Título: Sonic Life
Autor: Thurston Moore
Editado por: Contra
 

En Sonic Life, Thurston Moore firma una de las mejores memorias musicales del pasado 2025. A lo largo de casi 600 páginas, el icónico guitarrista repasa toda su trayectoria vital y artística sin escatimar detalles, con una escritura tan directa como minuciosa.

Si ya tienes cierta edad y te gusta la música de guitarras, seguro que tienes tu propia historia con Sonic Youth. La mía empieza con el videoclip de ‘Teenage Riot’, una pieza que estuvo rotando durante años en cadenas y programas musicales hasta bien entrados los noventa. Ese frenético collage audiovisual acompañaba una de las piezas más pegadizas y accesibles de una banda hasta entonces deliberadamente escurridiza y experimental. Y me atrevería a decir que muchos fanáticos del pop con distorsión descubrieron al cuarteto con ese corte incluido en el álbum doble Daydream Nation, su primer disco con la filial de una multi tras muchos años lanzando sus trabajos con la ayuda de sellos del underground.

Recuerdo también introducir en mi cadena musical uno de sus trabajos previos, EVOL, de 1986, y no entender nada de nada. Quería que me gustaran, pues Sonic Youth eran poco menos que una banda totémica para algunos de mis grupos favoritos, empezando por Nirvana, pero nada. Imposible con ese sonido primitivo, indómito, por momentos enmarañado, y esas estructuras laberínticas. Hasta que cayeron entre mis manos Goo y Dirty, de 1990 y 1992 respectivamente, bastantes años después de su publicación. Seguían siendo innovadores, pero entre el ruido empezaban a asomar buenas melodías a las que podía agarrarme.

Sonic Youth siempre fue, para mí, una asignatura pendiente. Conecté con el cuarteto sónico en el capítulo que Michael Azerrad les dedica en su célebre Nuestro grupo podría ser tu vida, de 2001. Y no hace tanto disfruté leyendo La chica del grupo, un interesante relato en primera persona de Kim Gordon, su excompañera de banda y de vida. En mi genuino interés por seguir descifrando su propuesta artística —tengo media docena de discos del cuarteto y no descarto seguir completando la colección— adquirí el presente Sonic Life, las memorias de uno de sus guitarristas y vocalistas, Thurston Moore. Por cierto, que nadie busque aquí un ajuste de cuentas con Gordon, cuya biografía sí carga contra quien fuera su compañero sentimental. Moore liquida su traumática ruptura en apenas un par de páginas. Las circunstancias, escribe él, “son intensamente personales y nunca sacaría provecho de ellas públicamente”.

Las casi 600 páginas de Sonic Life —dos palabras que Moore lleva tatuadas en la piel— imponen, pero el autor gasta un verbo preciso y directo y consigue contagiar su entusiasmo por la música y el arte en general. Arranca en su Florida natal y se desplaza rápidamente al Manhattan peligroso de los ochenta, cuna del punk y la no wave; entrelaza escenas familiares, comentarios jugosos sobre otras bandas y artistas importantes en su vida —de New York Dolls a Dinosaur Jr., pasando por los Ramones y Bowie— y la trayectoria de la formación que fundó en 1981 junto a Lee Ranaldo y Kim Gordon, completada más tarde por el batería Steve Shelley. La segunda mitad del libro está marcada por el terremoto cultural provocado por el grunge —1991, the year punk broke!—, que pilló a Kim y Thurston rondando los cuarenta y les situó, cuenta el guitarrista, como “figuras parentales” para nuevas generaciones que conocían y reivindicaban su “art-core noise rock intelectual”. Me refiero a Nirvana, Bikini Kill, Hole y Pavement, bandas para las que solo tiene palabras de cariño y admiración.

Por este volumen, entre la crónica generacional y el diario personal, organizado en 71 capítulos cortos, desfilan un sinfín de personajes clave en eso que llamamos escena ‘indie’, como el músico e ingeniero de sonido Steve Albini (el mismo que les dijo que “firmar con una major era el equivalente a dormir con cerdos”); el artista Raymond Pettibon, responsable de la portada del icónico Goo; y el mítico Mike Watt, el lenguaraz bajista de Minutemen y fIREHOSE, que todavía me parece más simpático después de leer este libro.

Moore alucinó con el “fuzz minimalista” del primer elepé homónimo de los Stooges siendo un crío y, muchos años después, consiguió compartir escenario con Iggy Pop. Sonic Life es eso: un recorrido por la increíble historia del músico y, sobre todo, una carta de amor a la música ruidosa y desafiante.

LUIS BENAVIDES