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STATIC X – ‘Project Regeneration Vol. 1’

Hasta Wayne Static daría su aprobación si llegara a escucharlo.

Hacía muchos años que no me ponía un disco de Static X. Tantos como 11, los mismos que hace desde que publicaron su último disco, Cult Of Static. Mucho ha cambiado desde entonces, siendo que Wayne Static ya no se encuentra entre nosotros lo más relevante en lo que ahora nos concierne.

Su muerte en 2014, tres días antes de que cumpliera 49 años, por una sobredosis de fármacos, supuso de facto el fin del grupo. Pero en una época en que el valor de una marca está por encima del producto que se ofrezca, y en que la nostalgia vende más que nunca, no sorprende que el resto del grupo se pusiera de acuerdo rendirle un homenaje póstumo, y, de paso, sacar tajada. De hecho, todo parecía perfectamente planeado. En octubre de 2018 la formación original -con el guitarrista Koichi Fukuda, el bajista Tony Campos y el batería Ken Jay- anunciaba una gira para celebrar el 20 aniversario de su debut Wisconsin Death Trip sin revelar la identidad del sustituto de Static (pronto se sabría que era Edsel de la banda Dope) y un disco nuevo con grabaciones póstumas de su frontman y varios colaboradores de lujo con el título Project Regeneration Vol. 1.

Pese a mi escepticismo inicial, el tiempo transcurrido entre el anuncio y el lanzamiento apuntaba a que como mínimo se habrían tomado el proyecto en serio. El grupo ha contado con la ayuda del productor Ulrich Wild, con quien había trabajado en sus tres primeros discos, y no sólo han aprovechado las maquetas que había dejado Static, sino que han regrabado la mayoría de instrumentos. Eso de entrada hace ya que el disco no suene como un subproducto, sino que realmente podría haber sido publicado como un nuevo álbum con todas las de la ley de haber seguido Static en vida. Además, el material no está nada mal.

Decía al principio que hacía mucho que no escuchaba a Static X, y me ha sorprendido lo mucho que en algunos momentos me recuerdan a Korn. No cuesta nada imaginarse a Jonathan Davis cantando las estrofas de ‘Hollow’ o el estribillo de ‘Worth Dying For’. Pero si algo diferenció a la banda de sus contemporáneos es que siempre tuvieron un pie en el nu metal y otro en el industrial. Y es quizá en los temas donde aflora más esa vertiente donde ganan más personalidad y suenan como unos buenos discípulos de Fear Factory, caso de ‘Terminator Oscillator’, ‘Accelerate’ o ‘My Destruction’, con esos riffs machacones inmersos en una ambientación futurista.

Lo que no sé muy bien es dónde ha quedado el papel de teóricos invitados como Dez Fafara o Dave Draiman, si es que han llegado a participar. Yo al menos sólo soy capaz de reconocer a Al Jourgensen de Ministry en la final y oscura ‘Dead Souls’, por otra parte una las mejores canciones de un disco que, pese a las circunstancias, hará felices a sus fans. Creo que hasta Wayne Static daría su aprobación si llegara a escucharlo.

DAVID GARCELL