Hace ya un lustro que venimos notificando regularmente las idas y venidas de Ryan Adams en su intento por reconducir su carrera tras aquella cancelación que tantas veces hemos citado en cada una de las críticas y crónicas escritas sobre él desde que a finales de 2020 regresara a la palestra con Wednesdays.
En todo ese tiempo, el de Jacksonville nos ha avasallado lanzando nuevo material sin apenas respiro (más de una decena de álbumes de estudio, infinidad de versiones con discos dedicados a Bruce Springsteen, Bob Dylan u Oasis, además de algún directo), ha intentado resucitar (sin éxito) a The Cardinals, su banda de acompañamiento, ha cambiado de management en diversas ocasiones y se ha hinchado a girar por teatros de medio mundo. Estos conciertos de formato íntimo han sido los que en gran parte le han mantenido en el punto de mira, pero fiel a su espíritu autodestructivo, lo que en un primer momento parecía una tabla de salvación a la que aferrarse ha terminado convirtiéndose en el enésimo desastre de su trayectoria reciente.
Lo pudimos comprobar en su visita del pasado marzo a nuestro país, combinando momentos mágicos en los que repasaba su magnífico debut Heartbreak al tiempo que el público sufría sus desvaríos sobre el escenario, en ocasiones incluso enfrentándose a la audiencia. Tampoco la comunicación que ha mantenido en redes ha ayudado a mejorar su imagen con desafortunadas salidas de tono contra el movimiento Me Too y la cultura Woke que posteriormente acababa eliminando de su perfil de Instagram. Sumado a los continuos anuncios de que iba a retirar sede la carretera por una temporada, hacen que el futuro de Adams sea totalmente incierto a día de hoy.
Para rematar este año tan convulso, hace tan solo un par de semanas volvía a publicar por sorpresa un nuevo trabajo bautizado como Self Portrait. Un álbum doble de 24 cortes que el cantautor ha descrito como un nuevo capítulo en el que muestra los lugares en los que ha estado y hacía dónde se dirige. Una afirmación en gran parte cierta, aunque no de la manera en la que a muchos nos gustaría.
Esta colección de canciones reincide en uno de los grandes problemas de su última etapa. Se nutre de producciones caseras registradas en diferentes momentos, dando la sensación de que estemos ante una recopilación de maquetas y material descartado de otros proyectos. Esa impresión se acentúa según vamos avanzando en un tracklist al que cuesta encontrarle una coherencia unitaria. Tan pronto podemos estar escuchando piezas de pelaje acústico como ‘Please, Shut The Fuck Up’, ‘Saturday Night Forever’ o ‘Fools Game’, a toparnos con simpáticos pasatiempos como el garage 60’s de ‘I Am Dracula’, el country de ‘Honky Tonk Girl’ o las rockeras ‘Take The Money’ y ‘Throw It Away’.
El problema viene cuando la mayoría se tratan de grabaciones deficientes. Algunas directamente parecen comenzar justo a la mitad y no acaban de estar bien rematadas. Otras directamente apenas son breves bocetos de ideas sin desarrollar (‘Stormy Weather’, ‘Try Again Tomorrow’) que, aun evidenciando la facilidad que posee nuestro hombre para fabricar melodías preciosas, se quedan en simples anécdotas. Igual que las versiones de New Order (‘Blue Monday’) y R.E.M. (‘The One I Love’, ‘Shinny Happy People’) tampoco aportan nada, ya que están ejecutadas sin chispa ni gracia alguna. Apenas encontramos un convincente atisbo de genialidad justo al final en ‘At Dawn’, un corte de avance lento pero contundente.
Si Self Portrait pretende ser una fotografía del momento exacto en el que se encuentra ahora mismo Ryan Adams, desde luego cumple su objetivo, pues es tan disperso y caótico como él mismo. Más allá de la necesidad económica, una publicación como esta es difícil de justificar. Es una verdadera lástima que un tipo con un talento desmesurado para crear canciones como rosquillas no sea capaz de rodearse de gente que le ayude a filtrar correctamente tanto material. De ser así, probablemente hubiéramos tenido una última etapa menos productiva pero más satisfactoria a nivel discográfico. Un escenario que cada día que pasa parece alejarse más y más.
GONZALO PUEBLA








