FECHA: 25 DE JULIO DE 2025
LUGAR: WEMBLEY STADIUM (LONDRES, REINO UNIDO)
PROMOTOR: LIVE NATION
Todo el mundo tenía claro que, antes de que se hiciese oficial, la vuelta de Oasis era una de las reuniones más esperadas y, por tanto, lucrativas que podían suceder en el mundo de la música. Lo que seguramente pocos podían predecir era la locura colectiva que se generó cuando los hermanos Gallagher anunciaron hace un año que, efectivamente, volvían, y empezaron a agotar las entradas para estadios de medio mundo como si fueran conciertos íntimos. Quedó claro que, más que simples actuaciones, iban a ser eventos de esos que nadie quiere perderse. Unos por fanatismo, otros por nostalgia, y muchos más, simplemente, por el selfie.
Viendo el ambientazo que se respiraba camino a su primera noche en el estadio de Wembley, intergeneracional a más no poder, —probablemente el mismo que se vivió y vivirá en cualquiera de las otras 18 fechas de su gira por el Reino Unido— es evidente que el regreso de Oasis significa mucho más que la vuelta de una banda de música para el público británico. De hecho, que Cast y Richard Ashcroft fuesen los encargados de abrir los conciertos mostraba que esta gira no solo es la celebración de la banda inglesa más importante de las últimas décadas, sino también la de toda una época. Esos 90 del britpop, en los que el aluvión de nuevos artistas era diario y sentían que el mundo era suyo.

Cast se mostraron en buena forma. La banda sigue haciendo giras por locales de mediano aforo y sacando discos con cierta repercusión. Aunque sus 30 minutos no dieron para mucho, la respuesta que tuvieron hits como ‘Walkaway’ y, especialmente, ‘Alright’, dejó claro que aún siguen en el imaginario de mucha gente y que sus melodías beatlenianas siguen funcionando.
Otro cantar es Richard Ashcroft. El estadio ya estaba prácticamente lleno en el momento en que salió a escena, con un aspecto que no delata para nada sus 53 años, al ritmo de ‘Weeping Pillow’, una de las canciones de Urban Hymns. Aunque Ashcroft haya disfrutado de una carrera en solitario de cierta notoriedad, ni de lejos ha podido borrar su pasado como cantante de The Verve. Seis de las siete canciones que sonaron en Wembley pertenecen a su antigua banda, y cinco de ellas a Urban Hymns que, no lo olvidemos, ha vendido más copias que Definitely Maybe en el Reino Unido. De ahí que temas como ‘Sonnet’, ‘The Drugs Don’t Work’ y, por encima de todo, la inevitable ‘Bitter Sweet Symphony’, que cerró su actuación, recibieran una respuesta tan entusiasta, propia de un cabeza de cartel. Una manera perfecta de extender la alfombra roja para lo que iba a venir media hora después.

Y bien, con la intro ya clásica de ‘Fuckin’ In the Bushes’, salieron los héroes de Mánchester, con esa imagen que empieza a ser icónica: los dos hermanos con los brazos en alto y cogidos de la mano para dar paso a ‘Hello’. Si la locura colectiva puede tener una imagen, esa sería la de Wembley cuando sonaron las primeras notas. Momentos de intensidad difícilmente replicables, que posiblemente nadie más que Oasis y su público inglés pueden conseguir ahora mismo. La energía no decayó con los siguientes temas del repertorio: ‘Acquiesce’ —pocas veces una cara B ha conseguido el estatus de clásico—, ‘Morning Glory’ y ‘Some Might Say’. Y ahí es donde uno ve que es muy difícil juzgar un concierto de Oasis desde un prisma meramente musical. La emoción acaba pasando por encima de cualquier análisis relativamente objetivo que se pueda hacer.
Algo que no deja de ser curioso, ya que los Oasis de 2025 no son muy diferentes de aquellos que lo dejaron en 2009, metidos en una guerra civil interna sin freno. Es cierto que suenan mejor que nunca. Seguir contando con Gem Archer (guitarra) y Andy Bell (bajo) de la segunda encarnación de la banda, y con el gran Bonehead (guitarra) de la primera, ha sido un acierto, mientras que Joey Waronker (batería) y Christian Madden (teclados) cumplen su papel a la perfección. La apatía que les caracterizó durante gran parte de su carrera se ha desvanecido, y los Gallagher son conscientes de que esta nueva oportunidad es un regalo que ni su arrogancia puede pasar por alto. Pero en esencia, siguen siendo esa banda estática, con la nula interacción escénica que siempre les caracterizó. Todo se basa en un cancionero que el tiempo no ha hecho más que agrandar, y en un público que recibe cada uno de esos himnos como si fuera el último que fuera a escuchar en su vida.

También llama la atención cómo Liam se ha comido de manera definitiva a Noel. Durante los últimos años, el cantante ha sido quien mejor ha entendido que todo se lo debe a Oasis y mejor ha defendido el legado de la banda. Da la impresión de que el público tiene una mayor conexión con él que con su hermano. Sigue saliendo a escena abrigado como si estuviese en Islandia en febrero, suelta sus perlitas (aunque algo más comedido: “Cada vez que abro la boca parece que me meto en problemas, así que básicamente me voy a dedicar a cantar”, fue de lo primero que dijo), hace bailar a todo un Wembley el Poznan —un baile muy popular entre los seguidores del Manchester City que consiste en que la gente se ponga de espaldas al escenario, cogidos por la cintura— durante ‘Cigarettes & Alcohol’, y se mostró tan infalible a la voz como siempre. En definitiva: el Liam que queríamos ver.
Noel, por el contrario, parece tener suficiente con tocar esas canciones que él creó, soltar alguna puya futbolística (“Pep Guardiola es el mejor entrenador del mundo”, dijo mientras señalaba un display de cartón del míster del City que tiene detrás de sus amplis), y disfrutar de sus momentos de gloria interpretando cinco canciones como voz principal. Este fue uno de los puntos más débiles del show. La parte central con ‘Talk Tonight’, ‘Half The World Away’ y ‘Little by Little’ se hizo algo larga y bajó un poco la euforia de la actuación, y un inicio de bis con ‘The Masterplan’, por muy buena canción que sea, también fue un poco anti climática. Eso sí, con ‘Don’t Look Back In Anger’, cuyo estribillo ni intentó cantar viendo el delirio que tenía delante, todo volvió a explotar.
Y es que eso es lo que habíamos venido a vivir por encima de todo: poder quedarnos afónicos al unísono junto a 90.000 personas cantando ‘Supersonic’, ‘Roll With It’, ‘Stand By Me’ o el bis insuperable con la mencionadas ‘Don’t Look Back In Anger’, ‘Wonderwall’ y ‘Champagne Supernova’, y ser conscientes de que contra la nostalgia no se puede luchar.
Oasis nunca fueron ni serán el mejor grupo en directo del mundo, pero nadie puede generar momentos tan intensos como los que se viven en sus actuales conciertos. Y solo por eso —que no es poco— ya se justifica todo el entusiasmo y la histeria por conseguir una entrada que ha generado esta reunión. Démosla por buena, pues, por nada del mundo cambiaría lo vivido esa noche del 25 de julio en Wembley.
RICHARD ROYUELA








