hablado realmente antes. Y estas canciones están sonando un poco diferentes. Y simplemente se sentía como lo natural: enfatizarlo en lugar de intentar arreglarlo. Sigo volviendo a cómo quería que sonaran las demos. No quería perder el alma que había en esas demos que teníamos. Suena doloroso por momentos. Y de verdad quería llevar eso a la grabación final lo mejor que pudiera».
No sé si sientes que tu yo físico, tu cuerpo, es lo opuesto a cómo funciona tu mente. En el sentido de que, cuando eres un artista, tu obra vive para siempre, lo que has creado es casi indestructible. ¿Cómo vives esa disonancia entre decadencia física y tu mente creativa?
«Siempre he sido muy testarudo. Siempre he superado los problemas con la cabeza agachada y rompiendo cualquier muro. Siempre he sido así. Tiendo a sacar adelante lo que necesito sacar adelante de esa manera, para bien o para mal. Así es como me criaron. Es muy común ser así de donde yo vengo, en Filadelfia. Es esa actitud de saltar primero y pensar después. Y sí, sin duda ha tenido sus efectos en mí, mental y físicamente. Pero como dijiste: estas canciones que estoy creando son indestructibles y estarán aquí mucho después de que yo me vaya. Y eso es importante para mí. Ya sabes, la mayoría de la gente intenta dejar alguna huella en su trabajo. Y por mucho que yo luche con la relevancia de eso en general, aún está en el fondo de mi cabeza. No tiene que ver con querer dejar un legado. Tengo mi filosofía sobre dejar cosas atrás, es un poco cínica, creo, pero… es por lo que he trabajado, y estará aquí cuando yo ya no esté. Me mola poder dejar algo atrás que es honesto. Esa es mi idea principal».
Me gustaría hablar un poco de Nothing como banda, aunque en realidad lo empezaras como un proyecto más personal. Como te decía antes, siento que en el nuevo disco has sacado tu faceta más de cantautor, pero la energía que transmitís es más la de banda-banda.
«Sí, yo también lo siento un poco. Siempre he tenido problemas con eso. Siempre he luchado con ser el frontman, quizá por modestia, quizá por inseguridad, y me apoyé en la idea de que fuera una banda como tal. Pero lo cierto es que siempre he estado yo al volante. Y no lo digo como una declaración de que yo sea el líder, pero es bastante obvio que este disco está basado casi exclusivamente en mis experiencias y es algo que voy a tener que superar. Pero sí: tener a esta banda conmigo, este grupo de personas que he reunido para este álbum, y ojalá por mucho tiempo, ha sido muy especial y ha hecho que todo fuese muy fácil. He tenido mucho apoyo. Me ayudaron a elevar lo que yo tenía. Todo lo que yo puse como base, cada uno en su rol, aprovechó la oportunidad y me ayudó a llevarlo a otro nivel. No podría haber hecho esto sin ninguno de ellos.»
Has admitido en el pasado que quizá por las drogas o por tu comportamiento no eras una buena persona con la que trabajar o estar de gira. ¿Te resultó difícil encontrar gente que quisiera tocar contigo? ¿Sentías que tenías mala reputación en la escena o entre músicos?
«No, creo que soy más dañino conmigo mismo que con nadie más. Cuando era joven era un poco una bomba, seguro. En los primeros días de Nothing, intentando moverme por este mundo que no conocía, probablemente podría haber hecho las cosas mejor. Pero por Nothing han pasado más de 30 miembros y mantengo contacto estrecho con el 95% de ellos. Cuando hicimos el aniversario de Guilty Of Everything llamé a 10 personas que habían tocado en Nothing antes y cuando dimos el concierto en Filadelfia, subió una persona distinta y cambiábamos instrumentos para tocar conmigo. Así que siempre he tenido buena reputación, muy buena, con los miembros anteriores. Hay mucha gente a la que le jode verme todavía por aquí, seguro, pero no necesariamente ex músicos de la banda».
Me sorprendió bastante que Bobb Bruno de Best Coast sea miembro de la banda. ¿Qué te aporta?
«Bobb lleva con nosotros mucho tiempo ya. Ha girado con nosotros durante toda la última década. Durante un tiempo era técnico de guitarra, pero él se autodenominaba ‘técnico de bedidas’ porque preparaba los cócteles (risas). Así que ha estado por aquí desde hace mucho, era cuestión de tiempo meterlo en la banda. Su carácter en general es genial para tenerlo alrededor, pero además es como una navaja suiza. Tiene un conocimiento ilimitado de los equipos. Siempre es el tipo que me ayuda a arreglar la pedalera. Y más allá de eso, cuando enviamos las demos y pedí que todos les pusieran su huella… el bajo es algo que yo siempre había pasado por alto en Nothing, simplemente porque al hacer tantas cosas, cuando llegaba al bajo, era como muy simplista. Cuando llegamos al estudio y Bobb empezó a grabar cosas con el bajo, yo estaba como: ‘Joder, esto es fenomenal’. Está levantando muchísimo estas canciones en ciertas secciones. Me dejó completamente alucinado, la verdad».
¿Y qué dirías de los demás?
«Zach, el batería… ya sabes, tenía que llenar los zapatos de Kyle Kimball. Kyle era la fuerza motriz detrás de Nothing desde el primer día, desde el segundo en que tocó la batería en Guilty Of Everything. Pero Zach es un gorila detrás de la batería: le pega durísimo, es agresivo. Pero también tiene este lado sensible hacia la música electrónica, y es realmente brillante a la hora de llevar eso al primer plano, que es algo con lo que yo sabía que quería meterme. Y obviamente Doyle ha estado por aquí y es casi el miembro más veterano de Nothing a estas alturas. Un guitarrista brillante, gran compositor, voz de ángel. Es una locura ver la voz que le sale… me deja flipando a veces. Y luego la incorporación de un tercer guitarrista con Cam: es un tío más joven al que he llegado a querer mucho y me encanta tener cerca. Súper, súper talentoso. Y todo funciona muy bien en conjunto. Y como dije, espero mantener esta formación durante bastante tiempo. Me encantaría hacer otro disco con ellos, manos a la obra en el estudio y ver qué sale».
Entrando un poco más en el álbum: empieza con ‘Never Come Never Morning’ que suena como el inicio de algo. Me preguntaba si fue también la primera canción con la que te diste cuenta de que estabas empezando un nuevo álbum.
«En realidad no. Obviamente fue una de las primeras canciones que escribí para el disco. Fue una de las primeras en las que me di cuenta de que no quería coger esa canción e intentar encajarla en Nothing y cambiar el sonido de la demo. La demo que hice era sin percusión: solo guitarra y voz. Pero yo pensaba: ‘no quiero alejarme demasiado de cómo suena. Suena significativo y suena poderoso así’. Así que construimos el tema alrededor de eso. Pero no fue hasta que tuvimos todas las pistas hechas y hablábamos del orden, que Cam me dijo: ‘Tienes que ponerla como primer tema uno. Es la transición perfecta hacia este disco’. Y yo estaba como: ‘¿En serio?’. Entonces empecé a moverlas. Me machaco con el tracklist y con cómo se colocan los temas, porque soy muy meticuloso y quiero que cada disco se sienta casi como una novela: un inicio potente, un punto álgido a mitad y luego un final, como, trágico. Siempre lo hago así. No lo vi al principio, pero Cam tenía razón. Creo que tenía razón, sin duda. Y otra razón más por la que tengo suerte de tener a estos tíos conmigo».
‘The Rain Don’t Care’ suena como una canción que John Lennon podría haber grabado si estuviera vivo. ¿Buscabas ese feeling?
«Es por ese acorde, seguro. Yo pensé lo mismo. Mi madre es muy fan de los Beatles, muy fan de Lennon. Le dije: ‘Esta es mi canción George Harrison’. Y ella me dijo: ‘Es tu canción Lennon’. Y yo: ‘Vale’. Pero sí, ese acorde que entra en esa canción realmente le da ese rollo, y eso mola. Me encanta esa canción».
¿Cuál es tu Beatle favorito?
«Yo soy más de Harrison. Cuando era niño me encantaba Lennon. Incluso me gustaba Julian Lennon (risas). Cuando me hice mayor, me fui desplazando hacia Harrison porque me encantan sus discos en solitario. El que no me gusta mucho es Paul (McCartney), la verdad».
Y luego está ‘Ballad Of The Traitor’, que para mí tiene un rollo muy Angelo Badalamenti, Twin Peaks.
«Sabes, no sé si iba a por eso. Recuerdo que estaba trasteando con un pedal que me compré, era como un pedal de reverb, y nunca lo había usado. Me puse a tocar por encima y saqué una melodía vocal y una parte de guitarra, y lo convertí en una canción. Creo que durante el proceso pensé: ‘Tío, esto me suena como una mezcla entre Slowdive y Beach House’. Y me quedé enganchado a eso. Y era como: ‘Vale, ¿cómo sigo?’. Porque si pudiera hacer eso de alguna forma, estaría en un buen sitio, ¿no? Así que tiré con esa idea un rato y luego intenté añadir algunos aspectos de Nothing al final. Esa canción también se hizo un poco sobre la marcha en el estudio».
Para terminar quería hacerte una pregunta un poco personal: has metido en tu cuerpo drogas legales e ilegales. ¿Sientes que algunas drogas legales deberían ser ilegales y viceversa?
«Sí, o sea, te digo una cosa: cuando tuve mi lesión en la cabeza, los médicos me metieron un montón de benzos y antidepresivos y tal, porque estaba lidiando con un trastorno de estrés postraumático: me sentía bastante paranoico, a veces un poco bipolar, como sintiéndome un poco loco. El neurólogo me puso una mezcla enorme de medicamentos. Y la tomé durante cinco o seis años. En un momento me cortaron Medicaid aquí en Estados Unidos y no pude conseguir las recetas, así que tuve que dejar todas esas medicinas de golpe, en frío. Y tuve un colapso total. Casi acabé ingresado un par de veces. Escuchaba voces. Empecé a perder la cabeza un poco. Eso no me ha pasado nunca con ninguna de mis drogas ilegales, ¿sabes lo que quiero decir? Así que… sí. Y lo del narcotráfico… podría tirarme hablando para siempre del comercio de drogas ilegales, la violencia y el dolor que conlleva, y de cómo eso se podría solucionar fácilmente. Pero al mismo tiempo ¿quién se ocuparía de comerciar con ellas legalmente? Porque la industria farmacéutica obviamente es igual de mala, si no peor. Así que… ni puta idea, básicamente».
JORDI MEYA
Nothing actuarán el próximo 17 de abril en la sala Paral·lel 62 dentro del Barcelona Pysch Fest. Entradas en este enlace.









