Con su nuevo álbum Chrome Dipped, los australianos Civic se lanzan a un territorio sonoro desconocido, dejando atrás las estructuras rígidas del punk setentero que definieron sus dos primeros discos. Hablamos con su vocalista Jim McCullough antes de su gira española.

Desde Melbourne, y con dos discos que los situaron entre las nuevas promesas del punk rock, Civic vuelven con un álbum que conserva la fuerza bruta de sus inicios, pero se atreve a pisar terrenos nuevos. Producido por Kirin J. Callinan y grabado en el MONA (Museum of Old and New Art) en Tasmania, el recién publicado Chrome Dipped (ATO) suena a banda que ha madurado en la carretera y que ya no tiene miedo a romper su propio molde.

En esta nueva etapa, el grupo se atreve a experimentar con texturas industriales, más melodías y elementos del shoegaze, construyendo un sonido más complejo. Al frente de esta transformación está Jim McCullough, cuya voz —entre lo visceral y lo robótico— guía al oyente por un viaje de pérdidas personales, cuestionamientos existenciales y desafíos creativos. En esta entrevista, el vocalista reflexiona sobre el proceso detrás del disco, el trabajo con nuevos colaboradores y cómo enfrentarse a la incomodidad puede ser el camino más auténtico hacia la evolución artística.

El 24 de junio en San Sebastián (Dabadaba), el 25 en Madrid (Sala El Sol), el 26 en Valencia (Loco Club), el 27 en Barcelona (Sala Upload) y el 28 en Vitoria (Helldorado) tendremos la oportunidad de ver cómo se traslada todo esto al escenario. (Entradas aquí)

Chrome Dipped es diferente, pero siento que el espíritu de la banda está completamente representado. ¿Qué buscabais cuando empezasteis a trabajar en estas canciones? ¿Teníais claro que queríais cambiar algo el sonido?
JIM MCULLOUGH «Sí. Mira, al pasar al siguiente disco siempre va a haber ese cambio, encontrar un nuevo sonido o algo nuevo, porque no quieres que suene exactamente igual a lo último que hiciste. Entramos en el proyecto con la mente bastante abierta. Básicamente queríamos crear un nuevo disco de Civic, pero queríamos que tuviese vida propia, que sonara diferente, pero que también siguiera sonando a nosotros. Le explicaba a un amigo el otro día que siento que deberíamos haber tenido este sonido desde hace años. ¿Sabes a lo que me refiero? Nos ha llevado tres discos llegar a este punto, pero sentimos que ahora estamos realmente en el sitio donde quizá siempre deberíamos haber estado».

¿Y qué os lo impedía antes?
«Supongo que cuando empiezas una banda tienes influencias de aquí y de allá, ¿sabes? Durante ese proceso, como cualquier tipo de artista, pero, especialmente en los últimos cien años, o desde que existe la música punk, es bastante raro empezar una banda punk o hacer música sin tener ciertas influencias. No creo que haya nada malo en tenerlas, pero la belleza llega cuando de repente te miras en el espejo y dices: ‘joder, quizá debería haber sido yo mismo desde el principio y haber abandonado esas influencias’. Pero creo que tienes que pasar por esa fase de escuchar otras bandas e intentar sonar como ellas para darte cuenta del tipo de música o arte que realmente deberías estar haciendo. ¿Tiene sentido?».

Sí, claro. ¿Dirías que el legado y la influencia de bandas como The Scientists o Radio Birdman es casi abrumadora para cualquier banda punk australiana? ¿Está en el aire, es imposible escapar de ello?
«Creo que es como cualquier tipo de… Es como decir que un artista de España no puede evitar estar influenciado por Picasso, o alguien de París que no esté influenciado por Toulouse-Lautrec, o Renoir, ¿sabes? Eso es lo que quiero decir. Va a haber grandes artistas o músicos en cada ciudad, pueblo o donde sea que estés. Pero no debería ser una maldición, ni algo a lo que sientas que tienes que estar a la altura. Nunca íbamos a sonar tan bien como Radio Birdman o The Saints o The Scientists. Y nunca fue nuestra intención. Pero nadie va a ser tan bueno como Picasso o Toulouse-Lautrec o Renoir o quien quieras mencionar. Pero eso no significa que no esté bien estar influenciado por ellos para tu propio arte. No lo sé. No tengo esas respuestas. Pero creo que hacer arte va de mirar lo que te rodea. Crear algo nuevo es obviamente lo que el mundo quiere, pero no hay nada de malo en rendir homenaje o estar influenciado. Creo que es algo hermoso».

«Ahora estamos realmente en el sitio donde quizá siempre deberíamos haber estado» JIM MCULLOUGH

¿Hubo algún acontecimiento personal concreto que marcó el disco? ¿Te inspiraste en tu propia vida para escribir las letras de este álbum?
«Sí, por supuesto. Sin duda, pasas por cosas que te afectan en la vida y eso siempre va a influir en cómo escribes, o eso me gustaría pensar, y en cómo afrontas el arte. Es un reflejo de lo que te rodea. Durante este disco tuve un momento muy difícil con la pérdida de mi madre. Mi madre pasó por problemas de salud bastante importantes y acabé perdiéndola durante el proceso de este álbum, y fue bastante intenso. Tuve que aprender a escribir sobre eso, y cómo iba a ser capaz de cantar sobre ello cada noche y seguir adelante. Es intenso, pero también es bonito haber salido del otro lado sintiéndome bien con lo que he escrito y con poder hablar de ello. Podría haber escrito otra canción sobre cualquier otra cosa, pero en vez de eso decidí enfrentarme a la música y estar en primera línea lidiando con las emociones. Y eso no siempre es fácil».

Cuando te enfrentas a la muerte de alguien cercano, y en este caso es claramente la más cercana posible, te hace reflexionar sobre tu propia mortalidad y sobre cómo vives. ¿Cómo ha cambiado eso tu perspectiva?
«Mira, no sé si lo sabías, pero yo fui enterrador durante muchos años. Me dedicaba a recoger cadáveres».

Vaya…
«Sí, durante muchos años ese fue mi trabajo. Así que mi visión sobre la mortalidad siempre ha sido… soy bastante realista con ello, ¿sabes? Desde muy joven, en mis veintipocos, antes incluso de empezar en la música, ya recogía cadáveres y vivía situaciones bastante fuertes. Creo que es eso: no estamos aquí para siempre y no sabes cuánto tiempo te queda. Así que tienes que intentar ser una buena persona, ser bueno con los que tienes alrededor, cuidar de los demás. Ka familia es súper importante si puedes tenerla, y si no, entonces los amigos lo son. Ser creativo, hacer arte. No quiero irme por las ramas, pero mucha gente se cree que va a vivir para siempre, y esa no es la realidad».

Pero quizá tus canciones sí vivirán para siempre.
«Cien por cien. Y es curioso que lo digas porque justo hoy hablaba con mi padre de eso. Mi padre siempre me hace reír, y me dijo: ‘habéis escrito casi 50 canciones ya’. Creo que calculó que eran 54. Y me dijo: ‘esas canciones van a vivir para siempre’. Y hay algo muy bonito en esa idea de que puedes escribir unas letras, una canción, lo que sea, y que esas canciones, que salen casi automatizadas de ti, luego vivan para siempre. Da igual si conectan con cinco personas o con cinco millones. Siguen ahí».

Me gusta mucho cómo fluye el nuevo disco. Casi parece un setlist de concierto: empieza despacio y va creciendo, haciéndose más caótico y ruidoso. ¿Fue intencionado?
«Básicamente descubrimos que, con 11 canciones, puedes ordenarlas de unas 550.000 formas diferentes. Así que dijimos: vale, la nuestra es obviamente la mejor forma de hacerlo, ¿sabes? Y llegamos a esa manera de estructurarlo. Creo que sí, te da esa sensación de… No sé, ¿es ‘The Fool’ la mejor forma de empezar el disco? Quizá no. Algunos fans podrían decir: ‘Joder, deberíais haber empezado con tal canción’. Pero me gusta eso. Hoy en día es raro que alguien escuche un disco de principio a fin. La gente escucha una canción, y luego suena otra en su playlist. Así que, ¿a quién le importa al final? Pero sí que hicimos un esfuerzo consciente de que las canciones fluyeran de forma adecuada para contar la historia. Y creo que funciona».

Obviamente hay mil formas de escribir canciones. En los dos primeros discos parecía que partían más de riffs. En este parece que salen más de jams, incluso partes improvisadas. ¿Cómo ha cambiado vuestra forma de componer?
«Sí, queríamos meternos más en ese rollo jam, esa soltura. No hay nada malo en improvisar una canción. Siempre lo hemos hecho así en realidad. Tocas y luego encuentras la canción. Por ejemplo, ‘Dogs’ empezó como una jam en la que estábamos improvisando y yo tenía una especie de flujo de conciencia con las letras. Todo surgió así, y esa canción básicamente es una jam. Queríamos ese aire suelto, en lugar de que todo fuera tan apretado y preciso. Es un guiño a The Birthday Party, The Bad Seeds y esa siguiente ola después de la influencia de los 70. Esa música sigue siendo muy relevante, si no más. Creo que las bandas deberían mirar más hacia esa dirección hoy en día».

Sí. Pero incluso antes, si piensas en los Stooges, ya estaban en ese camino.
«Sí, claro. Los Stooges también. Totalmente».

«El espíritu punk sigue ahí, pero pintado de otra forma» JIM MCULLOUGH

¿Sientes que con este disco aseguráis un poco el poder envejecer como banda? El punk rock suele estar muy asociado a la juventud, pero este tipo de música más abierta parece que te permite seguir haciéndola con 50 o 60 años.
«Inevitablemente cambia tu relación con la música. Cuando eres joven, tiene sentido porque estás peleando con emociones, con ser joven, y escuchas a los Stooges y te hace verle todo el sentido. Pero me gusta la idea de que puedes mantener una mentalidad punk con 70… bueno, aún no estoy en mis 40 (risas). Pero puedes mantenerlo en tu vida. Todavía no hemos visto muchos punks viejos. O mueren, o estamos esperando a que envejezcan para poder decir ‘yo quiero ser eso’. Vale, sí, podemos decir que el punk es para jóvenes, pero no creo que sea solo para jóvenes. Creo que es más bien una mentalidad, un espíritu. Y los chavales odiarán oír eso, porque quieren protegerlo, hacerlo suyo, y eso también está bien. Pero por eso la música siempre está evolucionando y transformándose. Porque los punks se hacen mayores y los chavales de ahora piensan: ‘el punk es una mierda, ahora es esto otro’. El espíritu punk sigue ahí, pero pintado de otra forma».

Elegisteis a Kieran J. Callinan como productor del álbum, pero no estoy familiarizado con él. ¿Podrías contarme un poco quién es? ¿Es popular en Australia?
«Sí, es un artista bastante famoso, es increíble. Deberías escuchar su música, es genial. Lo involucramos en este disco porque queríamos darle la vuelta completamente al sonido. Y lo hizo. Solo hay un Kieran J. Callinan en el mundo, ¿sabes? Fue el candidato perfecto. Desmontó las canciones, les dio la vuelta, y además me empujó mucho a nivel vocal. Su espíritu y energía están muy presentes en este disco».

Muy pronto vais a volver a España. ¿Cómo te hace sentir el tener fans en la otra punta del mundo? ¿Crees que de alguna manera afecta a cómo afrontas la música actualmente?
«Es increíble saber que ahora podemos coger un avión, ir a España y habrá un par de cientos de personas que están metidas en nuestra música y se saben las canciones. Nunca esperábamos que pasara. Hacíamos estas canciones porque pensábamos que al mundo le importarían una mierda. Lo hacíamos para nosotros. Y de repente ahora estás tocando en shows por todo el mundo… es algo precioso. Y creo que hay que estar agradecido. La gratitud es muy importante».

JORDI MEYA