Queensrÿche no son una banda corriente. Siempre han estado ahí. Incluso llegando a ser una banda multiplatino con Empire (1990), han conseguido seguir existiendo. Aunque nunca llegaron a tener una gran legión de fanáticos, siempre consiguieron tener un respeto generalizado, credibilidad y una sólida base de seguidores que muchas bandas, dentro de la comunidad hard rock/heavy metal, matarían por tener.
Muchos sitúan Operation Mindcrime como su mejor álbum pero, comercialmente, Empire consiguió un incontestable número 1 con la balada ‘Silent Lucidity’, además de ser nominados al Grammy como la mejor canción de rock. El álbum llegó al estatus de multiplatino y casi se puede considerar como el último álbum del estilo que llegó a ese nivel, cuando todo fue enterrado con la llegada de Nevermind (exceptuando a Metallica).

Para mí Queensrÿche llegaron a su punto álgido con Rage For Order. Fue la primera incursión de la banda dentro del mundo de los álbumes conceptuales y progresivos, que acabaron perfeccionando en su siguiente entrega, Operation Mindcrime. Sin embargo, en Rage, todavía eran un grupo que estaba buscando su identidad, tanto visual como musical.

Con la floreciente escena thrash en marcha, Queensrÿche eran demasiado blandos para el thrash, con una imagen demasiado plana para el glam, y demasiado talentosos para su propio beneficio. Eran un grupo que no podías asociar con una escena en particular, como sus fotos, donde aparecían con sus permanentes y un look a lo Matrix, versión glam, y sus abrigos largos. Incorporar teclados, hacer un viejo éxito de la cantante canadiense Dalbello, ‘Gonna Get Close To You’, y cantar sobre inteligencia artificial, eran motivos suficientes para dejar a la audiencia heavy, escuela Beavis & Butthead, totalmente confundida. Aun así, yo los amaba.

Fue la versión de Dalbello, con su correspondiendo vídeo, lo que me enganchó primero. Geoff Tate, el vocalista, lo clavaba como acosador de la protagonista. Su peinado, un inexplicable copete, se convierte en el gran protagonista del vídeo y, de hecho, da bastante mal rollo. Era una formación de metal extraña, pero esa poca habilidad de encajar en algo conocido fue lo que me atrajo de ella. Por supuesto también me atrajo que el álbum que habían editado era sólido como una roca. Además de la versión de Dalbello, otras canciones como ‘Walk In The Shadows’, ‘The Whisper’ y ‘Chemical Youth (We Are Rebellion)’ eran también pura dinamita.

Queensrÿche eran una banda a las puertas de algo, pero en 1986 no ser glam o thrash era arriesgarte a no ser nadie, independientemente del potencial que pudieses tener. Finalmente ellos se ganaron la fama con sus discos posteriores, pero nunca llegaron a encajar en lo que se llevaba en cada momento. Inducir este álbum en mi Hall Of Fame particular es mi manera de recordar a todo el mundo que Queensrÿche eran… son una gran banda.

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