FECHA: 28 DE OCTUBRE DE 2025
LUGAR: SALA RAZZMATAZZ (BARCELONA)
PROMOTOR: BRING THE NOISE

Tengo dos noticias: una buena y una mala. ¿Por cuál queréis que empiece? Yo soy de los que prefiere siempre la mala primero, así que vamos allá.

Conozco a más de una, de dos, de tres y de cuatro personas que no pudieron, o directamente no quisieron, acudir al concierto de Refused por una cuestión puramente económica. Por mucha gira de despedida que sea, tener que pagar 55 euros para ver un bolo de hardcore —ponedle todas las comillas que queráis— en sala es excesivo.

Entiendo que los costes han aumentado mucho y que hoy en día sea inviable poner un tope de 5 dólares como hacían Fugazi en su momento —a saber si es uno de los motivos por los que no vuelven—, y Dennis Lyxzén explicó de manera coherente sus contradicciones en la entrevista que publicamos hace unas semanas, pero es decepcionante que los suecos no hayan tenido en cuenta que para muchos de sus fans pagar esos 55 euros era inasumible. Lo de las camisetas a 35 euros, igualmente, es para hacérselo mirar.

Mucha gente culpa de esta inflación desbocada a la avaricia de las promotoras, que tampoco son hermanitas de la caridad, pero no os engañéis: la última palabra sobre el precio de las entradas siempre la tiene el artista. Así que, aunque me supo mal que la sala apenas estuviera a un 60% de su capacidad, la culpa fue básicamente suya.

Foto Refused: Eric Altimis

También me pareció un insulto a la inteligencia que el cantante instara a la empresa que organizaba el concierto a “romper inmediatamente sus lazos con KKR”, el fondo de inversión vinculado al ejército israelí que tanta polémica ha levantado este año por ser accionista de festivales como el Resurrection Fest, el Sónar o el Tsunami, donde Refused actuaron en verano. A ver, Dennis, si tan mal te parece, aplícate el cuento y búscate otra promotora; y si no, mejor no digas nada. Tradicionalmente a Refused se les ha considerado una banda política, sinónimo de concienciada y comprometida, pero quizá en el futuro se les aplique el término en su sentido más peyorativo: predicar una cosa y hacer otra.

Ahora vamos con la buena: los muy cabrones dieron un conciertazo. Posiblemente, el mejor que les he visto desde que resucitaron en 2012. Quienes los habían visto en sus fechas en julio ya me habían avisado de que estaban en muy buena forma, pero no esperaba que tanto. Antes de entrar a fondo en su set, hay que mencionar a las dos bandas invitadas.

Foto Zeidun: Eric Altimis

Para empezar, Zeidun, que tocaron para muy poquita gente a la hora de la merienda. Los de Sant Celoni hace más de 20 años que no sacan un disco y solo se reúnen muy esporádicamente; según contó Joan Colomo, en esta ocasión fue por su amistad con David Sandström, el batería de Refused. A pesar de su mínima actividad, dieron el pego sin otra pretensión que pasar un buen rato. El desparpajo de Colomo (“¿hay algún catalán en el público o sois todos expats?”) creó la complicidad necesaria para que su repertorio, un tanto destartalado, con pasajes instrumentales a lo American Football (trompeta incluida), emo del de antes (‘Lide Misto Ziscu!’, ‘Zulo’) y hasta una versión reggae de ‘Rather Be Dead’ de Refused, entrara más que bien.

Foto Viva Belgrado: Eric Altimis

Y de una banda que toca poquísimo, pasamos a una que no para. Lo de Viva Belgrado fue cosa seria. Todavía no los había visto con Cris, su nueva bajista, y hay que decir que parece que, en lugar de siete meses, lleve toda la vida con ellos. Curioso que, al igual que su predecesor, Ángel, también se pase prácticamente todo el concierto de espaldas. ‘Una Soga’ fue el pistoletazo de salida a una actuación memorable en la que, durante una hora, demostraron por qué están donde están.

No es nada fácil sonar bien en Razzmatazz, pero los cordobeses pasaron la prueba con nota, volcándose en la parte más cañera de su repertorio y con un Cándido que, a excepción de cuando se descolgó la guitarra para la envolvente ‘Jupiter And Beyond The Infinite’, se mostró mucho más movido que otras veces. También hubo una sorpresa: como hicieran en su concierto de 2021, en plena pandemia, Aleix y Joan Cala Vento se subieron al escenario al final de ‘Ikebukuro Sunshine’, cantando aquello de “creo que esta noche no vamos a acabar muy bien”. Gracias también a ellos, fue todo lo contrario.

Refused saltaron a escena con ‘Poetry Written In Gasoline’, una elección curiosa teniendo en cuenta que es una cara B y tampoco de las más movidas, aunque no fue impedimento para que Dennis hiciera su primera exhibición de bailoteos y poses. Fue una especie de tanteo antes de arrollarnos con ‘The Shape Of Punk To Come’ y ‘The Refused Party Program’, una doble ración de su disco más célebre, y la coreada ‘Rather Be Dead’ de Songs to Fan the Flames of Discontent, uno de sus grandes clásicos. De su primera etapa saltamos a la segunda con ‘REV001’, el tema que abría War Music de 2019, el que quedará como su testamento musical y que quizá con el tiempo se valore más. Más tarde también tocarían ‘Economy Of Death’, que no desentonó para nada.

Foto Refused: Eric Altimis

Este primer tramo sirvió para constatar que Dennis se encuentra totalmente recuperado del infarto que les llevó a cancelar inicialmente esta gira. El tipo conserva la voz a un nivel óptimo y, como frontman, sigue siendo único, con sus malabares con el cable del micrófono y sus movimientos de soul man. También sirvió para comprobar que, paradójicamente, en este formato de cuarteto con Mattias Bärjed como único guitarrista tras la salida de Kristofer Steen, suenan mucho más compactos y definidos que antes, aunque se sienten más como una banda de rock tocando hardcore que como una de hardcore tocando rock. La furiosa ‘The Deadly Rhythm’, con un guiño final al ‘Raining Blood’ de Slayer, fue una buena muestra de ello.

Foto Refused: Eric Altimis

Dicho esto, en un setlist que tenía algo de revisión de toda su carrera —aunque The Shape Of Punk To Come fue su piedra angular—, Refused no quisieron olvidarse de sus raíces y nos sirvieron una doble ración de hardcore con ‘Circle Pit’ y una ‘Everlasting’ para moshear a gusto. Se notaba que la banda estaba disfrutando, y la parte final fue frenética, con ‘Worms of the Senses/Faculties of the Skull’, ‘Elektra’ —su único tema del siglo XXI que es celebrado como uno antiguo— y la inapelable ‘New Noise’, con decenas de móviles listos para inmortalizar su explosivo inicio con “Can I scream?”. El punto final lo puso la magistral y épica ‘Tannhäuser/Derivè’ con esa densidad avanzada a su tiempo.

“Cuando tienes 20 años puedes tocar 20 minutos y no pasa nada. Y ahora que tenemos 50, la gente espera que toquemos 90. Es de locos. Debería ser al revés”, bromeó Dennis ya en el bis, antes de finalizar con ‘Coup d’état’, con toda la pista botando de nuevo y regalándoles una última ovación. Ahora que sí parece que are fucking dead de verdad, me fui de su entierro contento por lo que había visto, pero pensando que es una pena que su discurso no haya aguantado tan bien como su música.

JORDI MEYA