Para unos son la gran esperanza blanca del rock, para otros unos burdos imitadores de Led Zeppelin. Pero lo que está claro es que Greta Van Fleet han conseguido estar en boca de todo el mundo. Con su debut Anthem Of The Peaceful Army, por fin en la calle, es el momento ideal para charlar con ellos.

Habría que remontarse a bastante tiempo atrás para encontrar una nueva banda de rock que hubiera armado tanto revuelo sin ni siquiera haber lanzado su primer disco como Greta Van Fleet. Pero con sólo dos EP’s, Black Smoke Rising y From The Fires, publicados en abril y noviembre del año pasado, Greta Van Fleet consiguieron que su hard rock de inspiración setentera llamara la atención de los medios especializados, del público, de figuras como Elton John, Slash o Robert Plant, o les valiera para actuar en festivales como Coachella o en programas como el de Jimmy Fallon. Hasta Justin Bieber colgó una foto con ellos en su Instagram.

Todo empezó oficialmente hace seis años en Frankenmuth, una pequeña localidad de Michigan, cuando los hermanos Kiszka, los gemelos Josh (voz) y Jake (guitarra), y el menor Sam (bajo, órgano) decidieron incorporar al batería Danny Wagner. Lo que hasta entonces había sido un hobby inspirado por la colección de viejos vinilos de su padre, se convirtió después de unos pocos ensayos en una obsesión. Tomando el nombre de una vecina de su pueblo que se llama Gretna Van Fleet -la mujer les dio su consentimiento- pronto empezarían a hacerse un nombre a nivel local. Ver como unos chavales de apenas 14 años eran capaces de sonar clavaditos a Led Zeppelin era un espectáculo digno de ver. Cómo dieron el salto al circuito profesional no está exactamente claro, pero la figura de Jason Flom, el cazatalentos que en su momento descubrió a Twisted Sister, Kid Rock o Black Veil Brides, fue decisiva. Con su apoyo y el consiguiente fichaje por Lava Records, su ascenso ha sido meteórico, tanto que la primera vez que visiten nuestro país, el próximo 22 de febrero, será en un local de las dimensiones del Sant Jordi Club de Barcelona. Todo un reto que veremos cómo superan. Lo que me queda claro, después de hablar con el pequeño de los Kiszka, es que se creen lo que hacen y que su amor por la música es genuino.

¿Cómo estás llevando todo lo que está sucediendo con la banda?
SAM KISZKA ”Está siendo una locura. El año pasado estuvimos girando sin parar y creo que eso es la base de todo. De hecho, el disco es una consecuencia de eso. Es un reflejo de dónde venimos y dónde estamos ahora. Acabamos el disco en febrero, así que casi ya estamos listos para el segundo disco porque no han parado de pasarnos cosas. Es una locura. Cada día aprendemos algo”.

¿En algún momento habéis pensado que tanto hype puede jugar en vuestra contra, que la gente os vea con escepticismo?
“¿Sabés qué? de momento el hype sólo nos ha traído cosas buenas. Creo que hemos crecido sobre todo por el boca oreja. Al principio era bastante underground y luego empezamos a entrar en el mainstream. Pero creo que el hype demuestra que se han abierto las puertas para algo diferente”.

Habéis estado girando mucho, y ya habéis tocado en algunos grandes festivales. ¿Sentís que estáis ya preparados para tocar en escenarios tan grandes?
“Creo que ahora ya lo afrontamos como algo natural. Intentamos controlar nuestro crecimiento, no queremos que todo sea demasiado rápido, porque queremos disfrutar del viaje. No queremos llegar a la cima lo más rápidamente posible. Hemos pasado de bares, a clubs, a teatros… Hemos tocado en festivales muy grandes, pero hay algo mágico en tocar en salas pequeñas”.

Cuando escuché Anthem Of The Peaceful Army por primera vez, me sorprendió por su madurez. Suena más como el tercer o cuarto disco de un grupo, no un debut.
(Risas) Muchas gracias. Creo que los dos primeros EP’s fueron en cierta manera nuestro primer disco. Anthem Of The Peaceful Army es el siguiente paso”.

La verdad es que esperaba un disco más animado, más rock’n’roll, pero hay bastantes temas lentos, largos, casi tirando al progresivo o al folk.
“Ya… Anthem Of The Peaceful Army es un disco especial. No se parece a los discos de rock modernos porque venimos de un lugar diferente. Los temas largos son otra cara de Greta Van Fleet, igual que los temas acústicos. Nos gusta hacer cosas diferentes”.

Creo que vuestro éxito es una buena noticia porque hay demasiadas bandas de rock que suenan demasiado producidas, casi mecánicas.
“Muchas gracias. Yo creo que la respuesta increíble que estamos teniendo es precisamente por eso. La gente está cansada de escuchar la misma mierda una y otra vez. Pasa en el pop, en el rock, en el country, en el rap, en el R&B… Todo está demasiado producido. Pero al mismo tiempo está saliendo un nuevo movimiento de música auténtica y emocional y estamos muy felices de formar parte de él. Cada vez veo más grupos que van en esa dirección. Creo que estamos entrando en un renacimiento de la música. La gente está desconectando del mainstream porque todo es demasiado genérico, suena como una fórmula”.

¿Qué bandas actuales estás siguiendo?
“El 28 de septiembre salió el debut de Cloves, One Big Nothing. Es muy bueno. Tiene la misma edad que nosotros y tiene la misma visión artística. Escuchándolo ves que tiene mucho sentimiento y que presta mucha atención a los detalles sin que la canción pierda emoción. Un disco así me hace tener mucha esperanza de cara al futuro”.

No puedo evitar preguntarte por las comparaciones con Led Zeppelin. Sinceramente, ¿cuándo empezasteis a tocar o escribir canciones ninguno de vosotros dijo ‘tíos, sonamos totalmente a Led Zeppelin’?
(Risas) Obviamente Led Zeppelin fue una banda muy importante cuando crecíamos, pero creo que tuvieron el mismo impacto en nosotros que The Rolling Stones o The Beatles. Los descubrimos cuando íbamos al instituto, así que para nosotros era un capítulo más dentro de nuestro descubrimiento del rock. Entiendo por qué la gente nos compara con ellos, sobre todo si sólo han escuchado ‘Highway Tune’. Es humano establecer comparaciones y no hay nada malo en ello. Pero creo que el nuevo disco demostrará que somos Greta Van Fleet. Necesitas tiempo antes de establecerte como un grupo reconocible. A algunos grupos les cuesta 20 años, otros mueren sin haberlo conseguido. Creo que nosotros estamos creciendo y nos sentimos muy agradecidos de haber sido aceptados tan rápidamente. Hay mucha gente creativa trabajando en cafeterías o lo que sea, y que hacen música cuando pueden, y eso dificulta mucho que puedas crecer. Para nosotros, podernos centrar únicamente en la música es un paso de gigante. Creo que eso hará que crezcamos mucho más rápido. Y seguiremos haciéndolo mientras la gente nos lo permita (risas)”.

Es curioso, pero a los grupos que suenan a Led Zeppelin se les mete mucha más caña que a grupos que copian a otros.  ¿Por qué crees que pasa eso?
(Risas) Es totalmente cierto. Supongo que es porque la gente se toma muy en serio su música. Más que la de cualquier otra banda. Pero cuando compartes tu música, nunca tienes la seguridad de que vaya a ser entendida”.

Una última pregunta al respecto. ¿Qué te pareció el comentario que hizo sobre vosotros Robert Plant diciendo que erais “Led Zeppelin I”?
(Risas) Fue interesante. Tampoco creo que nos diera el testigo ni nada parecido. Fue una circunstancia muy especial. Pero estar en una posición en la que artistas tan establecidos hablen sobre ti mola mucho”.

Vayamos a vuestros orígenes. ¿Cuál fue el primer hermano en coger un instrumento?
“Todo empezó con Jake. Siempre estaba tocando la guitarra acústica. La afinaba y desafinaba, hacía todo tipo de cosas. Nuestros padres estaban convencidos que se le pasaría, pero siguió y siguió y al final aprendió cómo tocarla. En muy poco tiempo sabía tocar mejor que cualquiera que intentara enseñarle. Tenía la mente abierta de un niño, sin límites. Tiene un sentido muy creativo y ha conectado con él a través del instrumento. Luego Josh a veces cantaba o tocaba la batería. Pero pronto empezaron a probar baterías de verdad y me di cuenta de que yo era el único que se estaba quedando fuera de la ecuación, así que escogí el bajo. Con 11 ó 12 ni siquiera sabía lo que era un bajo cuando lo cogí por primera vez. Y entonces apareció Daniel. La primera vez que tocamos todos juntos fue como si hubiéramos desplegado las velas y el viento nos hubiera impulsado. Fue una sensación increíble. Así nació Greta Van Fleet hace unos cinco años”.

¿El tocar juntos os ha hecho uniros más como hermanos? Porque hay muchos ejemplos de todo lo contrario.
“Desde luego. Ahora nos conocemos mucho más, tanto personal como musicalmente. Creo que el proceder de un mismo entorno, haber escuchado la misma música, nos beneficia mucho como grupo. Incluso Daniel vive apenas a dos millas de nuestra casa. Facilita mucho las cosas, porque tienes a tres tíos en un mismo sitio y lo único que necesitas es que venga el batería para ensayar. Creíamos mucho en nosotros mismos y eso es lo que nos hizo tirar adelante. Creo que una de las cosas que mola de Greta Van Fleet es que todos tenemos la misma mentalidad. Estamos muy acostumbrados a tocar juntos, eso es otra ventaja. Solíamos tocar cinco o seis horas en bares de Michigan. Fue allí donde mejoramos como músicos y aprendimos a tocar juntos”.

“Es humano establecer comparaciones y no hay nada malo en ello. Pero creo que el nuevo disco demostrará que somos Greta Van Fleet”

Normalmente en los grupos, los bajistas siempre son los que pasan más desapercibidos. En tu caso, más siendo el hermano pequeño, ¿te resulta complicado que se escuchen tus opiniones?
“Lo más difícil cuando compones o estás grabando es poder hacer realidad lo que tienes en la cabeza. Creo que nos pasa a todos. Pero en nuestro caso, lo bueno es que podemos decirnos las cosas con total franqueza. Puedes decir si una idea te parece buena o mala sin problemas. Eso hace que el ambiente sea óptimo para crear”.

Cuándo volvéis a casa, ¿todavía vivís con vuestros padres o ya os habéis emancipado?
(Risas) Técnicamente somos nómadas. Viajamos por las autopistas en una caravana con ruedas. Pero cuando tenemos un poco de tiempo libre está bien volver al hogar. Está bien volver a tu ciudad y reconectar con el ambiente en el que creciste. Hace que puedas coger aire y ordenar un poco las cosas en tu cerebro. Darle un sentido. Y al cabo de tres días, te vuelves a ir”.

¿Y no acabas harto de tus hermanos? No sólo tienes que verlos en la carretera, sino también en casa…
(Risas) Es raro porque es una relación más intensa que tendrías con tu pareja. Veo a estos tíos literalmente todos los días de mi vida. Todavía no tengo ganas de matarlos, pero seguro que llegara el día (risas)”.

¿Cómo apareció Jason Flom en vuestras vidas? ¿Le mandasteis una maqueta, os vio en directo…?
“Jason es una persona muy especial. La razón por la que decidimos seguirle fue porque tiene mucha determinación. Tiene mucho que ver con la manera en la que crecimos, con nuestra moral respecto al arte. Jason ha sido una persona que ha tenido mucho éxito porque es una persona muy intuitiva y muy inteligente. Nuestro management hizo un poco de prospección por si era mejor fichar con un sello o no, no lo teníamos claro, pero Lava Records era demasiado perfecto para decir que no. Hacen lo que se supone que un sello tiene que hacer. Nos dan todo lo que necesitamos y nunca han tomado una decisión respecto a nuestra música. Como banda, como artista debes tener todo el control en ese aspecto. Las cosas se estropean cuando se cruzan esos límites porque entonces sólo se busca un beneficio económico. Para mí eso es horrible porque es una explotación del arte. Me da asco. Pero Lava no funciona así. Pero volviendo a Jason, cuando escuchó algunas de nuestras canciones, decidió organizarnos un showcase para tocar para la gente del sello. Pero al día siguiente, nos dijo ‘olvidaros del showcase, voy a enviaros ya los documentos’. Y un par de días más tarde ya habíamos firmado con ellos. Fue muy emocionante ver que le ilusionaba tanto trabajar con nosotros”.

‘When The Curtain Falls’, el primer single del álbum, habla sobre una mujer, pero me preguntaba si es una metáfora sobre la industria musical.
“¡Bingo! Has dado en el clavo. Obviamente las letras están abiertas a la interpretación de cada uno, pero sería un error tomarse todo lo que se dice en el disco de manera literal. Josh es un gran letrista. ‘When The Curtains Falls’ es un poco distinta a lo que hemos escrito antes. Pero hay un motivo por el que fuera la puerta de entrada al disco. Es como un puente entre los EP’s y el disco”.

En Anthem Of The Peaceful Army se nota que no hay una visión comercial o de querer sonar en la radio.
“Gracias por darte cuenta. Sólo queremos hacer la mejor música posible. No tenemos la radio en la cabeza. Creo que eso juega a nuestro favor”.

Y al final acabáis sonando en la radio igualmente.
“Sí, es una pasada. No pensamos en hacer hits, pero a la gente le gusta igualmente. Tener unos fans dispuestos a apoyarte tanto es una bendición”.

Para mí dos grandes lacras de la música actual son el uso de compositores externos y el que muchos grupos compongan o graben a través de enviarse archivos. Creo que la música se resiente cuando una banda de rock no está en el mismo lugar tocando junta.
“Estoy de acuerdo. Hay algo muy especial cuando cuatro o cinco personas están tocando juntas. Tiene que haber una mentalidad colectiva. Creo que la gente percibe cuando algo es auténtico y cuando no”.

Una curiosidad final, he leído que Tom Hanks os visitó en el estudio mientras estabais grabando el disco. ¿Cómo acabó ahí?
(Risas) Lo que pasó es que Rita Wilson, su mujer, estaba grabando en los Blackbird Studios, como nosotros. Fue Rita quien le dijo que tenía que conocernos. Al parecer son fans nuestros y les pusimos algunos temas nuevos. Parecieron gustarles (risas). Tom nos dijo ‘Chicos, estas canciones están muy bien’. Mola mucho que alguien con quien has crecido viendo sus películas te diga eso”.

JORDI MEYA

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