FECHA: 30 DE OCTUBRE DE 2025
LUGAR:
SALA VOL (BARCELONA)
PROMOTOR:
PRODUCCIONES BARBUDAS

Dice un amigo que la música de The Rubinoos siempre te pone una sonrisa en la cara. Es cierto, su power pop suena tan luminoso y vital que es tarea imposible no sentirte en la cima del mundo cuando escuchas su música o los ves sobre un escenario. La formación, con tres de sus piezas originales más el bajista Al Chan que lleva con ellos la tira de años, está tan asentada que tocan de memoria. Se llevan bien, conservan la química, suenan de maravilla y su sentido del humor continúa intacto. Si a todo ello le añades que su catálogo de joyas no ha perdido un ápice de frescura, tienes todos los condicionantes para disfrutar de un gran show.

Fue corto pero intenso. Si un caso, se les podría achacar esa manía de incorporar tantas versiones a un set list que sería más sólido si recurrieran más a su propio cancionero. Pero ellos son así, se lo pasan de miedo homenajeando sus múltiples influencias y hay que reconocerlo, ya sea versioneando a los Hollies, a Badfinger, a Ennio Morriconne, a The Byrds, a Flamin Groovies o Los Rebeldes siempre suenan celestiales. Se llevan esas canciones a su terreno y sorprenden con cosas tan inusuales como el ‘Mediterraneo’ de Carlos Segarra que sonó maravillosamente cincuentas.

Foto: Andrés Martínez

Sin embargo, es con sus clásicos cuando realmente la sala se viene abajo. La gente los disfruta de una manera especial, los canta, los baila y se confirma el hecho de que esas composiciones son tan imperecederas como cualquier otro incunable que tengas en mente. A pesar de que Jon Rubin reconociera que hay tonos que ya no puede cantar, es asombroso comprobar como esas cuatro voces continúan armonizando de manera perfecta, y solo había que escucharlos comenzando con esa delicia cantada a capela llamada ‘Juvenile Delinquent’. Un inicio para enmarcar. ‘I Think We´re Alone Now’, otro estándar que han hecho suyo, sonó de maravilla al igual que esos pildorazos de puro pop artesanal llamados ‘I Wanna Be Your Boyfriend’ y ‘Peek A Boo’.

Alguien a mi lado comentó que eran mejor que los Beach Boys, una divertida exageración provocada por el entusiasmo al haber disfrutado alocadamente de la interpretación de ‘Honey From The Honeycombs’. Fue muy divertido ver a Tommy Dunbar haciendo poses de guitar hero al atacar el potente riff de ‘Rock And Roll Is Dead’ por no hablar de los estupendos solos que escupía en el cover de ‘Eight Miles High’ de los Byrds. Siempre me pareció un guitarrista soberbio y muy infravalorado.

Al final, el colega que me decía que la música de estos tipos siempre te pone de buen humor tenía toda la razón. Al acabar el concierto no había ni un solo rostro serio entre una audiencia que irrumpió en el puesto de merchandising en tromba mientras el bajista, Al Chan, me reconocía que para Rubinoos, siempre era un placer tocar en nuestro país. El placer es nuestro, nunca decepcionan.

ANDRÉS MARTÍNEZ