Hace justo un año Refused anunciaban su despedida. Esta vez parece que será definitiva y tras habernos visitado en algunos festivales este verano, los suecos volverán en octubre para actuar en salas de Barcelona y Madrid. Charlamos con Dennis Lyxzén antes de estas citas históricas.

No es fácil mantener la coherencia en los tiempos que corren. La distancia en lo que queremos hacer y cómo nos gustarían que fueran las cosas con lo que podemos hacer y cómo son se antoja cada vez mayor. Tampoco esa puede ser la excusa para no actuar según nuestros principios, pero desde luego debería servir para tener algo de empatía hacia cómo lo hacen los demás de la misma manera que la tenemos con nuestras propias contradicciones.

Refused, la banda sueca que revolucionó el hardcore con tercer álbum, el mítico The Shape Of Punk To Come, también ha caído en ellas. Como la de prometer que nunca volverían cuando se separaron en 1998 para luego reunirse en 2012 o formar parte de una industria musical que se rige por esas reglas del capitalismo que tanto critican. Posiblemente la única opción sería salir de ella y moverse por circuitos ajenos a ella: retirar su música de las plataformas de streaming, actuar solo en locales autogestionados y girar en bicicleta, porque a la que llenas el depósito de tu furgoneta seguro que una parte del gasto en combustible va a parar a algunas manos indeseables. Pero quizá esas contradicciones no son más que el precio a pagar para que su mensaje llegue al mayor número de gente posible.

Con motivo de sus conciertos el 28 de octubre en la sala Razzmatazz de Barcelona y el 29 de octubre en La Riviera de Madrid (entradas aquí) hace unos días conversamos con su vocalista Dennis Lyxzén sobre cómo se siente ahora que se acerca el final, el infarto que sufrió el año pasado y si cree que The Shape of Punk to Come es tan bueno como pensamos todos.

No pude veros este verano, pero todo el mundo que lo hizo me dijeron que estuvisteis a un nivel muy alto. ¿Cómo te sientes respecto a cómo estáis rindiendo Refused en esta gira?

DENNIS LYXZÉN «Genial. Hemos estado… no sé, tocando muy bien y pasándolo muy bien. Hasta ahora ha sido fantástico. No tengo quejas. Diría que ha sido una de las mejores experiencias de gira de nuestra carrera».

¿Dirías que el hecho de que sea vuestra gira de despedida ha hecho que la respuesta de los fans sea más entusiasta?
«Creo que el hecho de que la gente sepa que pronto se acaba, o probablemente sea la última vez que nos vean, definitivamente ayuda. Hace que la gente se implique un poco más. Y también creo, siendo sincero, no voy a mentir, que estamos tocando muchas canciones de The Shape of Punk to Come, lo cual siempre emociona a la gente. Así que es un poco eso y un poco el hecho de que es el final. La gente está más animada».

¿Y tú, sientes que estás más motivado también?
«Sí. Creo que siempre he sido alguien que mira hacia el futuro, pensando en lo siguiente que voy a hacer. Este año realmente estoy intentando estar en el momento y disfrutar de estos conciertos porque son fantásticos. Es la última vez que vamos a tocar estas canciones. Así que sí. Y bueno, siempre intento dar el 100% cada vez que toco. Pero tener en el fondo de tu mente la idea de que esto se acaba te empuja a dar un poco más, seguro».

¿Tenéis ya una fecha para el último concierto?
«Sí. Sí. Va a ser en nuestra ciudad natal, el fin de semana del 19 al 21 de diciembre. Ese será el final. Pero aún no está anunciado. Mucha gente pregunta cuándo serán los conciertos en Suecia. Pues serán en diciembre, y el final será en nuestra ciudad ese fin de semana».

Foto: Luis Carbxnell (Rockland)

«Como banda que en los 90 se marcó un estándar político, ahora es muy difícil de gestionar, porque si lo miras todo, no puedes tocar en ningún festival. Todos tienen sponsors, todos están conectados. No hay nada fuera del capitalismo» DENNIS LYXZÉN

¿Estás preparado para eso? ¿Dejar atrás un material que ha cambiado tu vida?
«No, no creo que esté preparado. Ahora mismo estamos en mitad de la gira y quedan como 20 conciertos antes de llegar a esos últimos. Por ahora me siento bien, como si solo estuviéramos tocando grandes conciertos. La gente está emocionada, no hay tristeza. Esto es pura emoción. Pero sí, quizá en la última semana me sienta diferente. Y está bien. De hecho, estoy deseando que lleguen esos conciertos. Estoy súper emocionado. Pero también lo estoy por todos los que tocaremos antes de terminar en casa».

Este tour de despedida empezó con mal pie. Estuviste en el hospital después de sufrir un infartos. Supongo que ahora estás totalmente recuperado, pero ¿los médicos te aconsejaron que te lo tomaras con calma en el escenario, que no saltaras tanto?
«(Risas) Mira, cada vez que voy al médico y digo que soy músico, ellos dicen, ‘vale, no pasa nada’. Y yo tengo que explicar: ‘no, no lo entendéis, no soy solo un músico, no me quedo quieto tocando’. A veces hasta tengo que enseñarles vídeos en directo y decir: ‘esto es lo que hago durante 90 minutos’ (risas). Creo que estoy totalmente recuperado. Me siento bien, mi corazón está en buena forma. Así que sí, me siento bien. Este verano especialmente. Hicimos una gira en Estados Unidos en marzo y abril, y aún estaba algo inestable. Pero este verano me he sentido genial, en buena forma y listo para hacerlo. Pero sí, no fue nada agradable. Es una de esas historias absurdas: el día que me dio el infarto íbamos a sacar un comunicado de prensa diciendo Refused are fucking dead y anunciar la ruptura de la banda. Y en lugar de eso, tuve un infarto (risas). Ridículo. Pero lo positivo de todo es que el año pasado íbamos a hacer un festival en Suecia, que era justo antes de que me pasara y solo 15 concierto: cinco en Europa, cinco en EE.UU., cinco en Suecia, y punto. Eso ya estaba organizado. Pero después del infarto se movió todo a este año, y este año estamos tocando 65 conciertos. Mucho mejor, podemos despedirnos de más gente y hacerlo más grande. Esa es la parte buena de haber estado a punto de morir (risas)«.

¿Crees que el infarto fue como un mal presagio de la decisión que ibais a tomar? ¿O quizá el universo diciendo “no rompas la banda otra vez”?
«Quizá, quizá (risas). O quizá el universo estaba diciendo: tal vez no deberías seguir tocando en esta banda (risas). Puede ser. Pero sí, fue definitivamente algo extraño. Espero que solo fuera una mierda que puede pasar a cualquiera, nada que ver con la banda.»

Cuéntame un poco sobre lo que sentías cuando escribiste el primer comunicado de prensa en 1988 cuando la banda se separó por primera vez en comparación a cuándo lo escribiste el año pasado.
«La primera vez recuerdo estar increíblemente enfadado e increíblemente triste y molesto por el hecho de que nos separáramos de una forma muy extraña. Una de las cosas que dijimos esta vez es que una de las razones por las que lo dejamos ahora es porque no queremos que termine en tragedia. Queremos terminar en nuestros propios términos y pasarlo bien cerrando esta etapa. Así que son situaciones muy diferentes. Entonces nos odiábamos, estábamos quemadísimos de las giras, quemadísimos los unos de los otros. No podíamos comunicarnos. Y nos separamos. Y creo que yo quería tener la última palabra, por eso hice el comunicado de prensa, porque sentí que los otros me habían dejado tirado y pensé: ‘que les jodan’. Así que hice ese comunicado. Pero ahora nos llevamos muy bien, lo estamos pasando en grande y esto es mucho más una celebración que un funeral. Lo siento de una manera muy, muy distinta».

¿Estás contento con cómo ha ido esta segunda etapa del grupo? Freedom en 2015 y War Music en 2019 no fueron tan celebrados como vuestros tres primeros discos, algo normal por el apego emocional de los fans. Pero para ti, como artista y como banda, ¿estáis contentos con cómo escribisteis y grabasteis esos discos y cómo fueron recibidos
«Cuando hicimos Freedom sabíamos que era una tarea imposible. Podríamos haber ido a todos los que aman Refused y darles un lingote de oro, y aún así habrían dicho: ‘sí, pero no es The Shape of Punk to Come’ (risas). Era una de esas situaciones en las que, escribiendo, pensábamos: ¿cómo compites con algo que la gente ha amado durante 16 años? Pero estoy muy orgulloso de esos discos. Creo que ambos tienen elementos muy guays, seguimos nuestra propia voz y dijimos: esto es lo que queremos hacer. Y creo que War Music es un disco que… lo sacamos cuatro meses antes de la pandemia. Cancelamos 50 o 60 conciertos ese año porque íbamos a girar con ese disco. Pienso que, si no hubiera ocurrido la pandemia, quizá habríamos sacado otro disco y todavía seguiríamos siendo una banda. Creo que War Music habría ido creciendo poco a poco. Pero así es la vida. No fuimos la única banda afectada por la pandemia. Es simplemente lo que pasó. Aun así, estoy orgulloso de esos discos. Creo que tienen temazos, como siempre. Mirando atrás, quizá hay una o dos canciones que cambiaría, pero eso es lo típico de ser músico: nunca estás satisfecho. Pero sí, estoy orgulloso. Y creo que quizá dentro de 10 o 15 años esos discos serán revaluados y la gente por fin los entenderá. Tenemos un montón de material extra para sacar una reedición que puede que cambie la opinión de la gente».

Por lo que dices, entiendo que Refused se acaba como banda en activo, pero ¿habrá reediciones, aniversarios y ese tipo de cosas?
«Sí. La gente piensa que la banda se acaba, todo se acabar, pero incluso cuando no éramos una banda seguían saliendo cosas, como que nos pedían estar en una banda sonora, y decíamos que sí. Así que, aunque no toquemos en directo ni hagamos música nueva, seguro que tendré que trabajar en cosas de Refused una vez a la semana por el resto de mi vida (risas), y está bien. De hecho, este año estamos grabando casi todos los conciertos, así que sacaremos un disco en directo. Eso seguirá pasando. No es que cerremos redes sociales y nunca más se sepa de nosotros. Formar parte de una banda es también trabajar en su legado. Habrá reediciones, reimpresiones, merchandising… Ese tipo de cosas seguirán durante mucho tiempo».

Obviamente vuestra carrera ha estado marcada por The Shape of Punk to Come y el impacto que tuvo en muchísima gente. ¿Pero cuál es tu opinión sincera sobre ese álbum? ¿Es tan bueno como se dice o está un poco sobrevalorado?
«(Risas) Creo que es un buen disco. Sí pienso que hay cosas en el álbum que me parecen una locura, pero también creo que esos elementos extraños suman al conjunto. Es un disco fantástico. Y tocar esas canciones en directo ahora y ver cómo responde la gente es un privilegio. Cuando montas tu primera banda nunca sabes cómo recibirá la gente tu música, y haber hecho un disco que, 27 años después, la gente sigue comentando, es increíble. Supongo que hicimos algo bien. Cuando nos separamos, no lo escuché durante mucho tiempo. Pasé de él. Pero unos seis o siete años después, Epitaph sacó una reedición en vinilo doble. Lo escuché y le mandé un mensaje a David (Sandström, batería) diciendo: ‘oye, sí que es bastante bueno’. Y él me contestó: ‘sí, es genial‘. Y pensé: ‘sí, es un disco cojonudo, tengo que admitirlo’. Aunque claro, hay partes que hoy cambiaría».

El título era un homenaje al disco The Shape of Jazz to Come de Ornette Coleman de 1959, pero ¿crees que de verdad cumplió su promesa? ¿Marcó cómo sería el punk en el siglo XXI?
«No lo sé. Para mí es difícil decirlo, soy un hombre del norte de Suecia, no nos gusta presumir (risas). Así que me cuesta decirlo. Espero que mucha gente se inspirara en nuestra música e hiciera lo suyo. Esa es la idea: inspírate y crea tu camino. Así que quizá. Pero también pienso que, como pasa siempre, nuestra música coincidió con otras bandas. Luego vino At the Drive-In, unos años después, y muchas bandas más ayudaron a dar forma al futuro del hardcore y la música pesada. Y creo que somos una de esas bandas. Es fantástico estar en esa lista, por así decirlo. Así que sí, quizá un poco».

¿Y cuál fue tu Shape of Punk to Come? ¿El disco que te abrió la mente y la creatividad?
«Es difícil, pero sí, diría que el disco que me hizo decidir: ‘vale, ahora soy punk, que le jodan a todo lo demás’, fue Give Me Convenience or Give Me Death de Dead Kennedys. Yo escuchaba hardcore, pero también era un poco metalero, me metí en el crossover y algunas cosas hardcore. Entonces compré ese disco de Dead Kennedys. Cuando puse ‘Police Truck’, la primera canción, aún recuerdo la sensación de ‘joder, esto es lo más. Esto es lo que quiero hacer’. Así que ese disco me cambió la vida. Luego hay un montón de discos que son igual de importantes para mí, pero ese fue el que me hizo decir: a la mierda todo».

Vamos a un tema más espinoso. Este verano tocasteis en algunos festivales con participación del fondo de inversión KKR, vinculado a Israel, algo que provocó bastantes críticas, aunque sacasteis un comunicado explicando vuestra decisión. ¿Crees que ser una banda política en 2025 es más difícil que en los 90, en el sentido de que ahora todo está tan interconectado que quizá entonces os marcáis unos estándares imposibles de cumplir actualmente?
«Sí. En los 90 todo parecía más inocente. Pasamos esa década boicoteando cosas: boicotea esto, boicotea aquello. Y estaba bien, porque nos hacía crecer en el pensamiento político. Pero ahora hemos llegado a un punto donde no hay nada fuera de este hipercapitalismo. Todo está en manos de diez conglomerados que lo poseen todo. Cuando empezamos a investigar lo de Superstruct y KKR y los festivales implicados, alguien nos dijo: ‘bueno, trabajáis con Live Nation, y Live Nation la controla BlackRock, que a su vez invierte en Lockheed, que manda armas a Israel’. Y fue como: ‘hostia, es verdad’. Y luego vas a la tienda y resulta que Pepsi manda dinero a Israel… Es una locura. Hicimos lo mejor que pudimos para gestionar la situación. No es fácil. Creo que el boicot puede ser útil, pero necesita millones de personas haciéndolo para que de verdad tenga fuerza. Mucha gente boicotea porque no le afecta. Dicen: voy a boicotear Coca-Cola. Pero a Coca-Cola le da igual. Nadie lo nota. Es fácil para mí decirlo porque ya no bebo Coca-Cola, pero no cambia nada. Y en Occidente tenemos esta mentalidad de salvadores: pensamos que si dejamos de comprar algo, los pueblos del Congo serán libres. Y no funciona así. Puede ser frustrante. Pero lo positivo, si levantamos un poco la mirada, es que expone lo que es el capitalismo. Está en todas partes, no podemos escapar. Y si lo está, hay que cambiarlo. Creo que es bueno ver cómo funcionan estas estructuras de poder y lo jodido que está todo. Tocamos y el dinero va subiendo poco a poco hasta terminar en las manos de unos pocos. Igual pasa con Spotify, cuyo CEO invierte en armas. Es un mundo jodido. Y como banda que en los 90 se marcó un estándar político, ahora es muy difícil de gestionar, porque si lo miras todo, no puedes tocar en ningún festival. Todos tienen sponsors, todos están conectados. No hay nada fuera del capitalismo. Así que ha sido difícil. Antes de publicar aquel comunicado sobre los festivales, hablé con David todos los días durante tres semanas. Hablamos con activistas, con políticos, con otras bandas, con agentes, con los festivales… Estuvimos semanas dudando si boicotear o tocar, Al final tocamos y pedimos más de dinero que luego donamos. En Suecia y Noruega tuvimos a activistas palestinos en el escenario, con grandes manifestaciones, recaudamos mucho dinero para causas palestinas. Y pensamos: quizá eso es lo mejor que podemos hacer. La historia nos juzgará. Quizá lo hicimos mal. Pero intentamos funcionar dentro de este mundo lo mejor posible. Entiendo que haya gente molesta, que pregunte por qué tocamos en esos festivales. Pero esa es la realidad. Y si crees que no deberías apoyar esos conciertos, no los apoyes, no vengas. Es tu elección. Pero lo que hacemos es intentar concienciar, hablar de política y ser directos con las cosas».

El pensamiento general es que el comunismo fracasó y que su caída dejó al capitalismo campar a sus anchas. ¿Cuándo crees que la gente se dará cuenta de que el capitalismo también ha fracasado? ¿Qué tiene que pasar para que digan: esto no funciona, necesitamos otro sistema?
«Creo que la gente lo siente todos los días. Pero es difícil centrarse exactamente en cuál es el problema. Nuestra salud mental es un efecto directo de vivir en un sistema económico que no está diseñado para seres humanos. Tanto la izquierda como la derecha están obsesionadas con que trabajemos. Trabajamos muchísimo y aun así no podemos permitirnos una vivienda digna. La gente siente ese efecto. Creo que la izquierda debería ser mejor en mostrar alternativas. Porque yo no sé cuál es. Si tuviera una alternativa real al capitalismo, no estaría haciendo esta entrevista contigo, estaría en la cena del premio Nobel de la Paz (risas). Pero creo que la izquierda debe dejar de reaccionar a la derecha y crear su propia visión de un mundo mejor. Ahora mismo solo reaccionamos a lo que hace la derecha, que son locuras, y nosotros contestamos. Deberíamos construir un futuro. Pero no es fácil. Hace falta muchísima gente para cambiar una estructura económica y social tan arraigada. Y encima estamos adoctrinados para pensar que este es el único sistema posible, que esto es lo mejor que podemos tener. Es difícil liberarse incluso mentalmente. Hay mucho trabajo por hacer».

Suecia solía ser un ejemplo de estado del bienestar, educación, justicia social. ¿Cómo ves a tu país ahora? ¿Crees que hay problemas que antes no estaban y ahora sí?
«Sí. En Suecia mandan los mismos populistas de derechas, fascistas wannabe y racistas que en Estados Unidos o en otros países. Y me temo que en España podría pasar lo mismo en unos años. En Noruega ya está pasando. Suecia ahora es parte de eso: culpar a los inmigrantes, culpar al otro. No está bien. Están recortando en cultura, recortando en todo. Lo que hacía grande a Suecia se está perdiendo. El año que viene hay elecciones, y este gobierno de derechas es bastante impopular, así que veremos qué pasa. Pero llevamos casi 20 años de lento desplazamiento hacia la derecha. Yo crecí con Olof Palme, con los socialdemócratas al mando, con un sistema bastante bueno. Y ahora, mirando atrás, veo que en mi infancia fue realmente buena. Ahora todo se desplaza poco a poco a la derecha. No es bueno, pero ser una banda que habla de esto te da combustible para seguir cantando, señalando y poniendo tu energía en hacer del mundo un lugar mejor».

Supongo que la mayoría de entrevistas que haces son con gente que conoce la banda, le gusta o incluso son fans, como yo. Pero, ¿alguna vez te has encontrado, quizá en Estados Unidos u otro país, con periodistas agresivos con tus ideas políticas?
«Un poco, no mucho. La mayoría de los que discuten mis ideas políticas suelen ser otros izquierdistas que quieren pelear sobre lo que acabamos de hablar, como: ¿por qué habéis hecho esto? La derecha creo que es demasiado egocéntrica para entender qué tipo de banda somos. Cada vez que vamos a Estados Unidos me sorprende que siempre hay alguien en el público gritando: ‘dejad de hablar de política’. Y pienso: ¿qué concierto creías que era? Siempre hemos sido claros con nuestras ideas políticas. Así que cuando alguien no lo entiende, me confunde. Pero no, no me han hecho muchas entrevistas hostiles. La mayoría son respetuosos y entienden de dónde venimos».

¿Ves un auge de ideas de derechas dentro de la comunidad punk y hardcore como en el resto de la sociedad?
«Diría que no mucho. El punk y el hardcore siguen siendo bastante de izquierdas, aunque muchas de las bandas nuevas no son tan políticas. Aun así, el sentimiento es de comunidad, de trabajar juntos, de que todos están incluidos. Personas racializadas, trans, todos forman parte de la comunidad. El punk y el hardcore son inclusivos por naturaleza. Y el lenguaje del punk y el hardcore ha sido político durante tanto tiempo que ya es parte de su tejido. Así que no, no hay muchas ideas de derechas en punk y hardcore. Quizá Johnny Ramone y John Lydon también, pero poco más.»

Una última pregunta: cuando Refused termine, supongo que te centrarás en INVSN y en Fake Names. ¿Tienes algún otro proyecto? Porque creo que en un momento tuviste cinco o seis bandas. ¿Vas a relajarte un poco y quedarte solo con esas dos?
«Sí, voy a relajarme un poco porque esto es una locura. Fake Names hemos grabado un disco nuevo que sale el año que viene. INVSN está trabajando en un álbum. Pero también tengo una banda punk llamada Venice Casino, donde toco la guitarra, y estamos haciendo un tercer disco. Sacamos uno hace un año, pero ya tengo muchas canciones nuevas. Y con David y Magnus de Refused tenemos una banda de free jazz junto a Mats Gustafsson, que toca el saxo. Vamos a sacar un disco en enero, una especie de free jazz doom metal. Tocaremos algunos conciertos con eso el año que viene. Así que seguiré ocupado (risas)«.

JORDI MEYA