¡Sorpresa, sorpresa! Enter Shikari acaban de publicar, de forma totalmente inesperada y sin previo aviso, su octavo disco de estudio bajo el título Lose Your Self. Sin anuncios, sin adelantos ni singles, sin hype ni explicaciones, sin teasers, sin filtraciones y sin generar ningún tipo de ruido mediático.
Así es como el cuarteto de Hertfordshire, Reino Unido, quiere que recibamos su nuevo trabajo. Y, en palabras de su vocalista, Rou Reynolds: “obligando a quien escucha a hacerlo de verdad, sin recibir ideas fragmentadas fuera de contexto ni explicaciones masticadas”. Desde luego, un movimiento absolutamente brillante de una banda que rompió moldes con su propuesta y que —cómo pasa el tiempo— lleva facturando música excelente desde hace ya más de 20 años.
El álbum se publicó a la medianoche de ayer 10 de abril en todas las plataformas de streaming y, en su web, puede adquirirse también en formato físico —CD, casete y vinilo—. Editado y distribuido por la colaboración entre SO Recordings y Ambush Reality, Lose Your Self supone un nuevo paso en la evolución del sonido del grupo, que comenzó a perfilarse en The Spark (2017) y que, desde entonces, se inclina hacia terrenos con mayor protagonismo de la electrónica, una producción más sólida y uniforme y unas canciones cada vez más redondas y menos caóticas.
Aun así, pese a estar constantemente reinventándose, la esencia fundamental de su propuesta —probablemente también porque siguen siendo los mismos músicos que iniciaron el proyecto allá por su debut en 2007 con el insólito y fresquísimo Take to the Skies— se cuela por todas las costuras de este LP: rítmico, directo, pero a la vez oscuro y pesado, con un potente mensaje social y político omnipresente. Es, en definitiva, una continuación de su anterior referencia, A Kiss for the Whole World (2023) —que, por cierto, debutó en el número 1 de la lista oficial del Reino Unido—, y que fue también producido por Reynolds, al igual que este último.
El disco es, desde luego, tremendamente disfrutable de principio a fin, pero creo que hay dos bloques claramente diferenciados. En el primero, que conforma los cinco primeros temas, tenemos a unos Enter Shikari con una propuesta bailable, electrónica, energética y tajante, con grandes programaciones, samples y arreglos marca de la casa, más en la línea de The Prodigy o Pendulum, pero quizá algo reiterativa, que además se ve, desde mi punto de vista, algo lastrada por una producción tremendamente perfeccionista, donde todo está en su sitio y las estructuras de las canciones se vuelven un tanto predecibles. Cualquiera de estos cortes podría haber funcionado perfectamente como single, de haberlos habido.
Pero la cosa se pone más interesante en la segunda parte, en los siete temas siguientes, comenzando por ‘i can’t keep my hands clean’, con un sonido que parte el disco por la mitad: garajero, crudo, ruidoso, en la onda de ‘Gratitude’ de Beastie Boys, tan bueno como fugaz. A partir de aquí, Lose Your Self se vuelve más dinámico, más interesante e impredecible. El spoken word de ‘It’s OK’ desemboca en un crescendo maravilloso, orquestal pero sin excesos, brillante. ‘The Flick of a Switch II’ recupera los breakdowns que habían ido dejando a un lado y ‘Shipwrecked’, con cambios más bruscos y desordenados, se acerca a un techno melódico con un grandísimo estribillo, cuya energía se expande en la trilogía ‘Spaceship Earth’: tres canciones que cierran con una maestría excepcional, donde da la sensación de que el mundo comienza lentamente a colapsar a su alrededor y, pese a todo, la banda se empeña en seguir lanzando mensajes de positivismo y esperanza. También con arreglos orquestales, vientos y con la voz de Reynolds poniendo el broche de oro en los últimos compases. Esta segunda mitad me parece mucho más estimulante que la primera y, de hecho, honestamente, creo que es una de las mejores cosas que han hecho en los últimos años.
En resumen, un inesperado y celebradísimo octavo disco de una de las bandas punta de lanza en el Reino Unido y Europa. Sin fuegos artificiales ni grandilocuencias, mandando un mensaje muy claro: la música —y lo que transmite— es lo importante, no todo lo que la rodea, en un contexto de ruido mediático cada vez más extraño y ridículo, marcado por estrategias cada vez más agresivas de una industria que busca desesperadamente rendimiento comercial a través de la expectación y la conversación online.
Grandes Enter Shikari, de verdad: ojalá más artistas sigan vuestro ejemplo y vuelvan a tratarnos como adultos, capaces de valorar una obra en su conjunto y de detenernos un momento a disfrutar de cuarenta minutos de buena música sin interrupciones, que es como realmente debería ser.
RUBÉN COUGIL









