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One Cut Of The Dead

Derribando las paredes.

Fue la sensación de todo festival en la que se dejó ver durante la temporada pasada y esta semana llega casi de tapadillo a unas pocas salas antes de saltar a plataformas de streaming. La película de Shinichirô Ueda ha conquistado a casi todos los espectadores que se han puesto por delante. Y digo casi porque One Cut Of The Dead no es plato de fácil digestión.

Aunque al final de sus ajustados noventa minutos uno se quede con la impresión de que ha visto una cosa tonta y ligera, la película surgida de la mente de Ryoichi Wada, autor de la obra (de teatro) original, y Ueda es una apuesta arriesgada y ambiciosa con forma de súper low cost con un precio que el espectador debe estar dispuesto a pagar.

Precisamente por eso One Cut Of The Dead cumple su cometido desde el primer al último plano.

A poco que te hayas mantenido más o menos al margen de la movida (¡cruza los dedos!) vas a terminar formando parte de esta familia de kamikazes del cine y gozando con su contagiosa pero peligrosamente excesiva pasión por lo suyo. Exactamente lo mínimo que exige esa profesión puramente vocacional que han elegido.

La película, que si bien podría no reinventar nada sí que refresca cierto estilo cinematográfico posmoderno, se apoya en casting impecable, lleno de nuevos talentos, liderado por un personaje principal maravilloso al que el debutante Takayuki Hamatsu dota de total naturalidad y corazón. Si apuestas por la confianza que la historia pide desde el primer minuto, terminarás por ver recompensado tu encomiable esfuerzo.

Exactamente igual que ellos. Viva el cine.

MIGUEL BAIN