FECHA: 11 DE SEPTIEMBRE DE 2025
LUGAR: SALA PARAL·LEL 62 (BARCELONA)
PROMOTOR: HELLO CLEVELAND, BLOOD FIRE DEATH

Hay noches en las que todos los astros parecen alinearse para convertir un simple concierto en algo más. La del pasado jueves en la sala Paral·lel 62 de Barcelona fue una de ellas. Algunos han utilizado adjetivos como histórico o trascendental para describir lo vivido en la primera edición del festival Catalunya Triomfant, y aunque pueda sonar exagerado, algo de eso hubo. Lo que sí fue, sin lugar a dudas, es un acto de reivindicación, reafirmación y un golpe de autoestima para una escena —la del metal extremo cantado en català— que hasta ahora parecía condenada a vivir en el subsuelo.

No digo que el éxito de esta iniciativa -por cierto promovida por los ínclitos Jordi Meya, Richard Royuela y Pau Navarra de esta santa casa- vaya a cambiar las cosas. A fin de cuentas, las propuestas de las seis bandas participantes no están hechas para el gran público, ni tampoco su voluntad es la de hacer concesiones para conseguirlo, pero como mínimo ayudará a visibilizarlas y darles ánimo para seguir adelante con su particular guerra. Y viendo el ritmo al que vendían merch, antes, entre, y después de los conciertos, seguro les ayudará en lo económico.

Foto Assot: Eric Altimis

La fecha escogida, el festivo de la Diada, era ideal en todos los sentidos -sobre todo para los que vivimos lejos de la capital-, pero aún así sorprendió que desde primera hora la pista de la sala estuviera prácticamente llena cuando Assot saltaron al escenario; poco después se abriría también el acceso a la primera balconada para albergar a los más de 1000 asistentes que acudieron.

El cuarteto del Montseny trajo su death metal con toques sludge inspirado en las leyendas de sus montañas. Su sonido robusto a base de riffs pesados hizo cabecear a gusto al personal con temas como ‘1714’ o ‘Territori Hostil’. A pesar de que la actividad del grupo es muy esporádica, su presencia fue un merecido reconocimiento como precursores de toda esta movida. Ojalá se animen a grabar ese tercer álbum que nos deben desde hace diez años.

Foto Siroll!: Eric Altimis

Siroll! subieron un peldaño en cuanto a presencia escénica, con cuatro pies de luces y columnas de humos, y un frontman como Gou que no paró de arengar al público. Su amalgama de thrash, groove, death y punteos de guitarra heavy metal, sonó de lo más potente con trallazos como ‘Al Gra’, ‘Plou poc, però pel poc que plou, plou prou’ o ‘Més Llenya Al Foc’ haciendo retumbar las paredes de la sala. Quizá de todos los participantes, el grupo de Cardona es el que tiene más potencial para pescar a más fans del metal en general.

Foto Bocc: Eric Altimis

De la exhuberancia de Siroll! pasamos a la pesadez más austera de los barceloneses Bocc con una iluminación mucho más tenebrosa. A medio camino entre High On Fire, Coffins y Bolt Thrower, el trío consiguió sonar guarro y poderoso ofreciendo una clase magistral que dejó boquiabiertos a muchos. La voz gutural del también guitarrista Emilio Casal invoca las peores pesadillas, pero durante 40 minutos rozaron el cielo con bombas como ‘Ànima d’Acer’ o ‘Icones Del Fracàs’. A destacar también el pulso tenso de Sergio Linares a la batería que soporta ese muro sonoro con sus baquetas mientras Andreu Cano pone el cemento con su bajo.

Foto Udol: Eric Altimis

Siguiendo en esa línea más doom, Udol, una de esa bandas que se hacer querer por su sencillez, bajó aún más las revoluciones, pero aumentó la épica y melodía. Si soy sincero, Adrià Boluda, el batería y vocalista del dúo de Caldes de Montbui, fue el único del que realmente podías identificar todas y cada una de las palabras que cantaba. Si la voz sonaba limpia y brillante, la guitarra de su socio Joan Roqueries ponía toda la oscuridad.
Dueños del espacio y los silencios, repasaron su último disco El Regne, de hace un par de años, pero al final rescataron ‘Execució’ de su primer EP 153 Lliures I 17 Salaris de 2017, dejando claro que, desde buen inicio, su personalidad ya estaba formada. Muy grandes.

Foto Vidres A La Sang: Eric Altimis

Aunque el festival estaba pensado para dar importancia al conjunto y no a los nombres individuales, Vidres A La Sang eran los cabezas de cartel no oficiales. Tras más de dos décadas de trayectoria son el grupo con más poder de convocatoria y quizá por eso dispusieron de 20 minutos extras respecto al resto de bandas. También su líder Eloi Boucherie es el que más activamente han reivindicado la riqueza de la lengua catalana adaptando en sus letras al poeta Miquel Martí i Pol. Esa sensibilidad lírica es mucho más palpable desde su vuelta en 2018 que en su primera etapa black metal, pero que recuperaran ‘La Terra I Tu’ o la insólita ‘Som’ en un repertorio centrado en los temas de su último disco y más progresivo Virtut Del Desencís, lejos de chirriar, dio fe de la profundidad de su patrimonio musical. ‘Els Vents Bufen A Favor’ de su Set De Sang de 2018 fue la canción más coreada de toda la noche, sonando, en este entorno, profética.

Foto Ósserp: Eric Altimis

El remate final lo pusieron Ósserp que aparecieron como cuarteto con Vali como único vocalista. Ignoro si será algo permanente, pero desde luego no les restó nada a su actuación. Autores de uno de los mejores trabajos de este lustro dentro del extremo, Els Nous Cants De La Sibil·la, verlos por fin en una sala de las características de Paral·lel hizo justicia al maravilloso ruido que Dani Gallego y Gerard Porqueres son capaces de crear con sus guitarras afinadas en el averno. Su manera de ejecutar el grindcore es de una precisión casi industrial, pero, no sé muy bien cómo explicarlo, suena profundamente humano. Si después de esta maratón a alguien le quedaban ganas de más, los barceloneses seguro que le saciaron.

Personalmente eché en falta que todos los músicos salieran a saludar al final para hacerse una foto juntos con toda la parroquia. Pero como decía al principio, no son bandas que piensen en colgar fotos en las redes o hacer gestos de cara a la galería. Aunque seguro que el recuerdo de todo lo vivido lo tendrán grabado en sus mentes para la eternidad. En las nuestras también.

DAVID GARCELL