Catorce meses y una semana después de publicar su último disco, Biffy Clyro nos regalan otro nuevo trabajo creado durante el confinamiento. Lo que empezó siendo un disco de descartes, acabó transformándose en una nueva aventura.

Viendo lo bien que Simon Neil (voz, guitarra), James Johnston (bajo) y su hermano Ben han aprovechado el tiempo durante los meses de pandemia, es difícil no sentirse un poco vago. Además de haber lanzado el magnífico A Celebration Of Endings en agosto de 2020, el grupo preparó uno de los livestreams más originales que vimos el año pasado, aportaron una buenísima versión de ‘Holier Than Thou’ al tributo The Metallica Blacklist; Simon colaboró en los últimos discos de Architects y While She Sleeps, y los gemelos construyeron un estudio en su local de ensayo en una granja de Ayrshire, al suroeste de Escocia.

Ah, y también grabaron un nuevo álbum en secreto…

Concebido inicialmente como una manera de dar salida a temas que no entraron en su último disco, el trío pronto se dio cuenta que podía ser una oportunidad para seguir creando. Inspirados por el cambio radical que habían dado sus vidas, como las de todos, y por la posibilidad de grabar en su propio estudio sin tener que pedir permiso a nadie, Biffy Clyro tardaron solo unos pocos meses en parir ocho canciones adicionales para dar forma a un disco totalmente nuevo. Esa sensación de libertad queda perfectamente reflejada en The Myth Of The Happily Ever After (Warner) y la variedad de sonidos que abarca.

Justo hace una semana teníamos la oportunidad de charlar con Simon, que una vez más nos dio las gracias por seguir apoyando al grupo después de tantos años. Pese a que no tuvimos todo el tiempo que nos hubiera gustado, nos emplazamos a volver hacerlo cuando nos visiten el año que viene. Y es que después de haberse aplazado su anterior gira por culpa del COVID, por fin podremos quitarnos la espinita los días 10 y 11 de marzo en Barcelona (Razzmatazz) y Madrid (La Riviera).

Se está convirtiendo en una bonita tradición que hablemos una vez al año.
SIMON NEIL «Sí, sí (risas). ¿Cómo están las cosas en España?».

Bastante mejor que la última vez que hablamos. Parece que por fin se está volviendo a la normalidad, y que muy pronto podremos volver a ir a conciertos como antes.
«Ya verás, cuando vayas al primero vas a alucinar. Hemos dado un par de conciertos y es increíble lo que te provoca en el cuerpo y la mente. Es increíble estar rodeado de gente a la que le gusta la misma música. Te darás cuenta de lo mucho que lo echabas de menos».

No lo dudo. ¿Cómo controlaste las emociones cuando te subiste por primera vez a un escenario el pasado 25 de agosto después de tanto tiempo? ¿No tenías miedo de ponerte a llorar o quedarte en blanco?
«Fue duro. En el primer concierto hubo varios momentos en los que solté alguna lágrima. Y no fue al final del concierto, sino en medio de alguna canción, cuando escuchaba a la gente gritar o cantar. Normalmente, el hábito de tocar te permite seguir adelante por muy emotiva que sea una canción, es casi como que tu cuerpo sabe lo que tiene que hacer independientemente de lo que estés sintiendo. Supongo que en el deporte debe ser algo parecido… Pero en este caso fue totalmente distinto. Ya no era por nuestra música, o por nuestra banda, sino por la emoción por compartir una experiencia con otros seres humanos. El concierto en sí era secundario, lo importante era estar todos juntos. Fue muy intenso».

Anoche recibí The Myth of the Happily Ever After, y he estado escuchándolo unas cuantas veces. Y como siempre me pasa con cada disco vuestro, va ganando en cada escucha. ¿Sientes que habéis llegado a un punto en el que os sería difícil hacer un disco realmente malo?
«(Risas) ¡No lo creo! Pero sí pienso que gracias a la experiencia cada vez somos mejores juzgando ideas musicales. Antes tomábamos una idea y nos rompíamos la cabeza hasta llevarla el final, pero este último año aprendimos a que tiene que ser la propia música la que te guíe. Merece la pena dejarse llevar. A veces si trabajas demasiado en una canción, corres el riesgo de que pierda la magia. En los dos últimos años me he sentido especialmente inspirado. Por eso pudimos sacar Balance, Not Symmetry, y después A Celebration Of Endings, y luego cuando llegó la pandemia decidimos seguir haciendo más música. No hacemos música simplemente porque toque lanzar un ‘producto’. Nunca hemos pensado en esos términos, y a medida que me hago mayor más claro lo tengo. Pese a lo que has dicho, cuando termino, nunca estoy seguro si he hecho un disco fantástico o una mierda, y eso es lo que me motiva para seguir adelante. Pero me alegro que digas que es un disco que te ha ido creciendo porque es un bastante denso, con muchas ideas. Pero ya te digo, es cuestión de experiencia. Supongo que a ti te pasa lo mismo escribiendo, aunque seas bueno haciendo algo, siempre sigues aprendiendo. Cada vez tenemos más claro nuestra fuerza como banda y la mía como compositor».

¿En qué aspectos este disco está unido a A Celebration Of Endings y en cuáles es algo completamente distinto?
«En un principio este disco iba a ser como una extensión del anterior, pero la pandemia lo cambio. Creo que todos hemos cambiado como personas después de la pandemia, y era inevitable que eso afectara este proyecto. Yo siento que soy una persona completamente distinta a la que era hace 18 meses. A Celebration Of Endings se creó antes de la pandemia, antes de esos cambios, era un disco mucho más ingenuo y seguro de sí mismo. Este disco es mucho más vulnerable. A nivel de las letras plantea muchas más preguntas, porque te das cuenta que un día puedes levantarte y todo está bien, y al día siguiente todo lo que dabas por sentado se ha convertido en incierto. Así que los dos discos están relacionados, pero es como el antes y el después. Ahora no podría hacer otro disco como A Celebration Of Endings. Era un disco influenciado por el Brexit y el cambio climático, pero después de la pandemia nos hemos dado cuenta de que no sabemos nada de nada. No podemos controlar nada. Debemos aspirar a ser las mejores personas que podamos, pero poco más. Creo que la mejor manera de describirlos es que son las dos caras de la misma moneda. Pueden existir independientemente, pero están unidos por el momento temporal».

¿Y a nivel musical hay algún nexo de unión? El primera tema ‘DumDum’ me suena como si hubiera podido ser una versión alternativa de ‘The Champ’.
«Mmm… me gusta. Mira, los tres primeros meses del confinamiento no escribí nada, pero hice esos livestreams en los que tocaba temas nuestros. Me centré totalmente en tocar la guitarra. No fue hasta agosto o septiembre que empecé a asimilar todo lo que había ocurrido y volví a escribir. Y ‘Dum Dum’ originalmente la escribí para otro proyecto, por eso apenas tiene guitarras. En ese momento no teníamos la intención de hacer otro disco de Biffy, pero empecé a componer para otros proyectos, uno de electrónica y otro de metal. Eran canciones muy del momento, y decidí llevarlas al mundo de Biffy. Lo que pasa que el mundo de Biffy también había cambiado. Normalmente hacemos canciones que podamos tocar en directo, pero en ese momento no teníamos la certeza de que eso fuera a ocurrir, así que la perspectiva era muy distinta. No teníamos a los fans en mente, sino únicamente a la música en sí misma. Si ‘DumDum’ hubiera estado en A Celebration Of Endings habría sonado distinta, estoy seguro».

Mi favorita por ahora es ‘Haru Urara’. Miré en Internet para ver qué significaba y vi que es el nombre de un caballo japonés. ¿Qué te inspiró de su historia?
«Es una historia maravillosa. Se puede traducir como ‘Primavera Gloriosa’. Es un caballo que quedó último en todas las carreras en las que participó, creo que fueron 131, pero se convirtió en todo un icono de la cultura japonesa. Gente de todo Japón iba a verlo correr, deseando, ya no que ganara, si no que al menos no quedara último. Y eso hizo que una gran cantidad de dinero llegara a esa provincia rural donde se celebraban las carreras. El caballo siguió perdiendo durante años, pero salvó a su comunidad. Me encantó la idea de que un perdedor pudiera llevar felicidad y prosperidad a su pueblo. Y también la idea de que no está claro lo que es ganar y lo que es perder. Si ese caballo hubiera ganado su primera carrera, no habría generado todo lo que vino después. En un momento en el que por la pandemia todo era muy negativo, esa historia me dio esperanza de que podíamos sacar algo positivo de algo tan malo».

Otro tema curioso es ‘Witch’s Cup’. No sé si es porque acababa de ver el trailer del nuevo documental de los Beatles, Get Back, pero inmediatamente pensé en ellos.
«¡Tengo muchísimas ganas de verlo! Esa canción es mi intento de escribir un tema para un musical del West End. Me imagino a 100 personas cantándola en un escenario. Como el disco tiene sus momentos de frustración y rabia o pesimismo, pensé que quería hacer un tema muy jovial, que la gente sonriera al escucharlo. Creo que es el tema más alegre que hemos escrito. La letra está inspirada en el concepto de las sectas o la religión. Por un lado me fascina que alguien pueda entregar toda su vida a una comunidad, pero por otro me asusta que renuncien al control de su propia existencia. Mucha gente reaccionó a la pandemia o las vacunas como si formara parte de una secta. No importaba los argumentos que utilizaras, no podías cambiar sus opiniones al respecto. Lo que creían o sentían tenía más peso que el conocimiento. El conocimiento puede cambiarse a través de la educación, pero las creencias ni siquiera pueden ser discutidas. Así que la música es alegre, pero la letra es más oscura».

«Mi intención es que cada canción de Biffy sea un viaje, y la gente se pregunte, ‘¿cómo he llegado hasta aquí?'» SIMON NEIL

Grabasteis el disco en vuestro local de ensayo. Teniendo en cuenta lo bien que suena ¿crees que quizá habéis estado tirando el dinero yendo a grabar en estudios lujosos?
«No queríamos hacer un disco lo-fi. El reto era hacer algo que estuviera a la altura de los que hemos grabado en otros sitios, pero para mí eso no era tirar el dinero, sino gastar el dinero de Warner (risas). Me alegro mucho de haber podido grabar en otras partes del mundo, pero este disco me ha enseñado que no existen reglas. Hemos podido hacer el disco en el local donde llevamos ensayando hace más de diez años, así que nos ha abierto muchas posibilidades. Nos dio mucha libertad. Nadie sabía que estábamos grabando el disco. Éramos solo tres amigo haciendo música, sin presión, sin preocuparnos por nada. Es muy posible que el próximo disco también lo grabemos aquí, y encaja muy bien con nuestra filosofía DIY. Básicamente James y Ben construyeron el estudio ellos mismos. Lo hicieron durante el confinamiento, mientras yo trabajaba en la música. Creo que es todo un logro haber hecho un disco que puede competir con los discos de gran presupuesto que hemos hecho antes. Lo único malo es que ahora Warner sabe que podemos hacer un disco por mucho menos dinero (risas)«.

Esta pregunta quizá es un poco nerd, pero uno de los aspectos que más me gustan de vuestras canciones, y es que prestáis mucha atención a los puentes, algo que me parece que se está perdiendo. ¿Cuéntame cuál es tu enfoque a la hora de componerlos?
«Para mí las estrofas y los estribillos son las dos dimensiones de una canción, me es fácil visualizarlos. Pero un puente te permite añadir una tercera dimensión. Es donde puedes dar un cambio de rumbo y conseguir que pierdas la respiración. Cuando escribo melodías, suelen salirme cosas muy pop o simples, y por eso utilizo el puente como un elemento para introducir algo inesperado. O al revés, igual si una canción es muy cañera, el puente me sirve para poner algo más pop. Muchas veces escucho canciones que al cabo de pocos segundos ya sé exactamente cómo serán hasta el final, y no quiero que eso ocurra en las canciones de Biffy. A veces hemos hecho algunos temas así, como ‘Instant History’, que era una canción deliberadamente pop, tiene los mismos acordes durante todo el tema, y para mí fue un reto. Pero para este disco, fuimos componiendo y grabando al mismo tiempo, así que las ideas para los puentes me salían de manera mucho más espontánea. Mi intención es que cada canción de Biffy sea un viaje, y la gente se pregunte, ‘¿cómo he llegado hasta aquí?’. Para mí el puente es el elemento que puede convertir una gran canción en una canción mágica, y lo que te motive a escucharla una y otra vez».

Me avisan que no hay tiempo de más, lástima. Esperamos, ahora sí, por fin veros por aquí  en unos meses.
«Sí, tenemos muchas ganas. Os hemos echado mucho de menos. Será fantástico, ya verás».

JORDI MEYA

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