FECHA: 31 DE JULIO DE 2025
LUGAR: GRAN TEATRE DEL LICEU (BARCELONA)
PROMOTOR: LIVE NATION
Lo de Robert Plant en el Gran Teatre del Liceu fue una lección de integridad, elegancia y de cómo se puede abrazar el mito sin ser rehén de él. Mientras tantos otros viven atrapados en giras revival, repitiendo una y otra vez los mismos trucos de hace 40 años, Plant prefiere mirar hacia adelante, aunque sepa perfectamente de dónde viene. Y eso, a estas alturas, es un acto de dignidad artística.
Acompañado de Saving Grace, su actual banda junto a la espléndida Suzan Dian —cuya voz y su acordeón se complementan a la perfección con la suya—, Plant presentó un repertorio enraizado en el folk británico y americano, en el que mezcló temas tradicionales como ‘The Cuckoo’ con otros más contemporáneos como ‘Everybody’s Song’ de Low, estableciendo conexiones entre pasado y presente, pero esquivando los tópicos y en definitiva entregado a ese sonido de corte acústico que le motiva a día de hoy y que le permite hacer guiños a Neil Young (‘For The Turnstiles’) o Los Lobos (‘Angel Dance’) y que todo suene coherente. Se le vio feliz, relajado, con esa sonrisa cómplice de quien toca exactamente lo que quiere tocar. Porque si hay algo que agradecerle a Plant es que nunca ha vendido su alma por dinero. La siempre esperada reunión de Led Zeppelin nunca ha llegado porque simplemente no le interesa y eso es toda una rareza, e incluso excentricidad, en los tiempos que corren.
Eso no significa que reniegue de su legado. Todo lo contrario: lo honra a su manera. En Barcelona lo hizo con una emocionante ‘Friends’, con una ‘Ramble On’ envuelta en melancolía y, ‘Four Sticks, la mágica ‘The Rain Song’, y ya como cierre, con una juguetona ‘Gallows Pole’ donde se permitió jugar con algunos versos de ‘Black Dog’, ante el delirio de los presentes.
A sus 77 años, Plant sabe quién es y por qué la mayoría del público está ahí. No decepciona, pero tampoco se rinde a la nostalgia. Encuentra el punto justo entre leyenda y presente. Y lo hace en un formato donde su voz puede seguir brillando. Quizás su rango de voz ha disminuido un poco, pero su capacidad de emocionar sigue intacta.
El Liceu, que no llegó a llenarse del todo —algo que quizás no debería ocurrir, pero ya discutiremos los motivos en otro momento—, ofreció un entorno idílico para disfrutar del Plant actual. El dios del rock totalmente reconciliado con quien es y ha sido, huyendo de ser una parodia del cantante que era hace 50 años. No deja de ser un privilegio verlo tan auténtico y tan libre. «An extraordinary evening and an extraordinary response. What a fantastic way to end a European tour», escribía en sus redes al día siguiente. Solo espero que no sea mi última vez. Ni tampoco la tuya.
RICHARD ROYUELA








