Con Metz en el congelador hasta nuevo aviso, su líder, Alex Edkins, ha encontrado en su proyecto Weird Nightmare la válvula de escape perfecta para sus ansias creativas.
En este segundo álbum, titulado Hoopla, Edkins se desprende casi por completo del noise rock y de los ramalazos post hardcore enérgicos que definieron su carrera para dar rienda suelta a un gusto exquisito por las melodías refrescantes. El disco es un ejercicio sorprendente de power pop guitarrero que destila una nostalgia luminosa por la adolescencia y esas vacaciones de verano infinitas; un refugio sonoro para la ingenuidad y la rebeldía que la vida adulta suele negarnos. Con las guitarras vibrantes y los estribillos pegadizos como bandera, las influencias de Teenage Fanclub (‘Baby Don’t) y The Undertones (‘Pay No Mind’) sobrevuelan todo el minutaje del álbum, conectando incluso con referentes más clásicos como los Beatles o Big Star.
Es imposible no pensar en cómo voy a dejarme este disco en bucle en los próximos meses. Los temas, uno a uno, funcionan de manera excelente, sin olvidar que están al servicio del conjunto, completando algo más de media hora de música terapéutica y, al mismo tiempo, refrescante.
La electricidad de la inicial ‘Headful of Rain’ hará que las adores de inmediato. Edkins opta por el falsete a lo Cheap Trick en las adictivas y melódicas ‘Might See You There’ o ‘Never In Style’. El estribillo con los clásicos «aaaahhh» y la fusión natural entre guitarras eléctricas y acústicas en ‘Baby Don’t’ resultan absolutamente deliciosos. La línea de guitarra tan Dinosaur Jr. en el estribillo de ‘Forever Elsewhere’, el dueto luminoso con Julianna Riolino en ‘Bright City Lights’ o la balada beatliana ‘If You Should Turn Away’ te sumergirán en paisajes veraniegos. La nostálgica ‘Where I Belong’ sirve como broche final gracias a un puente y un estribillo memorables.
Hoopla, que Edkins ha co-producido junto a Jim Eno de Spoon, es un giro de guion tan inesperado como necesario, que demuestra que, tras el muro de sonido de Metz, siempre latió un corazón pop de primer orden. Un disco que, sinceramente, no esperaba y que apunta a convertirse en una de las bandas sonoras del verano. Nostalgia y felicidad servidas a partes iguales. A disfrutar.
JOAN CALDERON









