Hace una década que esperamos un segundo álbum de Chthe’ilist, y seis años han pasado ya desde el debut de los funeral doom Atramentus. Mientras tanto, varios de sus miembros, enrolados también en Worm o Funebrarum, ejemplifican en Sealed Into None, el primer largo de Exxûl, una máxima que siempre he defendido: es imposible armar buenas canciones extremas sin atesorar antes un amplio conocimiento del heavy metal clásico.
Para empezar a diseccionar la grandeza de esta ópera prima conviene detenernos en un nombre propio, Defender, más conocido como Philippe Tougas. Este pequeño genio contemporáneo, seguramente responsable del salto espectacular que acaban de dar Worm con su reciente plástico, se nos aparece aquí como un absoluto dominador de la guitarra y el lenguaje compositivo metal. Así, en todas sus acepciones. De esta forma damos con Sealed Into None, un álbum que si no acabará siendo el disco del año, desde luego mucho se le parece.
Sin más rodeos, vamos a situar al lector dentro de lo que Exxûl les brindará: el epic doom de Candlemass sumado a lo mejor del US metal, o si lo desean, el US power. Helstar, Vicious Rumors si relegamos la velocidad, la mística de Savatage, la mazmorra atmosférica de Cirith Ungol, la oscuridad y la clarividencia a las seis cuerdas de los primeros e imbatibles Iced Earth. Y por encima de todo, Stargazer, un vocalista excepcional digno de otra época.
Tras una intro lóbrega emergen los más de 10 minutazos de ‘Blighted Deity’. Es la canción inicial y ya te dejan pasmado. Heroísmo a medio tiempo, agudos de impresión junto a voces teatrales, y esos coros enfadados para un viaje a una era ya tan lejana en el tiempo. Para ‘Walls Of Endless Darkness’ también se lo toman con calma para arrancar, los platos selectos hay que cocinarlos a fuego lento, y la explosión en el paladar se traduce en forma de thrash retro y luego un descenso doom con solos imperiales. La fase final del tema apunta a banda elegida.
‘Labyrinthine Fate’ es el underground americano de los 80 traído al 2026. Con un plus tétrico, el teclado de Spectre no podría ser más certero, y las campanas siguen sucediéndose durante todo el álbum. Ese detalle te lleva a Sanctuary; ese deje, a Crimson Glory… Te pasas el recorrido entero del plástico escudriñando influencias. Parece que, cual mítica escena de La Naranja Mecánica, este quinteto de Québec haya sido sometido a un proceso de reeducación a las bravas durante meses para acabar regurgitándolo aquí.
Empalmada emerge ‘The Screaming Tower’, con su cuarto de hora y pertinente elevación a la suma excelencia. Tomen asiento y emociónense junto a un cantante prodigioso, de ésos que podríamos contar con los dedos de una mano entre las formaciones que hayan aparecido en este siglo.
PAU NAVARRA









