FECHA: 18, 19 Y 20 DE JULIO DE 2025
LUGAR: SANTO DOMINGO DE LA CALZADA
PROMOTOR: ROCKLAND
Después de la ligera decepción de AC/DC en ese terrible lugar para conciertos como es el Metropolitano el miércoles, dos días después un amigo y servidor vamos a tierras riojanas. Debo reconocer cierto temor ante los dos grandes alicientes, los Sex Pistols e Iggy Pop: el imperativo biológico no perdona. Pero antes y después de ambos reclamos, aparte de un domingo de blues atómico, había que escuchar diferentes referencias. No había mucha lógica musical en las distintas propuestas, pero tampoco parecía importar en un cómodo recinto que te hacía recordar cuando los festivales se preocupaban de sus asistentes. Dos escenarios, el principal y el secundario, con tiempo para que cuando termina un concierto puedas desplazarte al otro. Esa es la apuesta del Rockland *Art Fest y funciona.
VIERNES 18
Empezó todo con Ciclonautas, que a través de su mezcolanza de hard rock clásico de los setenta, algo de stoner y ciertas vetas sureñas, con esa voz rasgada, son una óptima forma de empezar. Riffs pesados y poderosos sustentados en una buena base rítmica. PILT demostraron que el rock no tiene idioma o, que a pesar de alguna política detestable, en este país tenemos la riqueza de poseer varios idiomas. Con una personalidad única, beben de múltiples fuentes y lo que hacen no sólo es una promesa en firme del rock de Euskadi, sino de toda la nación. The War And Treaty juegan muy bien sus bazas de soul, country y rock. Con dos cantantes, mujer y hombre, dieron un contraste jugoso, ardiente y que te hacía clamar al cielo sus bienaventuranzas como si estuvieras en una iglesia de la zona del Misisipi.

Con todo este gran preludio, llega el primer momento de la verdad. Refused. Polémica aparte de sus despedidas, hace unas semanas emitieron un comunicado poco convincente a su posible o no boicot a festivales con financiación a fondos que van para Israel y de ahí ya sabemos dónde. El caso es que los suecos, con bandera palestina en escena y un lema contra lo que la sociedad tiende hacernos creer como normalidad, empezaron fríos, que no tocando mal. Y eso es raro, porque iniciaron su concierto con la canción que da título a esa obra maestra que es The Shape of Punk To Come. Poco a poco fueron encendiéndose, y en cuanto Dennis Lyxzén nos soltó un par de necesarios parlamentos en contra de la gente que no acepta la inmigración ni los transexuales, cargando contra los fascistas que llevan la Casa Blanca, aquello se incendió. Obviamente el otro discurso fue contra el genocidio en Gaza. Los suecos saben lo que les pide el público y más en un festival. Descargaron ocho temas de aquella obra con referencia al jazz en su denominación, y que en 1998 les dio un lugar en la historia del rock. Empezaron con material de ese artefacto y se despidieron de igual manera, a través de una potente ‘New Noise’. Entre medias guiños a todos sus álbumes.

Alcalá Norte dieron un notable concierto. El grupo madrileño es la nueva sensación musical de aquí y merecidamente. Que servidor sea como ellos fan The Cure, Joy Division o Décima Víctima, os puedo asegurar que no influye en mi criterio. En los inicios de este milenio había mil bandas revivales post punk que hacían juegos de estilo, mientras Alcalá Norte hacen canciones, grandes canciones. Escrito esto, escuché con la mente en otro lugar canciones como ese himno que es ‘La Vida Cañón’. Una de las bandas de mi vida iba a sonar justo tras los de 10K.
Vamos a la duda shakesperiana. ¿Pueden existir unos Sex Pistols sin Johnny Rotten? Malcolm McLaren lo intentó con Sid Vicious y Edward Tudor-Pole con fatídicos resultados. Muerto McLaren (y también la inhumana reina Isabel II de Inglaterra) Paul Cook, Steve Jones y Glen Matlock han encontrado la respuesta idónea en Frank Carter. El tatuado cantante lleva un par de décadas, desde que se hizo famoso con Gallows, auspiciado como el mejor frontman de su generación. Un excelente Cook a la batería, el perfecto ritmo que le imprime Matlock y la guitarra superlativa de Steve Jones (menciono y me apunto a la reafirmación de Richard Royuela de Jonesy como uno de los mejores en su instrumento de la historia) dejan en bandeja de plata a Carter para realizar su espectáculo, el mismo que lleva haciendo desde que era un adolescente malcarado.
Sólo hay que dejar que la música hable, y no es que hablara, es que sonó con todo su brío en ‘Holidays in the Sun’, ‘Seventeen’ y ‘New York’ antes de que en ‘Pretty Vacant’ Carter se uniera al pogo en una demostración de poderío y saber hacer. Precisamente por eso han acertado con Carter, porque no imita, no insinúa, no finge ser quien no es. Canta e interactúa con la audiencia a su manera. Ya es capaz de organizar un circle pit como de hacer honor a los clásicos de Never Mind The Bollocks. Junto al debut de los Ramones y el London Calling, el triunvirato de discos que van más allá del punk, no porque lo trasciendan en sí mismos, sino porque su impacto y calidad hacen que entren en la categoría de mejor música popular del siglo XX .

Reconozco que eché de menos ‘E.M.I.’ para completar el álbum en lugar de ‘Silly Things’. Tampoco entendí la revisión de ‘My Way’, porque obviamente no hay ni un atisbo a homenaje macabro a Sid. Aún así, disfruté de la versión. Esa sería una de las tres polémicas. La otra, antes de ‘My Way’ fue a través de la versión de los Stooges de ‘No Fun’, la misma que llevan haciendo desde los setenta. Jones hizo un solo y parece que eso sentó mal a la rectitud punk. Qué más punk que hacer algo anti establecido por las reglas primarias. Citar que en la canción Carter presentó a la banda. El tipo sabe que está viviendo un sueño y se lo agradece a sus morfeos particulares. Lo que sí no tiene ningún tipo de explicación era la pantalla trasera mostrando imágenes de archivo de los Pistols evitando a Rotten y Vicious. Lo debió pasar jodido el montador del metraje. Con una lona, como cuando tocaron por última vez con Rotten (curiosamente aquí, en el Azkena) hubiera bastado. El final a través de ‘Anarchy in the UK’ estuvo acompañado de Dennis Lyxzén. Podías ver a ambos, Frank y Dennis, emocionados cantando una de esas piezas que moldearon su/nuestra adolescencia. ¿Veredicto del concierto? Veni, vidi, vici. No hay más que hablar señoría.
Tras un esfuerzo físico tan intenso, los Zigarros no supieron a nada. Tampoco es que aunque antes hubieran tocado Belle and Sebastian hubieran sabido a algo. Tocan muy bien y saben crear ganchos en sus canciones pero todo me suena a sucedáneo de los Rodríguez, a los que precisamente han versioneado. Por eso mismo, no termino de entender su éxito ni que puedan llenar un pabellón como el antiguo Palacio de los deportes de Madrid. O quizá sí. A la gente le gusta escuchar cosas que le recuerdan a otras cosas, y a la otra gente que no las vivieron, les parecen novedosas. ‘Los que sí me sorprendieron, y para bien, fueron Jet. Nunca han sido un grupo en el que haya profundizado. Escuché hasta la extenuación su único éxito, ese mínimo plagio al ‘Lust for Life’ de la Iguana. Demostraron clase, tocada y de regalo, una buena versión de ‘It’s a Long Way to The Top (If You Want Rock and Roll)’.
IGNACIO REYO
SÁBADO 19
Se inició la segunda jornada con Tobogán, Kokein, The Flying Rebollos y Delirius Tremens. Debo reconocer que aunque cada uno tenga su enjundia, no voy a defenestrar ni vanagloriar a ninguno, porque no son lo mío y no me parece justo reseñar algo que no controlo. Aparte, en mi mente sólo había un artista en mente, y ese era la Iguana de Detroit. Aún así se comprobé que el estado indie inglés sigue comatoso, o al menos eso me parece si uno de sus mayores representantes son The K’s. Lo único decente que sonó en su escenario, el grande, eran las ganas que tenían de ver a Iggy Pop. Lo suyo es de una languidez sin gracia absoluta. Morgan en cambio sí que me hicieron olvidar por unos segundos al ser que una vez fue cantante para Ron Asheton a la guitarra primero y James Williamson al mismo instrumento después. Morgan hacen canciones bonitas, encuadradas quizá en el pop pero aderezadas con otros estilos en sus arreglos o desarrollos, sea funk o soul. Espero poder verlos en sala.

Y llegó la hora de la verdad. El panorama daba miedo. Con casi la mitad de más gente que los Pistols, el público era de lo más variopinto, en la adscripción peyorativa del término. Público de festival, vaya, donde a la gente le da igual qué ver. Afortunadamente un inesperado protagonista riojano nos lanzó al pogo y aquello fue el éxtasis. Pero retrocedo el relato. Salió una sólida banda de dos guitarras hombre-mujer (uno más ruidoso, otra más detallista y concisa), un súper batería, bajista de perfil punk, teclista y dos chavales negros a los vientos. De ahí a que se presentarse ese hombre que va más allá de lo humano, que ha hecho de sus contorsiones, su voz experimentada y su presencia imponente sus mayores baluartes. Dios dionisiaco, ejemplo del súper hombre de Nietzsche, acechador de la noche eterna y el día destructivo. El puto Iggy Pop.

Apareció con chaleco. Le duró diez segundos, mostrando ese magullado cuerpo y una cojera cada día más latente con el prurito del superviviente. Da igual que ya no sea un huracán, sus idas y venidas mientras cantaba con una voz perfecta los clásicos de Stooges demostraban que ahí estaba el padre del invento. Ojo, invento que confeccionó con los difuntos hermanos Asheton y Dave Alexander. Sí, él y tres tipos más de la zona de Detroit crearon el punk, y cuando él muera, podrá decirse que ha muerto el género. Carisma entrañable pero aún con su punto de peligrosidad, le acompañaban a la voz de Iggy los nuevos arreglos que ofrecen distintos matices a las canciones, que van de ‘T.V. Eye’, de Fun House pasando por el veneno de ‘Raw Power’, ‘I Got a Right’ o ‘Gimme Danger’. De ahí a recordar su disco de más éxito en los setenta, a través de ‘The Passenger’ (quizá el momento más esperable por el respetable y el más verbena) y un ‘Lust For Life’ que te hacía recordar a Renton y compañía tanto en Trainspotting como su segunda y notable segunda parte. ‘I Wanna Be Your Dog’ o ‘Down on the Street’ mostraban que si a canciones se refiere, Iggy tenía este pasado sábado todas las buenas.

Se sentó en la tarima del batería para explicar lo raro que se sentía en su momento y que por eso compuso ‘Some Weird Sin’, que cayó mientras de vez en cuando le daba un poco de agua al gaznate. Lejos de la broma, aquello se mostraba como ejemplo de resiliencia, un breve descanso de la sempiterna criatura hambrienta del amor y la energía del público. Frenzy de su último álbum sonó a la altura de moderno clásico. El ambiente en las primeras y centrales filas era bueno, tanto como para que un tipo se me echara encima rodeándome las caderas con sus piernas como si hubiera metido un gol, o una joven punk sin darme ni cuenta pegara un salto y se subiera a mis hombros. Anécdotas que derivan de un concierto notable alto a sobresaliente. La unión entre ‘L.A. Blues’ y ‘Nightclubbing’ funcionó perfectamente. Lo que me sorprendió es que recuperara ‘I’m Bored’ de esa joya que es New Values. Su versión new wave de ‘Real Wild Child’ fue tan inesperada como deseable. Dejó todo atado para decirnos adiós con su segundo recordatorio a The Idiot, ‘Funtime’. Cantó toda la letra y se retiró saludando por un lado del escenario, apareció por el otro para volver a despedirse caballerosamente. Mientras, la banda repetía el leit motiv y el público coreando el oooooh que nos había dejado de tarea Iggy y que se repite antes de dar por acabada la pieza.
Acabado Iggy, mi amigo y yo nos miramos incrédulos, espectadores de que todavía hay mucha vida en las viejas leyendas del punk o protopunk o como cojones queráis llamarlo. También nos damos cuenta que aunque nuestro espíritu sea punk, no somos los críos que alucinaban por vez primera con Stooges, New York Dolls, Richard Hell o Sex Pistols. El parte de guerra es claro. Mi amigo tiene el cuerpo lleno de moratones y yo, mientras escribo esto, me duelen partes del cuerpo que no sabía ni que existían. No os preocupéis, al rescate para hablar del resto que quedaba de cartel llega el incombustible Fernando.
IGNACIO REYO
Si tengo que expresar a qué suena en directo Kira Mac, perfectamente diría que es encontrarse a unos Down de Phil Anselmo apoderados por una prodigiosa voz femenina muy cercana en sus registros entre el soul y el country. Eso de participar en un Talen Show y pasarse al lado oscuro del metal le está viniendo bien. A pesar de que no llegue a la hora su actuación es energía un pedazo de banda rompiendo los esquemas del metal con sus potentes riff. La cantante se mostró muy cercana con el público y no creo que decepcionarse a nadie que asistiera a su recital.

Después nos acercamos al escenario grande y principal para terminar la noche. Era la hora de Wolfmother. Qué se puede decir que no esté dicho de ellos. Con nueva formación, Andrew Stockdale cambia de banda como yo de camiseta de mis grupos favoritos. El show se baso principalmente en repasar el primer disco homónimo. No lo toco íntegro pero casi. Sabe que ahí está su mejor baza, sus mejores canciones y por lo que aún lo llaman para actuar festivales. Ni siquiera repasa canciones de cada álbum, sólo un puñado como ‘Rock Out’, de su última referencia discográfica. Demasiados solos el trío, que podían haber aprovechado ese tiempo en más canciones.
FERNANDO RUÍZ
DOMINGO 20
La tarde de la última jornada la empezamos con Girlband!, una banda joven prometedora de tres chicas. Formación bajo, batería y guitarra. Recordaron a ese sonido RiotGirl de los años noventa, muy cercanas a L7, Hole, Veruca Salt e incluso algo The Breeders Cambiamos de escenario y nos encontramos con Warmduscher, grupo que ofrece un sonido muy cercano a bandas como Black Midi, Black Country New Road. La voz en cambio era muy parecida a Ian Dury. Sonaron muy potentes. Para mí no tienen nada que ver como suenan sus discos. En el escenario grande había tal expectación por Markus King, que fue prohibida el acceso de los fotógrafos al foso por orden del artista. Su sonido nos traslado a ese Nashville cruce de sonidos blues, country y soul. Estuvo bien acompañado de su banda habitual e hizo un sucinto repaso su discografía durante una hora aproximadamente. No dejó a nadie indiferente. Fantastic Negrito fue increíble. ¡Qué máquina! El espectáculo que montó era como si Prince se hubiese tragado a Jimi Hendrix. Un sonido perfecto, buena banda de acompañamiento, buen repaso a su carrera.

Ya va siendo la hora de terminar la noche. Es domingo y el lunes toca trabajar. Momento en el escenario grande y la hora del cabeza de cartel de hoy, The Black Keys. Con una introducción de batería y guitarra recordándonos su primera época, con sonido potente, no sabíamos por dónde iba ir su actuación. Después de la primera canción, aparece la banda al completo y va tomando forma la noche. Aunque tocan temas de casi todos sus discos se pasan más tiempo recordándonos lo importante que es El Camino. Cómo podíamos explicar a esas personas que por primera vez ven a los Black Keys, ya sean jovenzuelos o oportunistas de festivales, lo que es situarse en una cabaña al lado del Mississippi con una guitarra de blues y tus mejores amigos haciendo música de raíz americana. Todas las canciones que tocaron sonaron más distorsionadas y no por el sonido. Eso les hizo ser muy especiales. Para terminar la actuación como con su clásico ‘Lonely Boy’ y que no falte.
FERNANDO RUÍZ








