Pasar varios años en bancarrota, abrir una pizzería, dar conciertos en la mansión de El Resplandor, o incluso acabar tocando en cuevas subterráneas. A lo largo de sus más de 20 años de existencia, Murder By Death han pasado por todo tipo de situaciones a cada cual más extraordinaria. Tras haber superado también la pandemia, ahora se encuentran de nuevo dispuestos a seguir viviendo todo tipo de aventuras.

Si de algo puede presumir Adam Turla es de haber vivido un sinfín de experiencias gracias a la música. Junto a su esposa Sarah Balliet, lleva conduciendo desde hace más de dos décadas la nave de Murder By Death. Un grupo que en un primer vistazo superficial podría parecer como cualquier otro, pero al que según te vas acercando más y más, descubres que en ellos se esconde algo especial.

Establecidos en Bloomington, Indiana a comienzos del nuevo milenio, en sus inicios llamaron tímidamente la atención dentro del circuito emo gracias su conexión con Gerard Way de My Chemical Romance y Geoff Rickly de Thursday (ambos colaboraron en su segundo largo de 2003, Who Will Survive, And What Will Be Left Of Them?) y la peculiaridad que les otorgaba el cello de Sarah. Pero no sería hasta llegar a trabajos como In Bocca Al Lupo y Red Of Tooth And Claw que el grupo acabaría por definir su personalidad a medio camino entre el folk de corte gótico y el indie rock, demostrando que ser uno más entre el rebaño no iba con ellos.

A pesar de que nunca han acabado de dar ese salto en cuanto a público que les sitúe en otro nivel, la banda que a día de hoy completan el batería Dagan Thogerson, el multinstrumentista David Fountain, el bajista Tyler Morse, y su última incorporación, la violinista Emma Tiemann, ha conseguido permanecer fiel a su espíritu independiente durante todos estos años. Más allá de mantener un ritmo de trabajo constante, curiosidades como sus conciertos anuales en el Stanley Hotel, dónde se rodó la película de Stanley Kubrick El Resplandor, la posibilidad de verles tocar dentro de una cueva subterránea o visitar su pizzería en Louisville, Kentucky, son las que han hecho que su base fans se haya terminado consolidando.

Por eso mismo, cuando hace una semana llamamos al teléfono de Adam con la excusa de hablar sobre su nuevo disco, Spell/Bound, casi preferimos centrarnos en tratar cada uno de los puntos que convierten a Murder By Death en un secreto todavía a descubrir por muchos, aunque lleven 22 años funcionando.

Odio tener que empezar hablando sobre la pandemia, pero lo cierto es que entre The Other Shore y Spell/Bound han pasado cuatro años. Es el periodo de tiempo más largo entre dos discos de vuestra carrera. ¿Tuvo el COVID algo que ver?
ADAM TURLA “Es una buena pregunta. Te diría que el virus sí influyó en ello porque no queríamos sacar un álbum al que dedicásemos mucho tiempo para luego no poder girar. En lugar de eso, lo que hicimos fue meternos en un montón de proyectos online. Grabamos un disco de versiones navideñas, Lonesome Holiday, que era algo que siempre habíamos querido hacer. Fue muy divertido y nos permitió tener algo con lo que estar ocupados en remoto durante la pandemia. No era como si publicásemos un álbum que tal vez desaparecería muy rápido porque nadie le prestaría atención. Por eso preferimos esperar hasta que fuese seguro volver a la carretera y poder hacer un lanzamiento lo más normal dentro de lo posible. Y me alegro de que haya sido así, porque si nos hubiéramos puesto a componer justo cuando empezó la pandemia, no hubiera funcionado. Necesitábamos un poco de paz mental en ese momento. Tuvimos mucho trabajo que hacer para asegurarnos de que todos en el grupo podíamos pagar las facturas, porque toda la gira que teníamos planeada se canceló. El Gobierno no nos dio ningún tipo de ayuda. Tuvimos que apañárnoslas por nuestra cuenta, así que toda nuestra actividad se vio interrumpida.”

De todas maneras, aunque no pudieseis girar durante un tiempo, Sarah y tú tenéis vuestro negocio de la pizzería Lupo en Lousiville. ¿Cómo nació la idea de montar el restaurante?
“Siempre habíamos querido tener uno. Mi madre es italiana, por lo cual siento una gran conexión con toda la comida de allí que descubrí cuando era pequeño. En mi familia siempre nos ha gustado cocinar y comer. Así que queríamos crear un restaurante como si fuese un negocio familiar. De hecho, este fin de semana se cumplirá el quinto aniversario desde que lo abrimos. Será justo antes de que nos vayamos de gira. Pero fue un gran reto para nosotros durante el confinamiento, porque primero tuvimos que cerrar, preocuparnos por los empleados, asegurarles de que íbamos a cuidar de ellos y que no iban a perder su trabajo… Después, eventualmente, pudimos reabrir, pero solo para hacer envíos a domicilio. Luego volvimos a contratar a todo nuestro equipo… Nos llevó mucho tiempo averiguar cómo podíamos seguir manteniendo el restaurante. Pero finalmente lo logramos y estamos muy contentos. Eso nos permitió poder centrarnos de nuevo en el grupo. Una vez tuvimos el restaurante bajo control fue cuando empezamos a componer. Básicamente necesitábamos dejar de estar en un estado permanente de pánico antes de empezar a escribir nada (risas). De verdad que en un primer momento no sabíamos si íbamos a ser capaces de sobrevivir a todo esto. Pero finalmente lo hemos logrado. Creo que el mero hecho de salir a dar conciertos es una gran celebración para nosotros. Nos sentimos muy afortunados de poder volver a centrarnos en la que ha sido nuestra principal prioridad durante tanto tiempo”.

¿Pero consideráis el restaurante como un complemento que os sirva para sobrevivir más allá de ser músicos? Me refiero que, a no ser que seas una banda relativamente grande, es muy complicado ganarse la vida dando solo unos cuantos conciertos al año.
“Siempre hemos tenido la suerte de tener fans que nos han apoyado a lo largo de los años. A estas alturas ya sabemos que hay una serie de conciertos que nos van a funcionar bien cada vez que salimos de gira. Nuestro público es increíble y nos ha mostrado su apoyo continuamente. El hecho de poder tener un restaurante es alucinante porque durante la mayor parte de nuestra carrera siempre hemos estado arruinados (risas). No teníamos dinero. Hace diez o doce años, decidimos qué es lo que queríamos hacer con la banda y nos dimos cuenta de que si pretendíamos seguir haciendo esto durante mucho tiempo íbamos a necesitar un plan B. Ahí es cuando surgió la idea del restaurante. Era el momento adecuado y fuimos a por ello. Y me alegro mucho de que lo hiciésemos porque, a pesar de que hubo una época en la que nos costó mucho combinar ambas cosas, nos hemos demostrado a nosotros mismos que podemos sobrevivir así. Si hemos superado la pandemia, podemos con cualquier cosa que nos echen encima (risas)”.

Hablando ya un poco de Spell/Bound, es el quinto disco que financiáis a través de crowfunding, a pesar de que pertenecéis a una pequeña disquera independiente como Bloodshot Records. ¿Lo hacéis más por necesidad económica o es que ya os habéis acostumbrado a hacerlo así?
“Bueno, Bloodshot cerró. Tuvieron una discusión entre los fundadores y acabaron vendiendo el sello. Nosotros tuvimos un contrato con ellos durante unos años que finalizó en la pandemia. Nos ayudaban con la distribución y el marketing de los discos, pero al final lo hacíamos casi todo por nuestra cuenta. Y era genial trabajar con ellos, son la mejor compañía con la que hemos tratado, de verdad. Pero cuando se fueron no había nada que pudiéramos hacer, así que decidimos montárnoslo todo por nuestra cuenta. En cualquier caso, creo que era un movimiento lógico porque lo hemos estado haciendo así durante mucho tiempo. Algunos de nosotros hemos trabajado en otros sellos, por lo que podíamos formar nuestro propio equipo. Siempre nos hemos encargado de nuestros vinilos, la distribución, los pre-orders… Ya hacíamos mucho del trabajo que supone editar un disco, por lo que nos preguntamos: ¿para qué vamos a preocuparnos de buscar otro contrato con una discográfica cuando podemos hacerlo nosotros?. Además, creo que difícilmente hubiéramos encontrado a un equipo mejor del que teníamos en Bloodshot. Por eso esta vez hemos decidido editarlo solo nosotros, porque es algo que nunca habíamos hecho al 100%. Es mucho trabajo y a veces desearías tener a gente que te echase una mano, pero al mismo tiempo resulta emocionante. Con nuestro manager estamos acostumbrados a funcionar así. Tenemos un buen equipo y creo que lo estamos haciendo bien”.

Musicalmente, me ha sorprendido el tono más suave del álbum. Puede que sea el trabajo con más arreglos de cuerda que habéis hecho. Supongo que la incorporación de Emma Tiemann tiene mucho que ver en esto. Casi se podría decir que ella y Sarah han tomado el mando. ¿Fue muy distinto el proceso de composición esta vez?
“En realidad no tanto. Yo escribo todas las canciones, se las presento al resto y entonces trabajamos en ellas juntos. En esta ocasión queríamos que destacase el hecho de que hemos añadido una violinista, por eso pensamos en que los temas mostrasen eso. Creo que siempre es divertido componer de esa forma. En muchos sentidos nos ofrece un montón de terrenos nuevos que explorar. En el pasado, dependiendo de quienes estuviesen en el grupo, había un límite a nivel de producción sobre lo que podíamos hacer. Cuando éramos cuatro miembros, como en Red Of Tooth And Claw, quisimos hacer un álbum mucho más desnudo y crudo, porque eso era lo que éramos en ese momento. Pero cuando estás componiendo quieres usar las mejores herramientas que tengas a tu disposición. Me encanta Red Of Tooth And Claw, pero no me atrae la idea de grabar muchos discos siendo un cuarteto, porque pienso que nos limita. Con Spell/Bound nos hemos divertido mucho ya que hemos tenido la oportunidad de probar otras cosas. Como por ejemplo que haya partes en las que yo me eche a un lado y deje que el bajo, los teclados o las cuerdas tengan todo el protagonismo. Creo que hemos metido muchos más arreglos que nunca. Ha sido realmente divertido de hacer”.

Varios de vuestros álbumes están inspirados en libros como La Divina Comedia de Dante en In Bocca Al Lupo, La Odisea de Homero en Red Of Tooth And Claw… Incluso el anterior The Other Shore era una space cowboy opera según vuestras propias palabras. ¿Hay algún concepto detrás de las canciones de Spell/Bound?
“En esta ocasión pensamos que sería genial intentar crear una especie de banda sonora. Buscamos inspiración en películas que tuvieran un gran sonido. Queríamos recuperar eso y darle a las canciones un toque más cinemático. La influencia vino más por el sentimiento que nos transmitían algunas películas. A veces las uso como referencia: ‘me gustaría sonar como en Blade Runner o una película de Dario Argento’. Ese tipo de cosas. Fue divertido averiguar cómo podíamos conseguir esos sonidos usando distintos teclados y arreglos. Tuvimos algunas pistas de referencia que nos ayudaron mucho durante el proceso. Siempre estamos buscando inspiración en cualquier tipo de arte”.

Antes hablabas de que vuestros seguidores siempre os han apoyado, pero como grupo os habéis preocupado mucho en ofrecerles experiencias cuanto menos diferentes a lo que acostumbra hacer una banda de rock al uso. Cada año hacéis una estancia durante un fin de semana en el Stanley Hotel, además de conciertos especiales en cuevas subterráneas.
“Los conciertos en las cuevas se hacen en Pelham, Tennessee. Además de hacer tours, hay un par de espacios donde se organizan actuaciones. Es realmente impresionante, creo que este será el quinto año que lo hagamos. La acústica del lugar es increíble. Cuando llevas tanto tiempo en una banda y estás acostumbrado a las salas, es fantástico poder tocar en un sitio diferente. También es emocionante para el público porque estás viviendo una experiencia que no es solo un concierto, sino una excusa para hacer algo todavía más interesante. En cuanto al Stanley Hotel, está en un parque en Colorado en Estes Park, un pueblo dónde el hotel es el principal atractivo turístico. Nos gusta mucho ir allí porque sentimos que se crea un espíritu de comunidad con la gente que acude cada año. No es como un concierto más en un club, sino más bien como una fiesta. Es algo muy especial y único”.

Imagino que en cada uno de esos lugares tendréis infinidad de anécdotas que contar.
“En el hotel siempre han circulado historias de fantasmas. Ya sabes, cosas un poco spooky como que las luces se apaguen solas cuando estás en una habitación. Pero lo más loco nos pasó en las cuevas. Un año, mientras estábamos tocando, de repente hubo una inundación a causa de una lluvia con la que nadie había contado. Estábamos ya terminando el concierto cuando se fue toda la electricidad de la cueva y se encendieron las luces de emergencia. Nos dijeron que si no volvía la luz, había un generador de emergencia y podríamos acabar el bolo. Pero lo que ocurrió es que el camino que estaba justo enfrente de la boca de la cueva empezó a inundarse, por lo que ni siquiera podíamos salir de allí (risas). Así que nos pidieron que siguiésemos tocando para que la gente no saliese huyendo. Tuvieron que poner mesas de picnic sobre el río que se estaba creando por la inundación para sacar a la gente de allí y que pudiesen salir al parking dónde estaban los coches. Fue una locura (risas). Afortunadamente, creo que todo el mundo reaccionó bien ante esa situación”.

Casi os convertís en la banda del Titanic (risas) ¿Tenéis pensado añadir alguna otra extravagancia? ¿Algún sitio extraño dónde os gustaría tocar?
“Hemos hablado de intentar hacer algo similar en Europa, pero es complicado porque algunos de estos espacios no están acostumbrados a organizar conciertos. Tenemos que convencer a la gente de por qué deberían hacerlo. El problema es encontrar a alguien que quiera montar algo así. Queremos asegurarnos de no estar forzando a nadie a meterse en un lío (risas). De momento no tenemos novedades al respecto, pero eso no quiere decir que no lo vayamos a hacer en un futuro”.

Para ir terminando, me llama la atención de que, a pesar de llevar más de 20 años con la banda, el éxito mainstream siempre os ha sido esquivo. No sé si ha habido algún momento en vuestra carrera en el que una gran discográfica se haya interesado por vosotros. O tal vez es una situación que nunca se ha llegado a dar…
“Tuvimos algunas pequeñas aventuras hace muchísimos años, pero simplemente pensamos que no era lo correcto para nosotros. Hemos visto a bandas amigas firmar acuerdos de este tipo y normalmente no suelen salir bien. Incluso grupos que han tenido un éxito increíble por un momento nos han comentado que se lamentaban de haber perdido el control. Eso nos asustaba mucho, y tampoco es que viniese alguien a nuestra puerta a ofrecernos una cantidad enorme de dinero. Para nosotros el riesgo de haber hecho algo así habría sido muy grande. Al final hemos acabado haciendo justo lo contrario, que ha sido funcionar al estilo do it yourself. Sabemos que nadie va a apostar un montón de dinero por nosotros. Aún con todo, somos conscientes de que la gente encuentra en Murder By Death algo que les gusta porque cada vez que damos un concierto la respuesta suele ser muy positiva y vendemos mucho merchandising. No es como si hubiéramos buscado desesperadamente ser un grupo de éxito hasta el punto de haber estado dispuestos a hacer cualquier cosa para lograrlo. Sabíamos que si nos manteníamos firmes a nuestros ideales, en algún momento llegaría a funcionar. Pero es un mundo muy complicado porque tienes que correr muchos riesgos. Hemos trabajado muchísimo y hemos tenido la suerte de que el grupo siga después de 22 años. Esta ha sido toda mi vida como adulto, lo cual es una verdadera locura. Ha sido un viaje muy largo y nos sentimos muy felices de poder continuar. Hemos pasado las últimas semanas preparando los miles de envíos que la gente ha hecho del nuevo disco y ahora tenemos un tour de siete semanas con fechas en teatros y salas. Es una verdadera suerte poder tener tantísimo apoyo”.

Aun así, lo cierto es que sois un grupo difícil de colocar en algún cajón. Con vuestros primeros álbumes se os relacionó con la escena post-hardcore y emo por vuestra asociación con Gerardy Way de My Chemical Romance y Geoff Rickly de Thursday. Luego definisteis vuestro sonido, pero no acababais de entrar ni el indie ni el americana. Incluso estoy seguro de que todavía hay gente que al ver el nombre del grupo piensa que sois una banda de metal extremo.
“Tiene gracia porque al principio solíamos tocar en conciertos de indie. Fue entonces cuando conocimos a la gente Eyebal Records, que era el sello en el que estaban Thursday y My Chemical Romance. Ambos nos apoyaron mucho al llevarnos de gira con ellos cuando éramos una banda realmente pequeña. Creo que ahí fue cuando la gente empezó a descubrirnos, así que veo lógico que una parte del público todavía siga asociándonos con ese género. Pero lo cierto es que durante aquella época en la escena indie, punk y emo, las bandas que tocaban juntas venían de sitios diferentes. Podíamos dar un concierto con un grupo de indie y que luego saliese una banda de metal. Y eso era lo normal entonces, no como ahora. Esa es una de las cosas que más echo de menos. Según lo veo con perspectiva, tan solo éramos unos chavales que necesitaban tocar delante del público, así que aceptábamos cualquier bolo que nos ofrecieran porque eso era todo lo que queríamos hacer”.

A España llegasteis a venir un par de veces entre 2010 y 2013, pero después no habéis vuelto. ¿Existe alguna posibilidad de que regreséis por aquí?
“Me encantaría, la verdad. No sé qué planes tendremos para el año que viene. Es complicado organizar una gira mientras el virus continué, pero estamos planeando ir a Europa en 2023. Sería estupendo volver a España”.

GONZALO PUEBLA

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