Hablar de Max Cavalera es hablar de la historia viva del metal contemporáneo. ¿Expresión exagerada? Quizás. Pero estamos hablando del autor —o coautor, por no entrar en polémicas estériles— de obras capitales como Chaos A.D. o Roots de Sepultura.
Fundó Soulfly para continuar con el legado de la redefinición de ese sonido groove metal con toques tribales. Ha liderado o participado en proyectos tan disruptivos como Nailbomb o Killer Be Killed. Y aquí estamos, en 2025, con nuevo álbum bajo el brazo —y van trece— de lo que ha sido su dedicación principal en los últimos —casi— treinta años.
Sé que vas a odiar esta definición: Chama es, de alguna manera, la vuelta a esos inicios en los que el mestizaje de ritmos tribales brasileños y el groove metal se daban la mano. Una vuelta a aquello que mantuvo a Soulfly en el candelero con su álbum homónimo, Primitive o 3. Tras una época mucho más thrash, ruda, vuelve por sus fueros acompañado de sus hijos Zyon al bajo, Igor Amadeus a la batería y el guitarrista Mike De Leon.
Chama es un álbum corto, de poco más de treinta minutos, con pasajes atmosféricos —que aún lo hacen más breve—, que muestra a un Max pletórico, con una producción a cargo de Zyon Cavalera y Arthur Risk, llena de matices sin renunciar a la contundencia ruda característica de los últimos trabajos de Soulfly. Y esa es la gran baza de este nuevo trabajo: ha conseguido encontrar un equilibrio entre lo que fueron y lo que son hoy.
‘Indigenous Inquisition’, con ritmo industrial y percusión ancestral, sirve como introducción a ‘Storm the Gates’, un ejercicio canónico de los primeros Soulfly, lleno de matices y detalles en la producción, en el que las guitarras y los arreglos de percusión nos recuerdan el retorno a las esencias. En ‘Nihilist’ —con Todd Jones de Nails—, ‘Black Hole Scum’ y ‘Favela/Dystopia’, Nailbomb aparece como elemento inspirador muy evidente.
El capítulo de colaboraciones no acaba con el grindcoreta Jones: en ‘No Pain=No Power’ —que parece la secuela de ‘No Hope=No Fear’, de su debut— colaboran Dino Cazares de Fear Factory, Gabriel Franco de Unto Others y Ben Cook de No Warning, en otra muestra de contundencia groove metal, a la altura de la leyenda. Para la brutal ‘Ghenna’, cuenta con el veterano Michael Amott de Arch Enemy, en un bulldozer sónico difícil de parar. No podía faltar la imprescindible ‘Soulfly XIII’ y un final a la altura de lo escuchado, ‘Chama’.
Chama es “llama” en portugués. Con este trabajo, Max y sus huestes demuestran que la llama sigue muy viva y que tiene cuerda para rato. Aunque breve, estamos hablando de su trabajo más inspirado en años y del retorno a unas raíces que no deberían haber abandonado jamás.
JOAN CALDERON









