FECHA: 4 DE NOVIEMBRE DE 2025
LUGAR: PALACIO DE LOS DEPORTES (MADRID)
PROMOTOR: DOCTOR MUSIC

Llevábamos meses con la mosca detrás de la oreja esperando a que se confirmara la noticia, pero aun así no deja de resultar increíble como a primeros del pasado mes de septiembre y en apenas un par de días Radiohead revolucionaron todo el panorama internacional. Tras siete largos años sin dar señales de actividad más allá de los diferentes proyectos paralelos de cada uno de unos de sus componentes, los cinco de Oxfordshire regresarían para acometer una serie de residencias en cinco ciudades europeas, siendo Madrid una de las elegidas.

Dejando de lado la siempre compleja tarea de hacerse con una entrada para alguna de las fechas (alcanzando en esta ocasión un nuevo nivel de dificultad ante las diversas restricciones impuestas en el proceso con el fin de combatir la reventa), las cuestiones que han asaltado al fandom en estos últimos dos meses han sido de lo más diversas. ¿Qué tipo de repertorio interpretarían? ¿Sería un repaso a fondo de toda su discografía o se centrarían más sus grandes éxitos? ¿Supone esto una vuelta completa con nuevo material en camino? ¿Habrá vida más allá de esta breve gira? ¿Cómo responderían ante la polémica suscitada por su ambigüedad respecto al genocidio palestino?

Como siempre suele ocurrir con Radiohead, su silencio en estas semanas previas no hizo sino incrementar la expectación por su retorno. Y aún a sabiendas de que seguramente saldríamos con más dudas que certezas sobre su futuro, la emoción con la que acudimos a la primera de las fechas en la capital fue la que se siente cuando sabes que estas ante una cita importante. Todos los ojos del mundo musical estaban puestos en el Palacio de los Deportes durante la noche ayer, primer martes de noviembre. Y la primera incógnita a despejar era saber qué ocurriría a partir de las 19:30 cuando se apagaran las luces una hora antes del concierto tal y como estaba anunciado en los horarios.

Bien, aquí va un consejo para quien acudáis esta misma noche o a las del viernes y sábado: podéis quedaros tranquilamente en el bar tomando otra cerveza más. A la hora indicada, el escenario situado en el centro de la pista (una especie jaula circular cubierta por telas LED que más tarde se elevarían y descenderían dejando entrever lo que ocurría dentro de ella) apagó sus luces… y no ocurrió nada más. El resto del pabellón continuó iluminado durante la siguiente hora sin que sucediera nada reseñable más allá de la música de fondo que sonaba en la arena. No fue hasta 15 minutos antes de la actuación que la iluminación fue disminuyendo mientras las pantallas se iban encendiendo a modo de anuncio de lo que estaba por llegar.

Acompañados por el percusionista de apoyo Chris Vatalaro, Thom Yorke, los hermanos Johnny y Colin Greenwood, Ed O’Brien y Philip Selway aparecían juntos en un escenario por primera vez desde 2018. Arrancaron con ‘Let Down’, uno de los tantos medio tiempos melancólicos que pueblan su catálogo. La escogida para iniciar este extraño baile no fue una elección caprichosa, pues hace unos meses entró en la lista Billboard Hot 100 debido a su viralización en redes casi tres décadas después de su publicación. Una muestra significativa de que, a pesar de su tiempo de inactividad, el legado de los británicos continúa vivo y vigente a día de hoy.

Metiendo una marcha más, ‘2 + 2 = 5’ y una inédita desde 2004 ‘Sit Down. Stand Up’ comenzaban a introducirnos en ese universo tan particular que han ido construyendo a lo largo de su trayectoria. Curiosamente, ambas fueron rescatadas de Hail To The Thief, una obra injustamente denostada en su momento al valorarse como un paso atrás tras el inesperado quiebro hacia la electrónica que significaron Kid A y Amnesiac, la cual ha sido merecidamente reivindicada a través de un álbum con grabaciones en directo de aquella época. Y es que, cómo han demostrado tantísimas veces, de Radiohead solo cabe esperar lo inesperado.

Por eso mismo el repertorio seleccionado para la noche del estreno de la gira navegó por todo su catálogo de forma elegantemente desordenada. Si un extraterrestre acabase de aterrizar en el Palacio de los Deportes, probablemente le costaría encontrar una coherencia lógica al recorrido que fueron trazando. De los beats hipnóticos de ‘Bloom’, ‘Ful Stop’ y ‘The Gloaming’ se pasaba a ejercicios de robusto rock marciano con ‘Myxomatosis’ o más adelante ‘Bodysnatchers’, transitando por baladas depresivas como ‘Videotape’ y ‘Daydreaming’, asaltando la electrónica al borde de la esquizofrenia en ‘Everthing Is In Its Right Place’, ‘The National Anthem’ e ‘Idioteque’. Todo cabe en su mundo ya que, al igual que artistas únicos como The Beatles, Led Zeppelin o Tom Waits, ellos no están sujetos a una única etiqueta, sino que son un estilo propio en sí mismo.

De la misma manera, todos los integrantes de la banda a excepción de Selway alternaron instrumentos continuamente con el fin de dotar a cada composición de lo que requería. De la guitarra se saltaba al piano, luego al sintetizador, después la percusión, teclados y demás cacharrería sonora… A veces todo ello incluso dentro de una misma canción, ejemplificando la navaja suiza que son. Igualmente, cada uno lo vivió a su particular manera. Johnny Greenwood parecía sumido en un autismo constante, ensimismado en su propio mundo, mientras que su hermano Colin (bajista infravaloradísimo que dio un verdadero clinic de cómo tocar con buen gusto) sí se mostró contento de volver a estar tocando junto a sus compañeros. Por su parte, Yorke no se comunicó verbalmente con el público más allá de los agradecimientos protocolarios tras el cierre de cada número, pero su expresión corporal relajada e incluso bailando de esa forma espasmódica tan suya denotaba que también se encontraba en su salsa.

Como nota negativa, hay que remarcar que el sonido no llegó a alcanzar los estándares de calidad que a una entidad de este nivel se le presupone. A ratos los graves opacaban las voces, o el conjunto no terminaba de sonar todo lo compacto que debería. Fue ajustándose a medida que avanzaba el repertorio, pero sin duda es un problema que a buen seguro se subsanará en las próximas jornadas.

Tras una hora y media en la que nos llevaron estilísticamente de un lado a otro, el bis se asentó para ofrecer algunos de sus hits más celebrados. Fue el caso de ‘Fake Plastic Trees’, única representante de sus dos primeras referencias dando con uno de los tramos más bellos de toda la velada, dejándonos a muchos al borde de las lágrimas. Se intercalaron ejercicios de rock espacial alucinógeno como ‘Subterranean Homesick Alien’ o esa pieza bautizada como la ‘Bohemian Rhapsody’ de la Generación X, que no es otra que la laberíntica ‘Paranoid Android’. ‘How To Disappear Completly’ reflejó la desolación que tan bien han sabido plasmar en otro instante para guardar en la memoria, igual que la rítmica ‘There There’ (con hasta cuatro músicos a los tambores) dejando claro que para ellos la música puede adquirir mil y una formas.

Y para los curiosos, no, no sonó ‘Creep’. Pero igual que tampoco lo hicieron ‘Pyramid Song’, ‘My Iron Lung’, ‘All I Need’, ‘Burn The Witch’, ‘Just’, ‘True Love Waits’, ‘Jigsaw Falling Into Place’… y muchas otras. Es lo que tiene disponer de un arsenal infinito, el cual es de esperar que vayan desplegando en las tres noches que les restan en la visita a nuestro país. La que sí se encargó de despedirnos fue ‘Karma Police’, una de sus “anti-baladas” por excelencia. Parafraseando sus últimas líneas (“For a minute there I lost myself”), durante algo más de dos horas presenciamos como Radiohead volvieron a reencontrarse consigo mismos.

GONZALO PUEBLA