Según han contado los hermanos Madden, el origen del primer disco de Good Charlotte en siete años tiene una fecha concreta: el 22 de abril de 2023. Ese día se casaba la hermana pequeña de la mediática Nicole Richie, la mujer del cantante Joel Madden, y le pidió que el grupo se reuniera para tocar en la fiesta que se celebraría en el lujoso Hotel du Cap en la Costa Azul francesa.
El grupo aceptó y, por lo visto, los gemelos disfrutaron tanto de la experiencia que se sintieron inspirados para ponerse a escribir nuevo material y grabar un álbum. Pero si esperabas que este fuera un disco divertido y festivo, busca en otra parte. De su docena de canciones solo el single ‘Rejects’, ‘Stepper’, la bailable ‘Bodies’ y ‘Vertigo’ tienen algo de chispa, aunque están más cerca de Smash Mouth que de Blink-182, y como mucho servirían de temas de relleno en la banda sonora de una secuela de American Pie.
El resto son medios tiempos y baladas en las que sacan su lado más azucarado, cuando no directamente cursi. Por ahí cuelan alguna buena melodía, pero es difícil no sentir algo de vergüenza ajena al escuchar las empalagosas ‘The Dress Rehearsal’, ‘Castle In The Sand’, ‘Deserve You’, un dueto con el artista country Luke Borchelt’ o ‘I Don’t Work Here Anymore’ que suena como una mezcla entre ‘Torn’ de Natalie Imbruglia y ‘The Reason’ de Hoobastank. Siempre fueron bastante blandos, pero aquí se han pasado de la raya. Sinceramente, me cuesta imaginar a cualquiera de sus antiguos fans escuchando este disco más de una vez.
Está claro que en los últimos años Joel y Benji Madden han estado más motivados en tirar adelante sus negocios -la empresa de management MDDN, que incluye a Bad Omens, Poppy o Architects entre sus clientes, y la plataforma de streaming VEEPS- que en hacer música, y eso pasa factura. Good Charlotte ya no está en el centro de sus vidas, se ha convertido en un pasatiempo, un capricho, solo a tiempo parcial, de dos nuevos ricos. ¿Motel Du Cap? Más bien montón de caca.
MARC LÓPEZ








