FECHA: 27 DE JUNIO DE 2025
LUGAR: POBLE ESPANYOL (BARCELONA)
PROMOTOR: ALMA OCCIDENT FESTIVAL
Desde hace unos años, Ian Astbury quiere trascenderse a sí mismo y a su propia banda, The Cult. Si previo a este inicio de década ver al grupo era similar a jugar a la ruleta rusa en cuanto a su frontman, ahora parece querer dejar la mejor versión de sí mismo y sus compañeros. Desea que The Cult no queden etiquetados simplemente como otro grupo más de entretenimiento, que sean trascendentales, únicos y atemporales. Algo que es notorio en casi todo su corpus creativo en estudio, por fin se ve presente en las tablas. Y eso a pesar de no variar excesivamente el repertorio coincidiendo con el regreso de Death Cult.
Por lo general, las reseñas hacia el concierto han sido peyorativas. Excepcional caso del colega Sergio Martos en la web de Ruta66, donde, a pesar de ser bastante crítico con ciertos aspectos del evento, razonando el por qué, deja bien la actuación. Puedo entender su punto de vista. El grupo tiene un guitarrista de apoyo en las sombras pero su sonido es indistinguible. Escrito esto, todo el peso de la guitarra le llega a Billy Duffy. A diferencia de cuando tenía un guitarra de apoyo, caso de Mike Dimkich (actualmente en Bad Religion), ahora en los temas de sonido más amplio, acá los de Sonic Temple o Beyond Good And Evil, al no alcanzar todo el abanico de guitarras, Duffy las minimiza. Para algunos un lastre, para servidor supervivencia pura del mancuniano.

The Cult han optado por apostar a nivel de sonido a la época pre Electric. Si en la gira del disco producido por Rick Rubin, Jamie Stewart pasaba a guitarrista rítmico y fichaban a Stephen Harris al bajo, ahora retornan a un aspecto más básico, sustentados en los arpegios y las atmósferas. Eso no quiere decir que Duffy decline el riff hard rockero cuando toca, porque no lo hace.
La velada, a diferencia de otras ciudades, Madrid o Londres me vienen a la mente, apenas cuenta con público gótico, siendo la mayoría heavies y hard rockeros, aparte del asistente casual que ha comprado la entrada del festival Alma. El arranque por sabido, no deja de ser menos eficiente. ‘Into the Clouds’ y ‘Rise’ son buenas apuestas, a pesar de ser desconocidas para el público generalista, ese público que parece que se ha quedado en Ceremony, precisamente su punto más débil en estudio. Enganchan con ese seguidor común a través de ‘Wild Flower’, le dejan perplejo con el hipnotismo de ‘The Witch’ y con ‘Hollow Man’ de Love lo recuperan. La metálica ‘WAR’ convence en su contundencia, para dar paso a la balada por antonomasia del grupo y momento emotivo, ‘Eddie (Ciao Baby)’. Uno, que la ha escuchado en eléctrico, acústico e incluso con un cuarteto de cuerdas, preferiría que la sustituyeran por ‘Nico’ o ‘Holy Mountain’.
Lo que tocan está dictado mayormente por Duffy, que apuesta a seguro sabiendo lo que la gente quiere escuchar. Una lástima teniendo en cuenta los grandes discos que han publicado este milenio. Y es que justo después de este clásico, afrontan ‘C.O.T.A.’, canción publicada en single bajo la nomenclatura Death Cult pero que en realidad se grabó en las sesiones de Under The Midnight Sun, quizá su mejor disco desde la cabra o la oveja de Mann si hay que ser certero. Emocionante tema para los fans fatales con un Astbury que se nota que aspira a la renovación. Le sigue ‘Mirror’, de la última referencia en álbum ya citada. Otro gran tema que, por desgracia, no provoca ningún sentimiento en los oyentes.
‘Resurrection Joe’ nos retrotrae a los tiempos de positive punk, siempre resolutiva. De ahí a la triada gótica y ganadora de ‘Rain’, ‘Spiritwalker’ y ‘She Sells Sanctuary’. Parón y los bises a través de ‘Fire Woman’ (repuesta el año pasado en el cancionero que tocan), que Astbury ha dicho odiar en varias ocasiones y con la que por fin parece haberse reconciliado, cantándola a la altura que merece. El final con ‘Love Removal Machine’ es una fiesta y todos se las prometen felices esperando más éxitos. Por desgracia, y en esto da en la diana la reseña de Sergio Martos, acabar aquí deja cierto sabor agridulce entre los espectadores. No han tocado más que quince piezas ni superado la hora y cuarto. Servidor, que volvió a utilizar la táctica del velociraptor con Usagi, otro adorador del Culto, lo acepta sin problema.

Los he visto más de cinco veces en los últimos tres años y el repertorio siempre son quince o dieciséis temas a lo sumo. Peor suerte tuvieron los que acudieron al día siguiente al Rock Imperium, festival antitético en sus postulados tanto a Astbury como incluso a Duffy. Allí tocaron una canción menos y aunque sonara ‘Lucifer’, los dejaron sin ‘C.O.T.A’. ni ‘Mirror’.
En Barcelona no faltaron, obviamente, las referencias culturales de Astbury, sea cantando alguna estrofa del ‘Spanish Caravan’ de The Doors o soltando una proclama del Che Guevara. Astbury es un tipo en continua transformación cultural y espiritual. Por eso sigue siendo vigente, por eso The Cult no son un grupo revival al estilo de Guns N’ Roses o Queen+ Adam Lambert. Lo suyo, con todas las diferencias que hay entre ambos conceptos, está más cerca de Trent Reznor y NIN.
IGNACIO REYO








