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Subnormal

Emociona y expone sin miramientos la mierda que las víctimas del bullying sufren a diario.

Autores: Fernando Llor y Miguel Porto
Editado por:
Evolution Comics

En algún momento de los primeros años 80, un joven Iñaki Zubizarreta, el conocido jugador de la ACB, miró al vacío desde un acantilado y estuvo a punto de terminar con su vida víctima del acoso escolar al que se veía sometido en aquel momento de su infancia. Esta confesión con la que el ex deportista sorprendió a todo el mundo hace un año, cuando comunicó que colaboraba de forma activa concienciando contra el bullying en los colegios e institutos españoles, es la escena con la que Fernando Llor y Miguel Porto inician Subnormal, un recorrido por una etapa de dolor, sufrimiento y aprendizaje inspirado en las vivencias de joven Iñaki y la forma en la que logró superar el maltrato con el que vivió machacado.

Con un claro potencial didáctico y el ánimo de servir como herramienta de denuncia, esta biografía con elementos ficcionados obliga a quien se asoma a presenciar el trance del chaval, la forma en la que va siendo anulado en su entorno, la manera en la que la relación con su familia se ve afectada por la ansiedad tras regresar de las clases o las omisiones de ayuda de su colegio en los momentos en los que alguna persona adulta pudo hacer algo por ayudarle.

Algunos elementos de la trama han sido adaptados para hacerlos más actuales y veraces con las metodologías del maltrato online que los acosadores utilizan en la actualidad, aunque por desgracia en muchos lugares aún se tapen estos con la terrible frase ‘son cosas de niños’. 

Subnormal emociona y expone sin miramientos la mierda que los niños y niñas víctimas del bullying sufren a diario. Obliga a pensar, desde el punto de vista de la infancia y del adulto, por el pasado, presente y futuro. Qué clase de persona fuiste y en la que te has convertido y, lo más importante, qué le espera a nuestros hijos ahora que son ellos los que pueden caer en las garras de ese demonio.

El relato de Zubizarreta, a través del trabajo de Llor y Porto, ilumina y no deja de gritar, en cada una de sus páginas, que no hay motivos para saltar al vacío, que por muy solas que estén las criaturas siempre encontrarán un brazo al que agarrarse y seguir caminando. Si este cómic salva al menos una sola vida o conciencia a la chavalada acerca de esta lacra, el trabajo de sus autores habrá sido más que recompensado. 

SAMU GONZÁLEZ