FECHA: 31 DE OCTUBRE DE 2025
LUGAR: CAFÉ BERLÍN (MADRID)
PROMOTOR: INDYPENDIENTES
Coyuntura curiosa la de coincidir un grupo de culto dentro del movimiento siniestro con la fecha celta del Samhain, más auténtica que la estadounidense comercialidad de Halloween. Nombre más conocido que escuchado, quienes han prestado atención a And Also The Trees se refieren a la banda como una de las muchas extensiones que The Cure han cultivado, de manera consciente o no. En este caso, de forma afirmativa, apoyándolos desde varios frentes: tanto en estudio como en directo.
Al final del concierto —dinamizado el sonido de la banda entre el folk y algún toque de los Cure más intimistas— le confesé al vocalista Simon Jones (único miembro original junto a su hermano y guitarrista Justin) que lo que me parece que los hace únicos es esa presencia ceremoniosa, a lo Leonard Cohen, que cultiva en su fraseo. En él también se puede detectar al Nick Cave menos histriónico y más taciturno. Una actitud, esa de la vieja ceremonia para una nueva máscara, que se nota en la puesta en escena no sólo del cantante, sino del conjunto al completo.
Para servidor, And Also The Trees merecerían mayor visibilidad, más raigambre entre los melómanos; no sólo aparecer en revistas anglosajonas con ánimo historicista y, a la vez, refulgentes en su entusiasmo, como Vive Le Rock.
En 2023 se presentaron por primera vez en el Estado. Esta vez había dos gratas excusas: la del último y notable álbum del pasado año (Mother-of-Pearl Moon) y la reedición, en estos recientes meses, en formato vinilo de (Listen for) The Rag and Bone Man.

A pesar de la extensión del concierto —veinte canciones—, se sintió como un sucinto repaso a una discografía amplia, que exige ser escuchada con delicadeza y atención. El inicio apostó por el nuevo álbum, con la introducción de su ominoso sonido acompañada de ‘The Whaler’ y ‘Town Square’, demostrando que pueden defender su directo tanto en el presente más reciente como frente a la tramposa nostalgia de otras bandas de público parecido, aunque no de igual registro musical. Posteriormente caerían también el tema que da nombre al disco y ‘Valdrada’. Mientras tejían un ambiente entre bucólico y de arrobador romanticismo, iban desfilando pequeñas orfebrerías de la talla de ‘Your Guess’, ‘Rive Droit’ o ‘Paradiso’.
La cohesión de la banda para arroparte en ese solemne recital es envidiable. Cada instrumento juega para la canción y, aun así, destaca: el caso de esa guitarra lánguida o del sonido del clarinete. Lo suyo es una sucesión de letanías para disociarse de la realidad y dar rienda suelta a la imaginación, evocando lugares más pastorales y, seguramente, más inocentes que estos terribles tiempos que nos tocan vivir. Sabes que, durante las canciones que interpretan en concierto, caes bajo un hechizo que te hipnotiza con sus melodías únicas. Lo suyo es intransferible y auténtico, real en una palabra.
Antes de los bises recordaron dos piezas de sus inicios, ‘Shantell’ (de donde surgió el nombre del grupo) y ‘There Were No Bounds’, ahondando en una atmósfera más onírica y post-punk.
El bis se inició con ‘Shaletown’ y luego concedió el gusto a los fans más acérrimos con tres excelsas canciones de su segundo y celebrado trabajo, Virus Meadow: ‘Maps in Her Wrists and Arms’, ‘Virus Meadow ‘y la más animada ‘Slow Pulse Boy’. Un concierto tan brillante que, si se hubieran vaciado con todo su cancionero, aún seguiríamos hechizados escuchándolos.
A pesar de contar con fieles seguidores —como demostraron las muestras de devoción en Madrid y, según escuché, también en Valencia—, And Also The Trees merecen ocupar un podio más alto, no sólo dentro del post-punk, sino del rock en general.
IGNACIO REYO










