FECHA: 24 DE NOVIEMBRE DE 2025
LUGAR: SANT JORDI CLUB (BARCELONA)
PROMOTOR: PRIMAVERA SOUND
Hacía tiempo que no se vivía un concierto con tanta expectación como este con gente dispuesta a vender a su madre por conseguir una entrada y cantidad de caras conocidas de la escena musical de Barcelona, y también de fuera, en la pista.
A pesar de que en los últimos tres años hemos la oportunidad de ver a Turnstile hasta en tres ocasiones (dos en el Primavera Sound y una en Razzmatazz), este en el Sant Jordi Club parecía que debía ser el examen de reválida para ver si lo suyo es un hype pasajero o la constatación de que ya son una banda que marcará época. Vista la locura desatada, con un pogo incansable de principio a fin, la balanza se decantó claramente hacia la segunda opción.

Otra banda que en otros tiempos se hubiera vendido como la respuesta inglesa a los de Baltimore (recordemos que en sus inicios se dijo de Manic Street Preachers que eran los Guns N’ Roses británicos), High Vis fue la encargada de abrir la noche. Su directo sigue creciendo y no se les notó en absoluto intimidados por el tamaño del escenario. El foco central sigue siendo el vocalista Graham Sayle, con sus brincos y ademanes de cantante hardcore, mientras sus compañeros se dedican simplemente a tocar (muy bien).
Como si estuvieran en un punto intermedio entre entre Gallows y los Ratlesnakes de Frank Carter, en vivo priorizan un sonido más crudo y robusto donde los matices más britpop y ochenteros de temas como ‘Walking Wires’ o ‘Truma Bonds’ se pierden, pero aún así conservan eso que los hace especiales y que reluce en la más electrónica ‘Mind’s A Lie’. Dejaron con ganas de más.

Si hablamos de hypes, The Garden vivieron sus 15 minutos de gloria a mediados de la década pasada. El grupo formado por los gemelos Fletcher y Wyatt Shears militaban en el entonces sello más cool de la escena, y posteriormente cancelado, Burger Records y hasta protagonizaron una campaña mundial para Saint Laurent, pero tanto me había olvidado de ellos que hasta no recordaba que en 2014 les llegamos a montar un concierto en la extinta sala Rocksound.
Con sus largas melenas y gabardinas de cuero que les hacía parecer una versión a lo Matrix de Nelson, el dúo californiano nos ofreció una suerte de performance en la que el garaje punk (‘Filthy Rabbit Hole’), el hyperpop (‘Freight Yard’) y la electrónica ravera (‘Ballet’) formaban un cocktail que nos tuvimos que beber más por obligación que por gusto. Su actitud provocativa tuvo algo de gracia de salida, pero el chiste se terminó a los pocos temas. Supongo que los hermanos deben ser muy colegas de Turnstile porque no se acaba de entender qué pintan en esta gira y aún menos que no fueran ellos los que tocaran primero.

Y llegaba el momento más esperado. Una tenue iluminación azul y la suave melodía de teclado de ‘Never Enough’ anticipaba la calma antes de la tormenta que se desató cuando entraron las guitarras y el primer estribillo con miles de cuerpos botando y cantando al unísono. Pocas bandas en el mundo ahora mismo pueden presumir de tener un tema de apertura tan explosivo como este.
La fiesta siguió con el ritmo guasón de ‘Endless’, ‘I Care’, un tema por el que The Police podrían pedir derechos de autor, el riff sincopado de ‘Dull’ y ‘Don’t Play’, donde suenan más Jane’s Addiction que nunca. Aunque sus dos últimos trabajos, Glown On y Never Enough, acaparan la mayor parte del setlist, también hay espacio para temas antiguos como ‘Real Thing’, ‘Drop’ (de nuevo aparece la sombra de Jane’s), ‘7’ o ‘Pushing Me Away’ que si bien no provocan la misma euforia, mantienen la tensión gracias a que la banda suena como un cañón en todo momento.
En una época en la que los grandes shows están diseñados como una sucesión de momentos instagrameables con costosos trucos de producción, Turnstile consiguen el mismo efecto con recursos mucho más sencillos. La estampa de sus figuras oscuras estáticas contra el telón multicolor que se reveló antes de atacar con la hardcoreta ‘T.L.C. (Turnstile Love Connection)’, del atlético Brendan Yates lanzando el pie de micro al aire o de la enorme bola de discoteca iluminado todo el recinto en ‘Seein’ Stars’ seguro que ya está inmortalizadas en miles de móviles. Es difícil de describir, pero hay algo hipnótico, irracional, que te atrapa tanto visual como musicalmente.

Parte de su éxito reside también en su capacidad para articular de manera coherente y con una fluidez pasmosa diferentes registros. Ya sea con la base reggaetonera de ‘Sole’, la relajante melodía de ‘Alien Love Call’ o provocando circle pits en ‘Holiday’, en todo momento tienes la sensación de que los miembros de Turnstile se mueven en el escenario como si flotaran. Por si todavía quedaba alguna duda de su poderío, el bis con ‘Mistery’, ‘Blackout’ y ‘Birds’ (con permitida invasión de escenario) fue totalmente aplastante. Las caras de felicidad y asombro una vez se encendieron las luces eran la mejor prueba de que los asistentes presumirán de haber estado ahí por muchos años que pasen.
Puede que quienes vivimos el auge Nirvana, Rage Against The Machine o Green Day, el fenómeno Turnstile no nos produzca el mismo impacto (ya se sabe, el primer amor solo se vive una vez), incluso que nos resulte demasiado evidente detectar de donde toman sus referencias, pero cada generación se merece tener un grupo así y vivirlo a fondo. Y puestos a elegir, no se me ocurre una banda mejor que esta.
JORDI MEYA
Posdata: En una noche que rozó la perfección solo le encontré dos pegas. La primera es que siguen incurriendo en hacer excesivos parones entre tema y tema, algo que en el último Primavera parecía que habían corregido, y que evita que el huracán arrase competamente. La segunda, es indignante que vendan las camisetas a 50 euros y las sudadera a 100. Ya sabemos que es el mercado, amigo, pero una banda que de una manera u otra reivindica sus lazos con el hardcore debería luchar contra él, no rendirse con los brazos abiertos.









