Mientras algunos todavía andan asimilando el cambio de rumbo que dieron hace unos meses, Kadavar contraatacan con su segundo LP de 2025. Se ve que los germanos han regresado inspirados tras un lustro de sequía creativa.
Como ya comentamos el pasado mayo, I Just Want To Be A Sound confirmaba el giro que ya habíamos podido intuir en el pandémico The Isolation Tapes. Por eso mismo, de esta nueva entrega cabría esperar una prolongación de esa senda abierta donde la psicodelia le ha ganado la partida a los riffs de ascendencia sabbathiana. En parte así es, pero también da la impresión de que han querido buscar un punto intermedio entre su pasado y su presente.
Y es que en Kids Abandoning Destiny Among Vanity And Ruin parece que han dado un pasito atrás para traer de regreso la pesadez y contundencia de las guitarras que tanto les había caracterizado en el pasado. Algo de eso hay en estas canciones, pero al mismo tiempo se nota que han evitado repetir los mismos esquemas que en tantas ocasiones les hacían caer en el tedio. Recular, tal vez, pero sin dejar de mirar hacía el frente.
El problema es que no todas las canciones se resuelven de la misma manera, quedando en muchos momentos en tierra de nadie. ‘Lies’ arranca con un riff prometedor y un planteamiento menos lineal en comparación a sus composiciones más monolíticas. Pero la producción resulta un tanto apagada, sin acabar de dotar al tema del punch necesario. Lo mismo ocurre con ‘Stick It’, dónde buscan un lugar común para la psicodelia pasada por el pedal de fuzz sin que termine de prosperar.
Otras como ‘Heartache’ y muy especialmente una ‘Explosions In The Sky’ que me recuerda a los Wolfmother de aquel sorprendente debut de 2005, sí hubieran encajado sin problemas dentro de la línea de su anterior trabajo. Pero cualquier opinión que puedas formarte sobre el global del disco explota cuando en la recta final Kadavar se dejan de tonterías y hacen rugir a sus guitarras como es debido.
En ‘K.A.D.A.V.A.R.’ suenan verdaderamente desatados jugando con un ritmo bailable y un coro que la convierte a partir de ahora en obligatoria dentro de sus setlists. Igual que con ‘Total Annihilation’, un ejercicio donde rozan el thrash metal. Pura potencia endemoniada culminada con un solo de tintes épicos que ayuda a terminar con mejor sabor de boca un álbum lleno de buenas intenciones que no han conseguido llevar buen puerto de la misma manera que lograron con su predecesor hace tan solo medio año.
No obstante, y a pesar de que el resultado es irregular, la evolución que están desarrollando Kadavar en los últimos tiempos ya resulta más interesante que gran parte de su discografía previa, dónde reinaba el inmovilismo estilístico y la falta de ideas. Puede que todavía les quede camino por recorrer, pero algo me dice que su mejor obra está todavía por llegar.
GONZALO PUEBLA









