FECHA: 17 DE OCTUBRE DE 2025
LUGAR: LA PALOMA (BARCELONA)
PROMOTOR: BLACK IZAR
«Qué jodido es cuando llega el futuro y nada es como esperabas» vino a decir Gorka Urbizu antes de tocar ‘Etorkizuna ginenean’ (‘Cuando fuimos el futuro’ en euskera). Pero qué bello también poder tener segundas oportunidades, despojarte de todos los artificios, de todas las cargas (auto)impuestas y volar libre, sin tener que rendir cuentas a nadie más que a ti mismo.
Y eso es precisamente lo que ha hecho el músico de Lekunberri. Y lo que vino a demostrar en el concierto con el que despedía en Catalunya la gira de Hasiera Bat en la sala de baile La Paloma. Un espacio del que destacó su «encanto arcaico» antes de rasgar los primeros acordes de ‘Lilura Bat’. Ese guiño —«Gero euriak lurra du ernaltzen / Berrituz nigan lilura arkaiko bat», rezan las estrofas de la canción— vino a dejar claro que ni en ese concierto ni la manera en que está gestionando su carrera en solitario hay nada dejado al azar, ni nada que no tenga una audaz vocación estética. Solo hacía falta ver el variado y cuidadísimo merchandising: había hasta camisetas con estética death metal con el mensaje ‘ibai ertzean utzi ditut ezpata eta ezkutua’, que cerraban el círculo ‘arcaico’.
Y es que cuando uno deja atrás una pesada losa y conecta consigo mismo, se toma un respiro de la vorágine que lo arrastraba durante años; aparecen el tiempo, el espacio y el silencio necesarios para reencontrarse. Precisamente entonces surge la sensibilidad y la creatividad fluye con mayor libertad; y la cabeza puede poner foco en cuidar hasta los detalles más pequeños (conozco demasiado bien esa sensación, créanme).
Por eso es maravilloso Hasiera Bat: porque logra conectar con la esencia de su autor. Es un disco que rezuma honestidad, cercanía y vulnerabilidad, pero también mucha luz y belleza. En directo, en cambio, el minimalismo del disco da un paso al lado para dejar sitio a lo superlativo: una formación que sobre el papel podría parecer excesiva, dota de músculo a todas las canciones, llevándolas a otro nivel.

Al frente, Gorka alternaba guitarras acústica y eléctrica junto a Amaia Miranda, que aportó color como guitarra acompañante —fabuloso fue el diálogo final en ‘Toki Bat’— y apoyó con sus coros como pudo. En la retaguardia, una base rítmica de relumbrón compuesta por el bajista Fernando Neira y los bateristas Karlos Arauzkegi y el gran Felix Buff, que también acompañó en algunos coros. Puede que lo de las dos baterías para un concierto de estas características parezca exagerado, tal vez un gesto esteta; incluso que sea un capricho de Gorka para homenajear a Lisabö. Pero lo cierto es que, en directo, los juegos entre ambos bateristas y sus personalidades imprimieron un nuevo empaque a los temas.
El concierto empezó en horario infantil, como recordó el propio Gorka, pero no pudo ser más acertado habida cuenta de la cantidad de público que no alcanzaba las dos cifras de edad. «¡Cuánto niño», exclamaba una chica apostada al lado del guardarropa. Y es que fue, verdaderamente, un ambiente muy familiar, muy goxo, que se dice en euskera. Lo cual no hizo sino aumentar esa sensación de confort y emoción en cada uno de los temas.
Esa sensación casi hogareña alcanzó su cénit con ‘Etxe Bat’, dejándonos la imagen más poética de la velada: Gorka, que llevaba todo el concierto hablando y presentando las canciones en catalán, tradujo algunas estrofas de la canción. Doy fe de que lo hizo envidiablemente bien —nivel B1 o B2, diría yo—, pero, como él mismo advirtió, traducir la poesía a otro idioma es como sacarle una foto a la luna y compartirla con tus amistades: el sublime espectáculo que presenciamos queda desfigurado hasta lo grotesco. Por fortuna, ahí estaba esa preciosa balada para hablar por sí misma —uno de los grandes hitos del disco, que estuvo a punto de quedarse fuera—, esa oda a la cotidianidad que despliega un río subterráneo lleno de emoción y preguntas sin responder (¿a dónde te llevaron esos billetes de avión, Gorka?). Cómo decir tanto con tan poco, como las grandes novelas de Carver, McCarthy o Monterroso.
Otro gran punto (a favor) del concierto fueron las pocas concesiones a su pasado con Berri Txarrak. Ya lo había advertido en la entrevista para el podcast de Rockzone: elegir las versiones con las que completar el minutaje del concierto le daba pereza; que ojalá ya tuviera grabadas veinte composiciones propias para no tener que rebuscar en el pasado. Así que solo fueron tres, y muy bien escogidas: ‘Helduleku Guztiak’ (con recuerdo a Palestina incluido), la más obvia ‘Maravillas’ (con un recadito a «las ratas que practicaron turismo fascista en Gasteiz» durante el 12 de octubre) y ‘Katedral Bat’.
Estas revisiones, junto con ‘Betazalak Eraunztean’ de Katamalo, fueron las únicas concesiones enunciadas en pretérito. Se olvidó incomprensiblemente de Peiremans+, máxime cuando sí venía interpretando ‘Send Flowers’. Una grave ausencia, aunque de algún modo compensada por el resto de versiones que interpretó: desde la sorpresiva ‘Más O Menos Bien’ (El Mató a un Policía Motorizado), el clasicazo ‘Hegal Egiten’ (Itoiz) o la revisitación de su colaboración en ‘Lisboa’, con la participación de su autora, la cantante iruindarra Anne Lukin.
Desde que sacó el disco, Gorka ha dejado claro que el pasado ya pasó, y que ‘por él nada que hacer’. Que la nostalgia no es lo suyo y que mirar atrás solo tiene sentido para dar las gracias.
‘Etorkizuna Ginenean’ @ BARCELONA
❤️🩹❤️🩹❤️🩹❤️🩹❤️🩹 pic.twitter.com/fpDa7L3lRY— Gorka Urbizu musika (@gorkaurbizubat) October 20, 2025
De hecho, el momento más ‘Berri’ del concierto llegó en la penúltima canción, con una versión hipertrofiada de ‘Toki Bat’ y un Gorka absolutamente desatado. Incluso tuvo que contenerse cuando notó que los 25 años de historia al frente de su exbanda se apoderaban de él, como si fueran un demonio que lo poseía y al que no quería dejar salir del todo. Como diciéndose a sí mismo: ‘ahora no toca esto’. Pero, ya se sabe, la cabra tira al monte. Y el público no pudo sino rendirse a sus pies ante un final tan vibrante.
No obstante, el momento que más impacto me causó fue otro: cuando decidió versionear a sus amados Leihotikan, esos grandes tapados del punk euskaldun.
«Erreza zirudien, ederra zirudien«. Gorka repetía las dos últimas estrofas de ‘Etorkizuna ginenean’, instando al público a ensayarlas antes de acometer en directo la canción que da título al que probablemente sea el mejor disco del histórico combo de Iruñea (producido por el propio Gorka, e injustamente pasado por alto por crítica y público) y en el que el de Lekunberri prestaba las voces. Luego la grabó para el single Bakan (I) —precedente del que registró en los míticos Abbey Road Studios y que se publicó recientemente—, donde su tocayo, cantante de la banda iruindarra, le devolvía el favor prestando las voces. Un cierre de ciclo con el que Gorka Urbizu les rinde el merecido homenaje y, de paso, esperemos, les genere la visibilidad que se merecen Leihotikan.
Y tras el calentamiento se alcanzó el cénit: con el público llevando a la banda en volandas, estribillos coreados dulcemente, la emoción en un puño, las guitarras prestas y las gargantas clarividentes; la canción marco el gran hito de la noche.
Curiosamente, erreza (fácil) y ederra (bello) guardan una gran similitud fonética euskera. Pero conjugarlas más allá de lo literario es otro cantar: ese que está reservado a artistas como Gorka Urbizu, que hacen que parezca fácil crear belleza. Y que lo hagan desde la cercanía y la amabilidad —«le invitaría a cenar a casa«, me dijo mi novia, que era la primera vez que lo veía en su vida— demuestra que hay mucha vida más allá de la impostura y los egos del musiquerío con ínfulas, tan habitual por estos lares.
Así que gracias y enhorabuena, Gorka. No dejes de recoger las ramas de la caja de tu aita para mantener viva la llama. Gora Gu ta gutarrak!
JON AGUIRRE SUCH









