Se acaba de publicar el tercer largo del cuarteto londinense Dry Cleaning y, pese a que el componente sorpresivo se vea parcialmente diluido por el conocimiento previo de cuatro de sus once cortes —adelantados en forma de singles y EPs a lo largo del último año—, el impacto tras su escucha sigue siendo contundente.
En Secret Love, el grupo perfecciona su particular arte de convertir la rutina cotidiana, a priori banal, en literatura contemporánea. Florence Shaw continúa recitando como quien hojea distraídamente el mundo —frases oídas al pasar, obsesiones mínimas, pensamientos incómodos—, pero esta vez el foco se afila: detrás de lo aparentemente vacío asoman la manipulación, la desconfianza y el cansancio mental de una sociedad saturada de estímulos. Las canciones funcionan como pequeños retratos irónicos de nuestra vida digital, laboral y emocional, donde lo íntimo y lo político se confunden y donde incluso la ternura, insinuada en el título, aparece como un gesto frágil de resistencia.
La sección rítmica, a cargo del bajista Lewis Maynard y el batería Nick Buxton, resulta fundamental en la definición del sonido del disco. Ambos marcan patrones repetitivos que subrayan la voz recitada de Shaw y refuerzan esa sensación de pensamiento obsesivo, de ideas que circulan y regresan sin descanso, y a su vez deja espacio para que los cortantes riffs de guitarra a cargo de Tom Dowse se vayan clavando como una aguja que teje sin patrón. El poso post punk se hace especialmente visible en temas como ‘Evil Evil Idiot’ o ‘I Need You’, que miran al espejo de Joy Division, mientras que ‘Rocks’ irradia brillos opacos y una policromía que nunca abandona la escala de grises, evocando el legado de Siouxsie And The Banshees.
La producción de Cate Le Bon resulta clave para entender la amplitud y el refinamiento sonoro de Secret Love. Sin diluir el nervio post punk del grupo, Le Bon suaviza aristas, introduce nuevas texturas y permite que las canciones respiren con mayor libertad, ganando en dinámica y matices emocionales. Su trabajo aporta cohesión a un disco que se mueve entre la tensión rítmica y la apertura melódica, reforzando la relación entre la voz hablada de Florence Shaw y un acompañamiento instrumental más orgánico y expansivo. En ese sentido, el álbum no rompe con el pasado de Dry Cleaning, sino que lo amplía: mantiene la sequedad y la tensión de sus trabajos anteriores, pero las abre a un espectro sonoro más cálido, flexible y ambicioso.
Secret Love confirma pues, a Dry Cleaning como un grupo singular dentro del post punk británico actual, pero coherente gracias a un cancionero solvente. Mantiene la tensión y la sequedad de sus discos anteriores en cortes como ‘My Soul / Half Pint’ o ‘Blood’, pero las nuevas texturas y la libertad dinámica aportadas por Cate Le Bon, en ‘Secret Love (Concealed in a Drawing of a Boy)’ o ‘Let Me Grow and You’ll See the Fruit’ muestran un crecimiento medido y estimulante: un disco sólido que convence y deja espacio para lo que vendrá.
LLUÍS S. CEPRIAN









