Como diría Diego Manrique, urge contextualizar a David Bowie a diez años de su partida, más aún su carrera en este siglo/milenio. Una década en que la sociedad ha retrocedido en cuanto a libertades y aceptación como óptimo al diferente, al extraño, al que marca las diferencias. Ahí Bowie, a pesar de sus robos conceptuales y musicales a multitud de artistas, empezando por Alice Cooper, fue uno de los reyes. Consiguió más de una revolución hormonal y de pensamiento. En parte gracias a Bowie en la Gran Bretaña glam se tornó natural-algo obvio-la homosexualidad o bisexualidad. Sus discos eran puertas a otros universos sonoros, literarios e incluso filosóficos. Algo más que una colección de canciones. Y en este siglo, Bowie mantuvo esa pulsión en sus cuatro álbumes de estudio.
Seguramente para muchos chavales su bautizo con Bowie ha venido a raíz de que Stranger Things haya utilizado el emocional ‘Heroes’ como tema de cierre de créditos en su decepcionante capítulo final. Para un lector novel de RockZone puede resultar paradójico empezar por el adiós en vez de por los momentos clave. En Bowie hasta los adioses son momentos clave, factor por el que ninguno de los cuatro discos sobre los que voy a escribir bajen del notable.
4. The Next Day (2013)

Perspicaz, Bowie sabía crear controversia o duda desde la plasticidad de las portadas. Más en este caso donde juega con la del magistral Heroes. Después de muchos años sin música, aparece “el día siguiente”, que conjuga, en cierto sentido, muchas de las múltiples sonoridades que Bowie utilizó en su paleta creativa. Repitiendo con su aliado Tony Viscoti y grabado por el mismo grupo de músicos, lo que pierde en canciones grandiosas lo gana en su un conjunto compacto y coherente. Que sea el disco menos bueno de Bowie este milenio dice que, a pesar de su escasa productividad en este siglo, nunca estuvo falto tanto de buenas ideas como resultados.
3. Reality (2003)

Motivado por una gira que lo revalorizó aún más en su estatus de leyenda (recordemos sus pinchazos en tours de los noventa al virar hacia la electrónica), aprovecha la fuerza impulsiva de esta y graba un monto de canciones en las que algunas destacan más que otras. Tirando de gente del grupo de directo como Gail Ann Dorsey o Earl Sick Bowie nos da un nuevo clásico de la talla de ‘Bring Me The Disco King’. La versión de los Modern Lovers, ‘Pablo Picasso’, es notable, algo que no se puede decir de la anecdótica relectura de ‘Try Some, Buy Some’ de George Harrison. Tanto inicio como final son fulgurantes y el álbum mantiene la tensión creativa alta.
2. Heathen (2002)

Abortado el interesante Toy, Bowie ofrece su mejor disco en mucho tiempo. Por sonoridad, colaboraciones estelares (Pete Townshend y Dave Gohl) y un gran repertorio. El mismo inicio con la reflexiva y lacónica ‘Sunday’ nos preparan para un viaje que tiene paradas en versiones brillantes de Pixies (‘Cactus’), su ídolo oculto The Legendary Stardust Cowboy (‘I Took A Trip On A Gemini Spaceship’) y Neil Young (‘I’ve Been Waiting For You’), con un primer single perfecto, el hímnico ‘Slow Down’ que guarda cierto parecido a ‘Heroes’. Hasta el arte del álbum rezuma brillantez. Esas referencias a los filósofos de la duda: Freud, Darwin y Nietzsche.
1. Blackstar (2016)

Recuerdo hablar con un amigo sobre la resiliencia que contenía Innuendo y las últimas canciones legadas por Mercury e imaginarnos si en tesitura similar Bowie respondería con tanto brío. Blackstar es un punto final magistral a una carrera de fondo con el signo de no crear sino liderar modas. Un álbum de letras entre crípticas y que pulsan el aciago aviso del estertor. A través de la experimentación, creando canciones que realizan la mezcolanza con el jazz de vanguardia. La apertura con el tema que titula el disco, ‘Lazarus’ hasta ‘I Can’t Give Everything Away’ denotan la mano de un artista sublime con alguna excepción, variando la frase de Baudelaire.
He mencionado tres canciones, podía haber mencionado cualquiera de las otras cuatro porque aquí sí que no hay notables bajos. El simple factor de que incluso influenciara a Trent Reznor en el tema de NIN God Break Down the Door explica todo. Un hasta siempre marcado porque el lanzamiento fue la fecha de su cumpleaños, el ocho de enero, y dos días después Bowie desapareció como ente vivo dejando un legado que nos sobrevivirá. Si se hiciera un ranking de diez mejores discos de este milenio, Blackstar debería incluirse.
IGNACIO REYO










