Vaya por delante que hacer un biopic musical es uno de los encargos más difíciles que te pueden caer en la industria del cine. Son casi una invitación al desastre. Para empezar, suelen estar basados en personajes tan icónicos y reconocibles, que es muy difícil que ningún actor resulte realmente creíble. Condensar 30, 40 años en una hora y media o dos horas también implica que los saltos temporales y las inconsistencias le vayan a chirriar a cualquiera que haya seguido la carrera del artista.  Por otra parte, el arco narrativo siempre parece estar cortado por el mismo patrón: una infancia traumática, los inicios difíciles, el ascenso al éxito, la caída a los infiernos y la redención. Y tampoco nos engañemos, la mayoría de la vida de los músicos no son ni la mitad de interesantes de lo que imaginamos.

The Dirt, la peli basada en el libro de mismo título que Mötley Crüe publicaron en 2001 que hoy ha estrenado Netflix, no evita ninguno de estos problemas pese a contar con una materia prima muy jugosa. La trayectoria de la banda es el abc del ‘sexo, drogas y rock’n’roll’ y su vida y contiene suficientes elementos dramáticos (el accidente de coche de Vince Neil en el que murió Razzle de Hanoi Rocks, la muerte (y resurrección) de Nikki Sixx por sobredosis, la enfermedad de Mick Mars…) para darle enjundia.

La película dirigida por Jeff Tremaine hace un trabajo decente a la hora de explicar los hechos (excepto en la parte final con la vuelta de Vince Neil, para nada tan exitosa como la pintan), y los actores cumplen (en especial Machine Gun Kelly en el papel de Tommy Lee), aunque a ninguno le darán un Oscar. La ambientación de los 80 y la recreación de conciertos y videoclips están conseguidas, y hay detalles, como es plano lloviendo con el cartel de Ten de Pearl Jam en una pared antes de la separación con Vince Neil, que denotan que está hecha con cariño. Y por suerte, no hay un intento de blanquear sus excesos.

Pero donde naufraga es en encontrar el tono adecuado. Funciona cuando tira más a la comedia como en la escena inicial con squirting incluido, la aparición de Ozzy Osbourne o el mini diario de gira de Tommy Lee, pero fracasa cuando toca temas más serios acercándose a cualquier telefilm mediocre de sobremesa. Y en general, no hay ni una sola línea de diálogo que sea memorable. Aun así, The Dirt no es ni mucho mejor ni mucho peor que Bohemian Rhapsody, The Runaways o Straight Outta Compton. Aunque quizá le habría convenido más tirar hacia This Is Spinal Tap que intentar abarcar todos los registros. Entrenida e intrascendente.

JORDI MEYA