Tengo por costumbre aprovechar el parón navideño para recuperar álbumes y grupos a los que no he podido prestar la atención necesaria durante los meses anteriores por falta de tiempo. Uno de los que más me ha cautivado en estas semanas de descanso ha sido el primer disco de Die Spitz. Dado que en su momento lo pasamos por alto, considero que merece su correspondiente reseña, aunque esta llegue varios meses después de su publicación.
Este jovencísimo cuarteto de Austin, Texas ya había lanzado un par de avisos en los últimos años con diferentes singles y un mini-álbum titulado Teeth en 2023. Aquello hizo el ruido suficiente para llegar hasta las orejas de Jack White, quien no dudó en firmarlas para Third Man Records y hacer que se pusieran en manos de un productor tan demandado como Will Yip (ya saben, responsable de varios trabajos de gente como Turnstile, Title Fight, La Dispute, Code Orange o Pianos Become The Teeth por nombrar tan solo a unos pocos) para dar forma a su debut en largo.
Así es como Something To Consume ha empezado a generar cierto revuelo en el circuito alternativo e independiente. No es para menos ya que lo que proponen casa perfectamente con los tiempos que corren dentro de la escena, aunque sus canciones remitan inequívocamente a la década de los 90 cuando nombres como Hole o L7 causaban sensación. Con semejantes referencias ya se pueden hacer ustedes una ligera idea de por dónde van los derroteros de este artefacto.
Y es que lo atractivo de Die Spitz es ver cómo consiguen empastar tan bien teniendo a tres compositoras con personalidades tan dispares. Por un lado, tenemos la vibra punk del movimiento riot grrrl que Ava Schrobilgen plasma en piezas desgarradoras como ‘Pop Punk Anthem (Sorry For The Delay)’, ‘American Porn’ o ‘Red40’. La guitarrista Ellie Livingston suma aún más decibelios apuntando en diferentes direcciones. Lo mismo le da al metal pesado en ‘Throw Yourself To The Sowrd’ (corran a ver su impagable y molón videoclip y ‘Sound To No One’ con reminiscencias que personalmente me recuerdan a Kylesa, como se lanza al desenfreno de ‘Riding With My Girls’, un corte que haría sentir orgulloso a Lemmy Kilmister.
Aportando un contraste más melódico, la batería Chloe Andrews coge el micrófono en ‘Void Dire’ y ‘Punishers’ aliviando tensiones sin dejar que el asunto decaiga. Si además contamos con otro par de cortes en los que se atisba una línea oscura y etérea que podrían explorar de cara al futuro (el respiro que concede ‘Go Get Dressed’ y la despedida de ‘A Strange Moon/Selenophilia’), nos encontramos con un primer esfuerzo variado, dinámico y que se escucha en un momento.
Habiendo plantado la semilla en 2025, Die Spitz tienen muchas papeletas para seguir dando de qué hablar en 2026. Si The Last Dinner Party te resultan demasiado pomposas, estas chicas te traen su reverso macarra.
GONZALO PUEBLA










