Desde que fuera “desenmascarado” en 2017, Tobias Forge parece poseer un don especial para manejar los tiempos como nadie. Tal es el grado de ubicuidad del indiscutible líder de Ghost para estar en el lugar y momento adecuados que hasta parece cosa de brujería.
Si hacemos un poco de memoria, recordaremos que su cuarto trabajo de estudio, Prequelle,se situaba temáticamente durante el periodo en el que La Peste Negra causó estragos en la Europa del siglo XIV. Que su gira de presentación finalizara justo pocos días antes de que comenzara la crisis mundial del COVID-19 podría achacarse a un mero capricho de la casualidad. Pero que su siguiente paso discográfico con Impera versara sobre la lucha de poderes entre líderes mundiales, al mismo tiempo que estallaba el conflicto entre Rusia y Ucrania, ya era más que sospechoso.
Para este nuevo capítulo ha vuelto a clavarlo, ya que la sexta placa del conjunto sueco llega este viernes a los pocos días de haberse conocido el reciente fallecimiento del Pontífice Francisco. Como viene siendo habitual en cada entrega, Tobias ya había tomado la delantera hace unas semanas presentando a Papa Perpetua (también conocido como V), otro personaje a añadir al lore que lleva construyendo desde los inicios de la banda. Por lo que hemos podido saber hasta ahora, se trata del hermano gemelo de su antecesor Papa Emeritus IV, anteriormente Cardinal Copia. El enésimo culebrón de la telenovela se estrenaba a poco más de un mes de iniciar el primer tramo europeo de la gira mundial que acometerán este año, desatando una expectación que ya apenas estamos acostumbrados a experimentar con el lanzamiento de un álbum dentro del mundo del rock y el metal.
Pero si en cuanto a la narrativa y la estética Skeletá presenta novedades, en lo musical da síntomas de que el proyecto se ha instalado definitiva y cómodamente en ese sonido tan deudor del arena rock de los 80. Y eso hace que encontremos varios momentos que harán las delicias de quienes les hayan seguido hasta aquí (si todavía queda algún inocente esperando que vuelvan a las raíces de Opus Eponymous, ya se puede ir dando la vuelta), pero también otros que no resultan tan brillantes.
El primer caso sintomático lo encontramos nada más iniciar el álbum. Con un coro eclesiástico a modo de introducción, ‘Peacefield’ se va desarrollando a fuego lento con una cadencia descaradamente AOR en la línea de títulos pasados como ‘Griftwood’. No es en absoluto un mal tema, pero carece del impacto inmediato de aperturas pretéritas como ‘Rats’ o ‘Kaisarion’.
Acto seguido, llegan los dos singles de adelanto que a estas alturas ya todos conocemos. ‘Lachryma’ es pura alquimia, pues combina la oscuridad de sus primeras referencias en las estrofas con un estribillo marca de la casa. En una onda similar transita ‘Satanized’ avanzando hacia otra melodía pegadiza cual chicle en una zapatilla. Ambas demuestran que Forge le tiene perfectamente cogida la medida a su propia fórmula, pero sigue haciendo que esta resulte tremendamente adictiva.
Aunque si hablamos de acudir al manual de estilo, con ‘Guiding Lights’ comienzan a dispararse las alarmas de que aquí ha faltado darle alguna que otra vuelta a las composiciones. Se trata de una power ballad en toda regla, cumpliendo cada uno de los requisitos obligados en este tipo de cortes destinados a alzar todos los mecheros de un pabellón (más aun teniendo en cuenta que los móviles están prohibidos en las actuaciones que actualmente están llevando a cabo). La construcción se realiza poco a poco, con un crescendo que culmina en un solo de los de melena al viento y ventilador a tope de revoluciones. Demasiado genérica y sin nada especial que la haga destacar.
‘De Profundis Borealis’ sí logra llamar la atención de primeras gracias a un ritmo marcadamente rápido que conduce imparable la canción de principio a fin, siendo rematada con un estribillo épico antes de abortar la primera cara con un fade out. Uno de los instantes más interesantes del álbum que a buen seguro irá creciendo con el paso de las escuchas. Lástima que el tramo central no acompañe con ‘Cenotaph’ y ‘Missilia Armore’. La primera presenta un riff que cabalga alegremente sobre una melodía limpia, siendo uno de los temas más accesibles que hayan firmado nunca. La segunda recupera la contundencia con guitarrazos hard rockeros destinados a retumbar en arenas. Las dos son correctas, pero excesivamente estándar, volviendo a carecer de esa chispa que las haga sobresalir en el tracklist.
La recta final remonta de manera notable. Primero con ‘Marks Of The Evil One’. Directa y sin contemplaciones, poseedora de un estribillo tan mortífero que merece ser colgado ya mismo en su particular galería de obras de arte. Y para joya de la corona, sin duda ‘Umbra’ es el momento más glorioso de todo ‘Skeletá’. Esos sintes ochenteros parecen vaticinar otra balada, pero rápidamente te descoloca un ritmo a base de cowbell sobre el que Tobias canta de forma contenida hasta explotar en otro estribillo de escándalo apuntalado por las teclas. La sección central se desata en un ejercicio de rock progresivo 70’s donde las guitarras y un órgano vintage se van dando la réplica antes de retomar el coro. Si Ghost están en la carrera por ser la próxima gran banda de estadios es gracias a canciones mayúsculas como estas dos.
Pero justo cuando solo faltaría rematar la faena con un cierre a la altura, el álbum tropieza nuevamente en otra balada previsible. Forge ha declarado que ‘Excelsis’ cumple más la función de títulos de crédito en una película que la de ser el gran finale para el disco. Lleva toda la razón, pues es otro corte que clausura la obra de manera formal, sin estridencias, pero dejando un sabor agridulce. Las comparaciones son odiosas, de acuerdo, pero palidece al lado de la solemnidad épica de ‘Monstrance Clock’, ‘Life Eternal’ o la magia que atesoraba ‘Respite On The Spitalfields’.
En conclusión, estamos ante un trabajo disfrutable a pesar de sus altibajos, con momentos excelentes y otros más bien apuntando a lo prescindible. Sin embargo, su mayor problema radica en que carece de una personalidad propia que le haga marcar distancias respecto a sus hermanos mayores, más allá de aportar un puñado de canciones pegadizas a su catálogo. Ni tan siquiera da la impresión de que pueda hacerles escalar otro peldaño en cuanto a popularidad. En otras palabras: Skeletá es simplemente otro buen disco de Ghost, que no es poco. Pero de una banda que aspira sin tapujos a la dominación mundial, uno siempre espera algo más.
Tendremos que aguardar unos días hasta el próximo 30 de abril en el Palacio de Vistalegre de Madrid para comprobar si Tobias nos tiene guardada alguna que otra sorpresa o si su embrujo está empezando a menguar lentamente. En cualquier caso, esa es una historia que contaremos la próxima semana.
GONZALO PUEBLA









