FECHA: 20 DE SEPTIEMBRE DE 2022
LUGAR: LA RIVIERA (MADRID)
PROMOTOR: LIVE NATION

Los conciertos aplazados a causa de la pandemia han provocado que presenciemos situaciones que tiempo atrás nos hubieran parecido completamente surrealistas. Una de las más significativas es que Michael Kiwanuka haya tenido que aguardar nada menos que tres años para poder presentar su último trabajo en nuestro país.

A diferencia de otros artistas que han optado por dar salida a nuevo material a pesar de que ya lanzaron álbumes antes o durante el confinamiento, el británico ha optado por esperar el tiempo que fuera necesario para hacerle justicia a una obra que ha terminado por confirmarle como uno de los grandes renovadores del soul contemporáneo junto a nombres como Black Pumas, Brittany Howard y sus Alabama Shakes o Nathaniel Rateliff. Un dato que dice mucho del estado de confianza que atraviesa este cantautor de familia ugandesa y del que pudimos ser testigos en la segunda de las noches que tenía programadas en la capital.

Si por lo general ejercer de telonera es un papel difícil con el que lidiar, hacerlo en una sala grande armada tan solo de una guitarra acústica y tus canciones es todo un desafío. Con ese panorama tuvo que lidiar Mychelle, encargada de desvirgar la noche. Primero ante una sala a medio llenar que todavía guardó algo de respeto, y poco después ante un público más pendiente de hacerse con una cerveza y parlotear que de atender a lo que podía ofrecer la londinense en los poco más de 20 minutos de los que dispuso. Supo torear la situación gracias a su simpatía y una versión de ‘I Wanna Love You’ de Bob Marley, pero su actuación apenas pasó de la anécdota.

Tras un cuarto de hora de retraso respecto a la hora marcada (un detalle poco británico), hizo acto de presencia la banda seguida de un Kiwanuka dispuesto a tomarse su tiempo y manejar el ritmo del concierto a su antojo. Primero con una ceremonial ‘Piano Joint (This Kind Of Love)’ para ir empalmando sin concesiones un poker con algunos de sus hits más potentes. ‘One More Night’, ‘You Ain’t The Problem’, ‘Rolling’ y ‘Hero’ vinieron a demostrar que su propuesta también funciona cuando se trata de darle cierto tono festivo al asunto.

Foto: Blanca Gemma Fuerte

Con el homónimo Kiwanuka actuando como espina dorsal del setlist, la formación fue ejecutando el cancionero sin más pirotecnia escénica que un bien estudiado juego de luces apoyado por una bola de espejos. De entre los miembros, brilló el dueto de coristas, especialmente en una soberbia ‘Hard To Say Goodbye’ que nos recordó que para Kiwanuka Marvin Gaye y Otis Redding son tan importantes como Pink Floyd.

Esa búsqueda por ir más allá de los cánones del estilo es lo que en definitiva le hacen un personaje especial por encima de sus competidores, a pesar de no ser un derroche de carisma sobre las tablas. Tampoco lo necesitó para ganarse el silencio del respetable (si obviamos a alguna cotorra que parecía ignorar las advertencias del resto de asistentes) cuando le tocó interpretar el inicio de ‘Solid Ground’ a las teclas y un ‘Home Again’ que supuso el único guiño a su debut.

‘Cold Little Heart’ (desgraciadamente en su versión amputada sin esa fantástica intro de ensoñador space rock) y ‘Love & Hate’ echaron el resto en el bis ante el jolgorio generalizado. A pesar de que Kiwanuka abandonó sonriente el lugar de los hechos, quizás se le podría echar en cara una aparente frialdad que le hacen un tanto sosainas como frontman. Suerte que sus canciones hablan por sí solas.

GONZALO PUEBLA

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