Militarie Gun publican hoy God Save The Gun, un segundo disco en el amplían sus horizontes musicales más allá de lo esperable. Charlamos con su líder Ian Shelton sobre sus problemas de adicción que inspiraron el álbum y cuál es la realidad de una banda de la que todo el mundo espera grandes cosas.
A dos días de publicar su segundo largo, God Save The Gun (Loma Vista Recordings), Ian Shelton, el vocalista que empezó Militarie Gun en 2020 tras mudarse de Seattle a Los Angeles, se muere de ganas de que el mundo pueda por fin escuchar las nuevas canciones del grupo. Normal: lo que empezó siendo un proyecto en solitario en los dos últimos años se ha consolidado como una banda de verdad -con una formación estable que incluye a los guitarristas William Acuña y Kevin Kiley, el bajista Waylon Trim y el batería David Stalsworth-, que se siente más unida que nunca tras haber girado Life Under The Gun por todo el mundo y compartido escenario con Post Malone (declarado fan del grupo), A Day To Remember o Limp Bizkit. Y se nota.
Junto a un equipo que incluye antiguos colaboradores –Phillip Odom y James Goodson de Dazy– y otros nuevos –Nick Panella de MSPAINT y el productor e ingeniero Riley MacIntyre (Adele, Arlo Parks, The Kills)-, Militarie Gun han expandido su sonido más allá de sus raíces hardcore con temas de puro pop, baladas acústicas e influencias del indie rock. Por su parte, Shelton se ha abierto en canal en unas letras que abordan sin tapujos su viaje al lado oscuro del rock’n’roll lifestyle y cómo logró revertir la situación. Un gran trabajo que los californianos presentarán el 23 de enero en la sala Copérnico de Madrid y el 24 de enero en la sala La Nau de Barcelona.
Hola Ian. Como fan de Hüsker Dü y de Bob Mould. ¿Qué te parece la reunión de Sugar que se ha anunciado hace unas horas?
IAN SHELTON «Estoy muy emocionado. Iba a escribirle a Bob para felicitarlo. Le vi hace unos meses y no me dijo nada (risas). Me encantan Sugar y tengo muchas ganas de verlos. Le vi hace poco interpretar un par de canciones de Sugar con Fred Armisen y fue increíble. Así que tengo muchas ganas de verle con la banda de verdad”.
¿Te has hecho amigo de Bob?
«Bueno, no diría que es un amigo cercano, pero tengo su número, podría… podría escribirle. Lo veo de vez en cuando; en agosto fui a ese evento en el Museo de los Grammy con él y Fred. Hicieron una sesión de preguntas del público Q&A y le preguntaron: ‘¿Qué estás escuchando?’. Y dijo: ‘Militarie Gun’. Y yo fue como… uau. Bob ni siquiera sabía que yo estaba allí, solo estaba asistiendo al concierto como uno más. Y después me invitaron a pasar a camerinos y estar con él y Fred Armisen. Fue un honor conocerles. Es una locura”.
¿Es la persona más famosa de quien tienes su teléfono?
“No, no (risas)”.
Entonces deduzco que tienes el teléfono de Post Malone.
“Sí, lo tengo (risas)”.

“Siempre he vivido mi vida asumiendo un poco —no, asumiendo no, planeando, en realidad— que en algún momento me suicidaría. Y quería descartar esa idea de mi cabeza» IAN SHELTON
Antes de empezar a hablar del disco quería preguntarte por una curiosidad: esos ‘urg-urg’ que metes en algunas canciones. Los hiciste en Life Under Gun y en este también aparecen. ¿De dónde te vino? ¿En quién te inspiraste?
«Para mí simplemente es como una parte tradicional de la música rock and roll. Remontándonos a los Beatles, en ‘I’ve Got a Feeling’ Paul hace un ‘oh!’. O David Le Roth con Van Halen también lo hacía, como en ‘Hot For Teacher. Y más recientemente Culture Abuse, también lo hacían. Así que empecé a hacerlo. Ese gruñido acentuado es simplemente un momento puro de energía. Creo que la primera vez que lo hice fue en ‘Ain’t No Flowers’ y me gustó. En el hip hop también hay muchos ad-libs geniales o producer tags que te meten como en el mundo de la canción. Y mi objetivo fue crear eso; cuanto más lo usaba, más me gustaba. Es como anunciar lo que está a punto de pasar. Si hago una colaboración y oyes eso, ya sabes que me vas a oír a mí. Definitivamente ha terminado siendo como una marca de la casa, pero no es algo que yo inventé”.
Es curioso que menciones a Culture Abuse, porque cuando os escuché por primera vez me recordasteis a ellos. ¿Sabes si siguen en activo?
“No, pero David de Culture Abuse formó parte de la creación de este álbum. Escribió algunas cosas, cantó algunas armonías; estuvo allí todos los días de la grabación. Son una banda muy influyente para nosotros”.
Vaya, no tenía ni idea. Bueno, hablemos de God Save The Gun. Escuchándolo siento que habéis expandido tanto vuestro sonido que podría parecer un tercer o cuarto álbum, no un segundo. ¿Cómo explicas ese salto?
«Hemos escrito tal cantidad de canciones que realmente podría ser un tercer o cuarto álbum. Nos tomamos la composición muy en serio entre giras. No esperamos a que termine una gira para ponernos a escribir. Empezamos a componer en el momento en que terminamos de grabar Life Under The Gun. Además, aun par de canciones, ‘Fill Me With Paint’ y ‘Kick’, y un par más que no entraron en el disco, estaban originalmente pensadas para ser un LP colaborativo entre Daisy y Military Gun. Así que escribimos un álbum entero que nunca vio la luz, con lo cual este podría ser en realidad el tercero si hubiese salido. Dejamos algunas canciones fuera que quizá hubiera sido más afines a la idea de lo que se esperaba de nuestro segundo álbum, pero siempre estamos probando cosas nuevas. Y nos aburrimos, ¿sabes? Nos aburrimos con la idea de un sonido concreto. Queremos intentar crear una nueva versión de otra cosa. Y de ahí es realmente de donde salió el nuevo disco”.
Cuando tocasteis en el Primavera Sound el año pasado estrenasteis ‘Thought You Were Waving’ y me encantó la canción al instante. Me gustó también porque ahora hay pocas bandas que se atrevan a tocar temas que todavía no han salido.
«¡Nos encanta tocar canciones no publicadas! No es lo más inteligente de cara al público porque la gente quiere escuchar las canciones que conoce, pero en ese momento estábamos a punto de lanzar ‘Thought You Were Waving’ como single y queríamos ir rodándola para saber tocarla bien una vez saliera”.
¿Qué recuerdas de aquel día en el Primavera? Hicisteis dos shows, uno por la tarde y otro por la noche.
«Estaba muy nervioso. Era nuestro primer show en España y tocando esos festivales grandes no sabes si vas a ser el concierto al que no va a ir nadie. Y siendo nuestra primera vez en el país, no teníamos ni idea de qué esperar. Y creo que fue uno de mis conciertos favoritos que hemos hecho jamás. Fue un público increíble, un ambiente increíble. Tuvimos un par de problemas técnicos durante el primer set que fueron frustrantes, pero para mí fue el show perfecto para un primer concierto en un país”.
Volviendo al álbum, algunas de las canciones me han parecido más de estudio, como si igual ni os planteaseis tocarlas en vivo.
«No, no, vamos a tocarlas todas. Para nuestros conciertos como cabezas de cartel en nuestras propias giras hago los setlists con años de antelación. Y, sí, cada canción del álbum está pensada para ser tocada y sabemos cómo tocarlas. Para nosotros no existe eso de una canción que no tocaremos en vivo. Si no fuéramos capaces de tocarla, no tendríamos ningún interés en publicarla. Quitamos seis canciones de este álbum que no pasaron el corte porque las sentíamos menos esenciales para nosotros. No nos importaban de la misma manera que nos importan estas canciones y por eso queremos tocarlas a diario”.
En el álbum mostráis influencias que quizá la gente que os veía al principio como una banda de hardcore no podía imaginar. ‘God Owes Me Money’ a mí me suena como The Killers.
“Sí, sí”.
Y también hay canciones con melodías muy Beatles. ¿Siempre has tenido un gusto musical muy abierto?
«Sí, mis gustos musicales siempre han sido muy diversos. De chaval escuchaba hardcore, pero probablemente escuchaba más indie rock y hip hop que hardcore. Así que siempre he tenido una paleta amplia de la que tirar, de cosas diferentes que he ido escuchando a lo largo de la vida. Siempre hemos pensado que Militarie Gun será lo que queramos que sea. La banda nunca estuvo destinada a atarse a una tradición. Está destinada a meterse en territorios sónicos desconocidos y que dan miedo. La gran diferencia era que antes, yo, como músico, no era capaz de ejecutar mis ideas. Mucho de lo que hemos hecho en estos últimos años ha sido un proceso de aprendizaje de cómo plasmar realmente lo que oigo en mi cabeza. Esas melodías tipo Beatles han estado ahí todo el tiempo; solo que antes estaban principalmente en las guitarras y no en las voces porque no sabía cantarlas bien. Ahora que nuestro nivel de habilidad ha subido, podemos hacer muchas más cosas”.

«Igual decidía hacer una gira sin beber nada de alcohol y luego en la última noche lo celebraba emborrachándome porque había superado el reto. Era un ciclo que se iba repitiendo» IAN SHELTON
¿Cuál fue la canción que te supuso un mayor desafío en ese aspecto?
«Probablemente ‘I Won’t Murder Your Friend’. Fue la canción que tomó una nueva vida de la demo a la versión final; ese pasaje instrumental final no estaba en la demo, se escribió en el estudio. Y fue una experiencia increíble, porque Riley (MacIntyre), que produjo el álbum, dijo: ‘Siento mucha ira por lo que estás diciendo en la letra y la canción necesita liberar esa ira’. Así que añadimos esa parte después del mensaje de voz que se escucha. La estructura de la canción es muy antitética a todo lo que hago en normalmente cuando compongo. No hay muchos pasajes instrumentales. Si te fijas, canto sobre prácticamente toda la duración de cada canción porque no me gusta escuchar solo instrumentos tocando. Pero esa liberación de la rabia era esencial para la canción. Además, tenía que conseguir la toma vocal que tuviera la cantidad adecuada de emoción, que transmitiera lo que queríamos decir. De todas fue probablemente la que más tardamos en resolver”.
Es una canción dura, que habla sobre el suicidio. ¿Cuál es el origen de ese mensaje de voz?
«Es David Choe, el pintor. Fue la persona que habló en algunas entrevistas sobre la muerte de Anthony Bourdain, y que, de alguna manera, me replanteó mi idea del suicidio, me hizo verlo como un asesinato. En lugar de ver a la persona como un mártir, cuando Bourdain murió, Choe dijo: ‘No eres una víctima, eres un imbécil. Mataste a mi amigo’. Y de ahí vino la perspectiva de la canción. Era muy importante para mí incluir su testimonio en el disco”.
Entiendo tu punta de vista, pero yo empatizo también con quien toma esa decisión. Imagina lo que tienes que sufrir para decidir quitarte la vida.
«Te entiendo, pero siento que la glorificación del suicidio me ha robado mucha alegría de mi propia vida. Creciendo en el punk, literalmente tenías a Suicidal Tendencies diciendo ‘Suicide is an alternative’. Crecí con estrellas del rock como Kurt Cobain o Darby Crash que se suicidaron. Hay un poco esta idea de que es una salida en la que aparentemente escapas de toda crítica. Obviamente no estoy diciendo nada malo de los muertos, pero quería intentar dar una nueva perspectiva de una manera que eliminara la idea de suicidarte como una salida posible”.
¿En algún momento pensaste que lo era para ti?
“Siempre he vivido mi vida asumiendo un poco —no, asumiendo no, planeando, en realidad— que en algún momento me suicidaría. Y quería descartar esa idea de mi cabeza. Quería, con suerte, dar a la gente la perspectiva del otro lado del incidente: quién descubre tu cuerpo, cuál es el impacto que eso tiene en todos los demás. A pesar de esta gran sensación de depresión, la gente preferiría la incomodidad de una llamada telefónica emocional abrumadora antes que una llamada diciéndole que un ser querido se ha quitado la vida. Quería, simplemente cambiar… cambiar mi propia perspectiva y quizá de la gente que la escuche”.
En el disco eres muy abierto sobre tu lucha con tus adicciones. Tú habías sido straight edge, pero a raíz de estar de gira empezaste a beber y tomar drogas. ¿Para ti suponía un mayor problema las consecuencias de beber o la decepción contigo mismo por haberte convertido en el cliché de la estrella del rock que sale de gira y empieza a tener problemas de adicción?
«Definitivamente… quiero decir, estaba luchando contra ello, y ni siquiera se trataba tanto de ninguna tontería de estrella del rock. Es solo que, por desgracia, a pesar de trabajar muy duro para lograr algo, lograrlo, en realidad, no te da la capacidad de escapar de la vida que tenías antes: la vida dentro de tu cerebro. Y cuando te das cuenta de que eso no es la solución que esperabas, buscas otra cosa, y las drogas y el alcohol son una solución muy conveniente. Me hacían sentir bien. Me encantaba esa vida de fiesta. Pero también estaba siendo autodestructivo. Estaba tomando decisiones que no tomaría si no estuviera, ya sabes, desinhibido. Simplemente sabía que estaba en el lugar equivocado y sabía que me estaba convirtiendo en un cliché y no me interesaba”.
¿Sientes que hay una cierta irresponsabilidad en la industria musical, en el sentido de que puedes pedir en el rider cien cervezas, dos botellas de whisky, dos de vodka cada noche y te las darán sin rechistar?
«Sí, sin duda… Quiero decir, toda la industria está construida alrededor del alcohol. En esencia, cuando eres un músico de gira, eres un vendedor de camisetas y alcohol. Y ciertamente crea una dinámica extraña, todo el mundo lo está facilitando y es algo muy difícil de escapar. Cuando descubrí que me encantaba beber y drogarme, fue como: ‘Bueno, tengo el trabajo adecuado para eso’, porque literalmente cualquiera me lo dará. Puedes conseguir bebidas gratis en cualquier parte. Los conciertos, las fiestas de la industria y los eventos sociales se basan en beber. Durante un tiempo fue muy divertido, pero luego ya no”.
¿Hubo como un momento concreto en el que te diste cuenta de que tenías que parar o fue más una decisión que fuiste madurando poco a poco?
“Fue como que empecé a tener que la sensación que quería dejarlo, pero luego volvía. Quería seguir probando cosas y luego dejarlas. Igual decidía hacer una gira sin beber nada de alcohol y luego en la última noche lo celebraba emborrachándome porque había superado el reto. Era un ciclo que se iba repitiendo. Yo era consciente de todo, sabía lo que estaba haciendo. Empezaba a beber al mediodía cada día… estando solo. Y sé lo que es eso. No es casual. Es un hábito que necesitas cambiar. Para mí es muy importante hacer arte que sea honesto y sabiendo lo que quería decir en este disco, no me hubiera parecido honesto si hubiera seguido haciendo lo mismo ciegamente. Si no hubiera hecho ese cambio, el disco hubiera resultado más irónico que significativo, y odio el cinismo y la ironía”.
¿Causó alguna fricción interna que decidieras dejar de beber? Cuando estás de fiesta y todos están borrachos o drogados y tú no, o, te puedes sentir alienado del resto ¿Cómo afectó a cómo girabais juntos?
«Mi decisión definitivamente es un desafío, pero estoy acostumbrado a la alienación. Me he sentido alienado toda mi vida, así que es como volver a lo que siempre he conocido. Pero no hay resentimientos. No espero que nadie más tenga que cambiar su conducta por mi decisión. Si en algún momento sintiera que a alguien se le está yendo de las manos como me pasó a mí, tendría una conversación al respecto. Pero cada persona es distinta y yo no quiero imponer mi estilo de vida a nadie”.
También lo pregunto porque Militarie Gun empezó como tu propio proyecto, pero se ha convertido en una banda real y se nota que lo sois. ¿En qué momento sentiste que ya no eran unos músicos de alquiler y os habías convertido en una unidad?
“Fue cuando conseguimos cerrar esta formación. Siempre aspiré que fuera una banda, pero originalmente teníamos miembros que todos hacían otras cosas. Y eso nos dejó a Will, Waylon y a mí en esta posición de tener una formación mutante y estar siempre teniendo que enseñar las canciones a gente nueva y buscar sustitutos. Y ese nunca fue el objetivo: siempre quise que fuera un colectivo, un grupo. Pero simplemente no era posible por las circunstancias de la formación original de la banda. Una gran diferencia entre Life Under The Gun y God Save The Gun es que ahora pudimos tocar las canciones juntos antes de grabarlas. Las maquetas de Life Under The Gun son idénticas a lo que terminó siendo el álbum. Te podría poner los demos y dirías: ‘Es exactamente lo mismo’. Con este disco, pudimos meternos en las canciones juntos y arreglarlas. Puede que estén escritas por mí, pero todo el mundo aportó, probando cosas y experimentando juntos. Pero realmente no fue hasta hace un año y medio con la incorporación de Kevin Kiley cuando realmente nos convertimos en la banda que siempre quisimos ser. Kevin fue la última pieza que hizo que todo tuviera sentido”.
Sois un grupo que tenéis buena prensa, tocáis mucho y se habla mucho de vosotros, ¿pero cuál es la realidad del grupo a día de hoy?
«Cuando estás dentro, todo se siente más o menos igual. Ahora mismo seguimos tocando en salas pequeñas. Es como siempre. Pero sí, parece que hay una desconexión entre nuestra realidad y la forma en la que la gente habla de nosotros. La realidad es que la economía está fatal, los fans no tienen pasta, el negocio del directo se ha reducido un 40%… Es difícil decir qué es ser una banda grande hoy en día. Todo lo que nos preocupa es ser la banda que queremos ser, en lugar de intentar hacer ingeniería inversa del éxito. Estamos cómodos sacando un disco que a nadie le guste, siempre y cuando a nosotros nos encante. Y creo que lo demostramos con God Save the Gun, porque no creo que nadie hubiera pensado que este sería el disco que íbamos a hacer. Solo queríamos escribir estas canciones. Y esa es la parte más importante. Y es la única parte que podemos controlar. Literalmente todo lo demás está fuera de nuestras manos”.
Pues eso es todo. Te agradezco la sinceridad con la que has respondido las preguntas.
“Gracias a ti”.
¿Hablar de todo esto te ayuda o te cansa?
«A veces, te cansa. Cuando haces cinco entrevistas seguidas es difícil volver a sacar el tema de la adicción una y otra vez. Puedo llegar a sentirlo como algo un poco asqueroso, en plan marketing, ya sabes, como si lo utilizara para vender discos. Pero también estoy orgulloso de hablar de ello, y estoy muy cómodo compartiendo mis propios tropiezos si eso puede ayudar a alguien”.
Bueno, supongo que ese es el precio de ser honesto en tus canciones, que la gente te preguntará por ello.
“Así es. Pero ahora puedo ver por qué otros se niegan a hacerlo (risas)”.
JORDI MEYA








