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PARADISE LOST – ‘Obsidian’

Orbitan sobre su propia fórmula para demostrar que la sangre todavía fluye con fuerza en sus venas.

Resulta muy interesante la etapa sénior de muchas formaciones, entre ellas Paradise Lost. Descorchando su cuarta década como banda, parece que Greg Mackintosh y compañía han comprendido plenamente cuál es su papel en este mundo y en la música, y afortunadamente, a eso se dedican sin pretender transgredir aquello por lo que se les conoce o aventurarse a experimentaciones, ahora mismo, difícilmente comprensibles.

De esta forma, si Faith Divides Us – Death Unites Us y mi favorito de su etapa actual Tragic Idol nos devolvieron a los Paradise Lost con más ganas de seguir siendo relevantes dentro del doom gótico, hábiles ejercicios de estilo como The Plague Within y el disfrutable, aunque sobrevalorado Medusa certificaron que los de Halifax, tras 32 años de carrera, han tomado plena consciencia de quiénes son y qué se les da mejor.

Obsidian vuelve a ser otro disco típicamente Paradise Lost, aunque algo más variado y limpio que sus predecesores. De hecho, presenta un trabajado equilibrio entre sus dos facetas más reconocibles, la del gothic metal (goth rock incluso…) y la del doom más pulcro y descorazonador.

Como el mismo Mackintosh apunta en la nota de prensa, ‘Ghosts’ podría bailarse en cualquier antro gótico de finales de los 80, también la certera ‘Forsaken’ remite a su veta más siniestra, pero por otro lado, ‘The Devil Embraced’ o la lúgubre ‘Ravenghast’ ciernen una negra sombra sobre nosotros y, con la clase habitual, articulan esos dolorosos panegíricos tan deleitosos.

En la senda intermedia encontraríamos temas detallistas e introspectivos como la delicada ‘Darker Thoughts’, ‘Fall From Grace’, ‘Serenity’ o ‘Hope Dies Young’, en las que brilla especialmente Nick Holmes. Los poderosos guturales con los que siembra los cortes de Bloodbath hacen acto de presencia, entremezclados con ese estilo más íntimo y otras muchas versiones de su voz.

Obsidian es un correctísimo nuevo capítulo de una banda cuya única asigntura pendiente siguen siendo los directos. Esa apatía que a veces muestran sobre las tablas desde luego no se traslada a esta obra, donde Paradise Lost orbitan sobre su propia fórmula para demostrar que la sangre todavía fluye con fuerza en sus venas.

PAU NAVARRA