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CREEPER – ‘Sanguivore II: Mistress Of Death’

Si eres de los que disfruta de los Ghost más AOR de los últimos tiempos, no dudes en hincarle el colmillo

Coincidiendo con la fiesta de Halloween -seguro que no es casualidad- Creeper lanzan su cuarto disco Sanguivore II: Mistress Of Death, secuela de su anterior trabajo aparecido hace dos años. Y como era de esperar, tratándose de una continuación, sigue la misma línea musical con esa mezcla de rock gótico y hard rock de los 80.

De hecho, la trama del disco nos sitúa en esa década de excesos y desmadre con una banda de rock formada por vampiros estando de gira mientras una figura misteriosa, Mistress Of Death («una criatura de lujuria, poder y luz»), se propone acabar con ellos. Estoy seguro que a Creeper les encantaría que Sanguivore se convirtiera en una película, pero a falta de eso, nos ofrecen una experiencia auditiva lo más cinematográfica posible. La intro ‘A Shadow Stirs’, en la que aparece recitando Patricia Morrison (The Gun Club, The Sisters Of Mercy) te transporta de inmediato a su universo con unos violines espeluznantes y unos coros espectrales que dan paso a ‘Mistress Of Death’, un tema que por su épica y melodía recuerda a ‘Holding Out For A Hero’ de Bonnie Tyler que compuso Jim Steinman, uno de sus grandes referentes musicales.

Y es que Creeper nunca han ocultado sus influencias, y en ‘Blood Magick (It’s a Ritual)’ no se cortan un pelo empezando directamente con un estribillo calcado al de ‘Heaven Is A Place On Earth’, el hit de Belinda Carlisle, cantado por la teclista Hannah Greenwood, aunque la voz grave de William Gould en las estrofas les aporta el toque gótico; seguro que Tobias Forge se maldice por no haber pensado en ello antes. La fiesta sigue con otros dos temas con estribillos de lo más pegadizos: ‘Headstones’, donde aprietan el acelerador con un riff a lo Judas Priest, y ‘Prey For The Night’, con Gould haciendo todo lo posible para sonar como Billy Idol. El productor Tom Dalgety (Ghost, Pixies, Clutch) se asegura de darles el mismo empuje y brillantez que si fueran himnos que tuvieran que competir en la radio con los de Bon Jovi o Def Leppard en 1986.

Pese a un inicio bastante explosivo, a partir de aquí, el disco pierde algo de fuelle con el medio tiempo ‘Daydreaming In The Dark’, donde afloran los sintetizadores, la teatral ‘Parasite’ y ‘The Black House’, con redoble de baterías electrónicas que acentúan el toque ochentero. En medio, ‘Razor Wide’, con Hannah tomando la voz principal, nos invita a un cabaret oscuro con arreglos de piano y saxo, aunque no acaba de funcionar del todo. No son malas canciones, pero carecen de la garra de los predecesores. Todo culmina con ‘Pavor Nocturnus’, una balada gótica que incluye dos solos de guitarra y en la que reaparece Patricia Morrison para sentenciar: «Cae el telón final, nuestra historia ha terminado. Más allá de la eternidad, encerrados en un sueño».

Quizá porque en Sanguivore ya habían mostrado muchos de los mismos trucos, esta segunda parte parece ligeramente inferior, pero si eres de los que disfruta de los Ghost más AOR de los últimos tiempos, no dudes en hincarle el colmillo.

JORDI MEYA