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KING GIZZARD & THE LIZARD WIZARD – ‘Fishing For Fishies’

Vuelven a demostrar que su imaginación no conoce límites.

Si dejamos a un lado a gente como Omar Rodríguez-López, resulta difícil encontrar a alguien con una producción discográfica tan basta en la última década como la que atesoran King Gizzard & The Lizard Wizard. Desde 2012 los australianos han salido como mínimo a disco por año, llegando a su cénit en 2017 con la aparición de cinco álbumes. En todo este tiempo el combo ha ido mutando su rock psicodélico de una manera pasmosa, reinventándose en cada nueva aventura.

Pueden jugar con las guitarras microtonales, inventarse una ópera de space rock, disfrazarse como una banda de free jazz, crear un disco para ser reproducido en un loop infinito o hasta regalar los masters de Polygondwanaland para que sus fans de todo el mundo fabriquen sus propios vinilos y los distribuyan por cuenta propia, dando lugar a diferentes ediciones del mismo. Y todo ello siendo totalmente reconocibles en cada entrega.

Esa creatividad sin filtro que gestionan desde la independencia que les proporciona su propio sello, Flightless, hace que los King Gizzard sean una de las formaciones más divertidas de seguir en la actualidad, pues uno nunca sabe con qué le van a sorprender. En el caso de Fishing For Fishies, que supone el decimocuarto larga duración en ocho años, según sus palabras el objetivo era intentar hacer un disco de blues rock… a su manera, claro.

Mismamente, ‘Fishing For Fishies’ es una pieza campestre por donde se cuela la armónica de Ambrose Kenny Smith, que tendrá mucho protagonismo en el resto de cortes. ‘Boogieman Sam’ y ‘Plastic Boogie’ ponen el toque pantanoso sureño como si de unos ZZ Top marcianos se tratase, al igual que el rock clásico de ‘The Cruel Millennial’. Pero justo en la recta final se desvían por completo del camino marcado para engancharnos con la ridículamente bailonga ‘Cyboogie’, que pinta a pelotazo en sus presentaciones en vivo.

Sin ser necesariamente una de sus mejores obras, vuelven a demostrar que su imaginación no conoce límites. Quién sabe si nos esperan más regalos por parte de Stu Mackenzie y sus amigos durante este curso. Con ellos cualquier cosa es posible.

GONZALO PUEBLA