Si algo ha llamado la atención en el lustro de vida de Depresión Sonora —que es lo mismo que decir Marcos Crespo, o Markusiano— es cómo, partiendo de las premisas del post punk de los 80, ha logrado conectar con una audiencia joven que, en algunos casos, no había nacido ni siquiera cuando sus padres escuchaban a Joy Division o Parálisis Permanente. La clave estuvo en unas letras de angustia existencialista, sinceras hasta el extremo, que conectaron con un público que no percibe el futuro con la misma claridad que generaciones anteriores.
Lo habría tenido muy fácil firmando para este nuevo álbum una réplica bien apañada del primero, ya que a ese discurso musical todavía le quedaba margen. Pero si algo ha demostrado Marcos es que sus inquietudes van bastante más allá de enchufar una caja de ritmos y dejar que unas buenas líneas de bajo marquen la pauta. De hecho, su curiosa colaboración junto a BB Trickz hace unos meses ya servía de aviso de que sus intereses musicales estaban virando hacia otros caminos, algo que se confirma en este nuevo trabajo titulado Los Perros No Entienden De Internet (…Y Yo No Entiendo Bien De Sentimientos).
Un título como ese tiene mucho menos de aleatorio de lo que puede parecer a primera vista. En las notas del álbum, Crespo toma a su perro Lucas, con el que convive desde hace nada menos que 13 años, como metáfora de la vida. La sencillez con la que un perro afronta su existencia no le ha pasado desapercibida, y de ahí surge un disco en el que Depresión Sonora introduce algo de luz en sus textos. Siguen presentes las dificultades del día a día, pero esta vez se abren paso finales menos dramáticos, donde otras salidas parecen posibles.
Musicalmente puede seguir sonando minimalista, pero estamos ante un álbum que sorprende por la cantidad de recursos que despliega. Es cierto que algunas canciones continúan el hilo conductor del debut —‘Sin Volverme Loco’ o ‘Cómo Será Vivir En El Campo’ son buenos ejemplos—, pero a lo largo del disco aparecen momentos que amplían el espectro sonoro del proyecto. El synth pop de ‘La Balada De Los Perros’ engancha desde el inicio, ‘Guárdame Este Secreto’ remite a los primeros The Cure y los pasajes más inesperados llegan con ‘Éxodo 32:15-28’, un poema recitado sobre un teclado minimalista, o con el cierre de ‘Qué Pena Que Nos Vayamos A Olvidar’, que recuerda a un Daniel Johnston en estado de gracia.
Si la intención de Marcos Crespo era descolocar al oyente y sacarlo de su zona de confort, lo ha conseguido con creces. Y quizá lo más estimulante sea pensar en lo que está por venir, ya que en este segundo álbum ha abierto múltiples puertas y no resulta fácil anticipar cuál de ellas acabará definiendo el rumbo de su música en el futuro.
RICHARD ROYUELA










