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MURDER BY DEATH – ‘Egg & Dart’

Un bonito broche para una carrera que hubiera merecido muchísimo más.

A medida que van pasando los años, uno aprende a relativizar el que un grupo decida colgar los instrumentos. Tendemos a romantizar el deseo de que nuestros artistas favoritos estén ahí para siempre, cuando en realidad ninguno es capaz de permanecer activo eternamente (salvo que seas The Rolling Stones, claro).

Es natural sentir pena porque algo que has disfrutado mucho llegue a su fin, pero también deberíamos alegrarnos por el mero hecho de que simplemente haya llegado a ocurrir. Que un grupo sea capaz de resistir en pie durante 5 años, independientemente de su alcance, ya es todo un logro en sí mismo. Por consiguiente, hacerlo durante un cuarto de siglo y de manera totalmente independiente como Murder By Death, debería considerarse todo un milagro. Pero 25 años después de su fundación, una decena de álbumes e infinidad de aventuras que darían para un buen libro de anécdotas, el combo de Bloomington ha tomado la decisión de que “hasta aquí hemos llegado”.

No ha tenido que ser fácil para su líder Adam Turla, pero sobrevivir en el mundillo de la música resulta cada vez más complicado para una formación tan peculiar como ellos. Recordemos que han tenido que financiarse a través de mecenazgo gran parte de su discografía, amén de otras actividades nada ortodoxas como sus residencias anuales en el Stanley Hotel (sí, el de la película de Stanley Kubrick El Resplandor) o actuar en cuevas subterráneas.

Probablemente esa manera especial de entender la música como un arte y no como un negocio es lo que les ha alejado de llegar a disfrutar de cierto reconocimiento. Ni tan siquiera a finales de la década de los 2000s y e inicios de 2010s, cuando nombres que podrían ser a fines como Arcade Fire o Mumford & Sons estaban en la cresta de ola, la onda expansiva del hype folk rock les llegó a rozar. A pesar de su incuestionable calidad, tal vez eran una banda demasiado personal para llegar al gran público.

El caso es que alcanzado este punto, Murder By Death se marchan a su manera. De forma elegante, sin hacer demasiado ruido y dejando los deberes hechos con Egg & Dart. Un álbum con un claro sabor agridulce por la despedida que supone, pero también con cierto aire de celebración. Un pequeño brindis por todo lo vivido. No en vano, es sintomático que el disco comience de forma íntima y, poco a poco, vaya elevando el ánimo a medida que se acerca al final.

Es la inicial ‘Searcher’ la que va marcando el tono de salida con un sonido de predominancia acústica, siempre con la guitarra de Turla y el cello su pareja Sarah Balliet bien presentes en primera línea de combate. Sin estridencias y con buen gusto, títulos como ‘Believe’ y ‘Sorry’ irán subrayando el toque, no tristón, pero si melancólico. Aunque como apuntábamos, también las algo más vitalistas ‘Wandering’, ‘Letter To The Editor’ y especialmente la redondísima ‘Lose You’ terminan por darle algo de colorido al conjunto.

Porque si bien hay claros, su música siempre ha escondido muchos oscuros. Por descontado, la faceta más cercana al americana gótico no podía faltar en este último álbum. Así que ahí aparecen ‘So Long’, el dramatismo de ‘No Matter Now’ (el trabajo en los arreglos de cuerdas de Balliet y la violinista Emma Tiemann aquí es de matrícula) y ‘Black Velvet Coat’, cuyo desarrollo crepuscular culmina en un catártico desenlace. “Everything destroyed will return again”, canta Turla mientras irrumpen las guitarras eléctricas en el pasaje más visceral del disco.

Egg & Dart supone pues un bonito broche para una carrera que hubiera merecido muchísimo más. Si todavía no les has descubierto, corre a escuchar In Bocca Al Luppo o Red Of Tooth And Claw. Nunca es tarde si la música es tan buena.

GONZALO PUEBLA